"Una
noche de Luna"
Oswaldo Rivera V.
Carlos Chávez Bucheli,
quiteño, de Santa Prisca (1895), descediente de familia
de músicos, estudió en el Conservatorio Nacional
de Música y fue autor de himnos, marchas, aires populares.
Con letra y música creó el Himno "Naciones
Unidas" por lo que fue reconocido por el presidente de los
EE.UU., Franklin Delano Roosvelt (1942). Dominó el clarinete
y otros instrumentos y fue cantante con la voz de tenor.
Con relación al himno
"Naciones Unidas", el Departamento de Estados del país
del norte ordenó enviarlo al Centro Internacional de Música
de la Unión Panamericana para su divulgación llegando
al corazón de los países americanos.
Entre los pasillo que llevan
su letra y música, constan: "Una noche de luna",
"Ecuador Amazónico", "Nelly", "Ausencia",
"Sirena Marina", "Pasión Inmortal",
"Optimismo", "Mercedes", "Has matado
una ilusión", "Quién sabe" y otros
de especial jerarquía.
Estas composiciones elevan
la personalidad de Carlos Chávez dentro del magisterio
musical, las direcciones de bandas en varias provincias y las
interpretaciones que demuestran profundos conocimientos de música
y los cauces sentimentales consagradas a la Patria a través
de convicciones entrañables.
El pasillo "Una noche
de luna" es el que más ha trascendido dentro y fuera
del país. Trata de un cuadro nocturno de serenata donde
la música se extiende con luz de luna y lúgubres
cantares al pie del balcón. Pide a su amada no olvidar
los tiernos juramentos que le hizo en sus brazos: "los besos
y las lágrimas son negros pensamientos, por eso soy tan
pálido, por eso vino triste".
Añade un contenido patrio
en la letra y que tiene relación con el 9 de Octubre,
al exaltar al río Guayas, a la ciudad de Guayaquil, a
la mujer guayaquileña y a los sitios históricos
más importantes. Geografía, y sentimientos poéticos
y generosidad develan perfiles sugestivos de marinas pulsaciones,
alineados al compás de la sensibilidad musical.
Seis estrofas hechas cuartetos
de 14 sílabas, rima consonante, aprisionan el aire de
ternura poética. La idea central de la serenata balancea
a la alegría con el frío nocturno Las reacciones
reciben la luz de la luna como elemento soñoliento y vuelo
imaginario sobre la base de los recursos literarios y el afán
de consignar el alma mediante las notas musicales.
Las figuras literarias en el
poema son los epítetos que dan consistencia al tema del
pasillo: "soñolienta mi guitarra", "lúgubres
cantares", "frases trémulas", "tiernos
juramentos" La metáfora determina la sensibilidad
gris: "mis sos y mis lágrimas son negros pensamientos,/
por eso estoy tan pálido, por eso vivo triste". En
los mismos versos la repetición vigoriza los centros de
atención.
Otra de las figuras que alientas
estéticamente es la prosopopeya: "solo hay un fiel
testigo: la Plaza Centenario". La optación se desprende
y aviva los anhelos del alma: "al pie de tus vergeles/ soñolienta
mi guitarra/ te enviaba en frases trémulas mis lúgubres
cantares".
Así se inicia el cuadro
nocturno que sintetiza la serenata en concretas direcciones al
conciliar la temática y las formas poéticas: "Una
noche de luna taciturno te miraba/ y en tus ojos mitigaba mis
pesares;/ al pie de tus vergeles, soñolienta mi guitarra/
te enviaba en frases trémulas mis lúgubres cantares".
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