| |
Cantos poéticos religiosos
PILAR ALVAREZ ARECES
llarinalvar95@hotmail.com
Hoy en día, cuando nos
referimos a ella, casi siempre están en nuestra imaginación
las Saetas que se cantan en la Semana Santa andaluza. Este cante,
que en su origen sería un rezo, una invocación
en voz alta dirigida a la Virgen o a Jesús, esto es, una
petición de auxilio o de alguna gracia, como cante ha
llegado a transformarse de tal modo que lo que en principio fue
una oración sin melodía se ha convertido en uno
de los cantes andaluces más bellos y sensibles.
Andrés Bernal Montesinos
Al hablar de la Saeta se suele decir "transformación",
y no "evolución", porque en efecto este cante
se transformó de la noche a la mañana, cuando fue
cantado con el estilo de la siguiriya o del martinete. Naturalmente
que las Saetas son más bellas y gustan más cantadas
de esta última forma, pero es que lo que ganan en hermosura
lo pierden en sencillez y espontaneidad. Hoy en día difícilmente
sale un humilde hombre o mujer del pueblo cantando Saetas al
paso de las procesiones en plena calle.
UN CANTE NO MUY FÁCIL
La Saeta se ha convertido en
un cante de muy difícil ejecución, cante difícil
de ejecutar por un aficionado. Las letras de Saetas que conocemos
evocan a un momento de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor
Jesucristo, del Dolor de la Virgen o bien de una de las Escenas.
Hay otras que son puros y simples piropos a la virgen o al Señor.
Esto último no nos tiene que sorprender, quien comprenda
la imaginación del pueblo andaluz y el modo en que este
pueblo intuye la Semana de Pasión.
Ni por dulce ni por buena
es comparable la miel
con tu dulzura morena,
si se compara la hiel
con lo amargo de tu pena.
No sabemos desde cuando se
empezó a cantar saetas ni cuando se cantan. Como los toros
y el baile flamenco, su historia es fechable sólo a partir
del último tercio del siglo XVIII, pero es lo más
probable que existiesen antes. No creemos, con Máximo
José Can, que la Saeta haya sido creación sin génesis
de los judíos españoles, llamados popularmente
"marranos". Creemos, por motivos que no es el caso
exponer aquí, que la Saeta es creación andaluza
y cristiana. Y que la Saeta es, pues, la genuina voz de nuestra
Semana Santa, con fases de crisis, con certísimas renovaciones,
con algún renacimiento, la Saeta cumple de más
la misión religiosa de renovar ampliamente la conciencia
cristiano de la Pasión.
LAS PROCESIONES
El corpus de letras está
por recoger. Cada año nacen saetas nuevas, son variaciones
del mismo o de los mismos temas. Hay, pues, muchas clases de
Saetas, pero entre todas, sólo una es autónoma
y presenta caracteres propios. Es la Casi perdida Saeta que cantaron
El Niño Gloria, su hermana La Pompi, el genial Manuel
Torre... La que cantan muy pocos, pero también cuenta
con grandes maestros, como la que cantaba Antonio Mairena y hoy
su hermano menor Manolo.
La Saeta puede llegar al rango
de consumada obra de arte, pero en su calidad de espontánea
oración cantada ante una imagen que pasa procesionalmente.
Esa calidad no es imprescindible, aunque constituye una excelencia.
Una Saeta mal cantada, o dicha con pobre voz pero sincero sentimiento
nos conmueve también y cumple su misión saetera
de herirnos el corazón con su dardo religioso.
Cristo, de Gracia te pido
que vuelva la cara atrás,
que a los ciegos le dé vista
y a los presos libertad.
LOS CUARTETOS ROMANCEADOS
Una cuarteta o un quinteto
romanceado es la estrofa que normalmente se utiliza en la Saeta,
amén de muchas clases, desde las primitivas, ya perdidas,
con entonaciones graves y monótonas del siglo XVIII, a
las más modernas del último tercio del XIX, creadas
al alargarse los tercios, que desde entonces se acomoda al ritmo
de tambores y trompetas, incremento que le dan esplendor por
las ricas tonalidades, no exentas de aire, en el caso de la siguiriya,
el martinete o tonás, como las que canta Manuel Centeno,
cantaor potente que parece ser que fue uno de los primeros creadores.
Al igual que en otros cantes,
también encontramos en la Saeta estilos que se van a diferenciar,
según pertenezcan a la escuela jerezana, más siguriyera,
o a la sevillana, tal vez con más ecos de toná.
Sin descartar a estos estilos, otras localidades saeteras poseen,
y así se podría hablar de la Saeta de Málaga,
la de Cádiz y sus Puertos, o la de los pueblos de la Sierra
de Córdoba.
Ejemplo de una Saeta sevillana
es la siguiente:
Que redoblen los tambores
y las trompetas muy despacio.
Contemplemos al Gran Poder,
va caminando despacio.
Fijarse, gitanos, en él.
De la Saeta jerezana encontramos
un ejemplo en:
Por una montaña oscura
va caminando mi Jesús,
y como la noche estaba oscura,
Judas llevaba la luz.
Cantaores y cantaoras
Como nos dice en su Obra Flamenca
Ricardo Molina, la Saeta es la genuina voz de nuestra Semana
Santa, naciendo cada año nuevas modalidades, a la par
que infinidad de letras, todas alusivas a estos temas propios
de la Semana Santa y al sentimiento religioso de nuestra gente,
dándose el caso que siendo un cante sumamente difícil
de interpretar, son numerosísimos los cantaores y cantaoras
anónimos los que salen a la calle a implorar a su Dios
y a su Virgen, interpretando Saetas con letras por ellos mismos
realizadas o las de algunos de los buenos saeteros que el flamenco
tiene o ha tenido, como el caso de Pinto, Enrique El Morcilla,
Tomás Pavón, Gallego, La Niña de Los Peines,
Rafael Romero, La Niña de La Alfalfa, La Paquera de Jerez,
Jarrito, Manolo Caracol y tantos otros que han hecho Historia.
Algunas muestras del arte
saetero:
Jesús que vas "ataíto"
con cordeles y desnudo,
dame un granito de fe,
para comprender el mundo.
Tú que penas, tú que sufres,
Virgen de la Soledad,
te pido para mis males
pan, trabajo y libertad.
"Atormentao" y sin culpa
te llevan en una cruz.
Lo mismito trata el amo
|
|