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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Sandra Bonilla, una cantautora con alma de trovadora

"Crear y cantar es la manera de gritarle al mundo que existo. Cuando abandone este cuerpo y este mundo no quiero que mi imgen se quede como un fantasma, sino como una energía que trascienda el recuerdo, que signifique luz para mis semejantes"

¿Qué es el trovador? ¿No es aquel juglar que va de sitio en sitio contando historias de amores, circunstancias y re- beldías?

Pues, Sandra Bonilla es una Trovadora. "Me gusta sentirme trovadora", dice la artista, con una encantadora sonrisa. "Voy con mi guitarra de aquí para allá, y donde me quieren oir, ahí convierto al mundo en escenario".

EL MUNDO ES MI ESCENARIO

Sandra es cantautora. Sus composiciones han sido escuchadas en elegantes salas de concierto en Brasil, Colombia, Cuba, Estados Unidos, Perú, Venezuela; pero, sus atalayas no se limitan a escenarios sofisticados, ella ha contado sus historias melódicas en espacios culturales públicos, teatros populares, plazas... "yo creo mi escenario en cualquier sitio. Si me ponen una silla en la que pueda estar de pies con mi guitarra, me basta: lo importante es mi público", dice la cantautora.

UNA PRESENCIA EXQUISITA

Y no lo dudamos. La presencia escénica de Sandra Bonilla garantiza que cualquier tablado se convierta en plataforma de un gran espectáculo, pues a su gran talento se le suma una exquisita belleza física.

Sandra, en sus recitales interpreta exclusivamente creaciones suyas, que recorren múltiples géneros y tendencias, desde el pasillo hasta el rock clásico, pasando por la bomba, el chuntunqui (boliviano), danzante, bolero, balada, e incluso el 'tex mex', y, por supuesto, la trova y el "new age"; y a todos ellos les pone su sello personal: un refinado toque aristocrático.

HACIENDO CAMINO

Sandra nació en Baños -Tungurahua-, no permaneció ahí mucho tiempo, pero ama con una apasionada intensidad esa ciudad. "Es un privilegio haber visto la primera luz en un lugar tan hermoso y mágico", dice Sandra refiriéndose a su patria chica. Y de su Patria grande es fanática enamorada: "Conozco todo el Ecuador, adoro a todo el Ecuador; de hecho, no existe escenario en el país que no haya pisado. Amo a mi gente y a mi tierra".

Sandra empezó muy jovencita su transitar por las duras batallas de la composición y el canto, en el año 85. Ella nos cuenta que todo empezó una noche, en que se amanecieron cantando con un grupo de maestros e intelectuales de la Casa de la Cultura, núcleo del Tungurahua (entonces vivía en Latacunga). "Los artistas ahí reunidos lucieron su galas intelectuales y talentos. Yo, con mucho recelo, canté dos composiciones mías. Para mi sorpresa todos quedaron encantados. De esa manera, casi sin saber como, a poco tiempo estaba dando mi primer concierto, estimulada y apadrinada por los intelectuales de la Casa de la Cultura. Así, pues, en Latacunga nací como artista".

LA BARRICADA

En aquel entonces la música, al igual que las demás artes, se desbordaba por los derroteros de la rebeldía contra la injusticia, la inequidad y el despotismo. La voz de Sandra Bonilla y su guitarra le cantaron a los anhelos libertarios, se enfrentó cara a cara con las prepotencias del sistema. Entonces, junto a miles de idealistas y "utopistas" de todo el mundo, ganó la batalla de las barricadas, logró esa victoria que tumbó el oscurantismo de la segunda mitad del siglo XX y permitió más justicia al mundo actual.

LAS OTRAS LUCHAS

Ahora, Sandra sigue su cruzada por las causas justas y contra los "entuertos" sociales, pero su canto es ahora más sutil, y a la vez más certero. "Ahora me doy tiempo para cantarle al viento, al cielo, al amor...".

La artista es muy crítica ante el abandono en que se encuentra el artista nacional "y no solo en lo que al estado se refiere", nos aclara. "Las instancias culturales, las empresas privadas del ramo, los medios de comunicación, no han asumido el papel que les corresponde como agentes y promotores de la cultura ecuatoriana, para que sea proyectada al mundo entero", enfatiza Sandra.

MEMORIAS

Sandra recuerda con mucho cariño los momentos lindos de su carrera, y con no menor entuisiasmo rememora los episodios duros "que son los que fortalecen el carácter", reflexiona la cantautora.

Hace memoria sobre su cruzada para relievar los talentos nacionales en Ambato, junto con Marcelo Cisneros, su hermana Judy, y otras personas. "Nos reuníamos en 'El Charrúa' -un restaurante- y allí lanzábamos al mundo ¡en vivo!, 'La Noche del Creador' (se refería a creadores artísticos, no era alusión religiosa como muchos creían -nos alclara Sandra-). Nos llamábamos el 'Grupo Éxtasis'. ahí reuníamos a creadores artísticos: músicos, pintores escultores, y todas las expresiones culturales".

La artista insiste en nombrar a quienes han sido sus mecenas: el ingeniero Fernando Navarro y su esposa doña Serena Pérez, quienes han hecho posible sus viajes al exterior, donde ha dado recitales. Y a Celular Power que ha hecho posibles sus producciones.

Es mucho lo que se queda en el tintero alrededor de esta artista ecuatoriana, pero ya le harán justicia otros espacios culturales y los medios de comunicación en general.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador