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Sandra Bonilla, una cantautora con alma de trovadora
"Crear y cantar es
la manera de gritarle al mundo que existo. Cuando abandone este
cuerpo y este mundo no quiero que mi imgen se quede como un fantasma,
sino como una energía que trascienda el recuerdo, que
signifique luz para mis semejantes"
¿Qué es el trovador?
¿No es aquel juglar que va de sitio en sitio contando
historias de amores, circunstancias y re- beldías?
Pues, Sandra Bonilla es una
Trovadora. "Me gusta sentirme trovadora", dice la artista,
con una encantadora sonrisa. "Voy con mi guitarra de aquí
para allá, y donde me quieren oir, ahí convierto
al mundo en escenario".
EL MUNDO ES MI ESCENARIO
Sandra es cantautora. Sus composiciones
han sido escuchadas en elegantes salas de concierto en Brasil,
Colombia, Cuba, Estados Unidos, Perú, Venezuela; pero,
sus atalayas no se limitan a escenarios sofisticados, ella ha
contado sus historias melódicas en espacios culturales
públicos, teatros populares, plazas... "yo creo mi
escenario en cualquier sitio. Si me ponen una silla en la que
pueda estar de pies con mi guitarra, me basta: lo importante
es mi público", dice la cantautora.
UNA PRESENCIA EXQUISITA
Y no lo dudamos. La presencia
escénica de Sandra Bonilla garantiza que cualquier tablado
se convierta en plataforma de un gran espectáculo, pues
a su gran talento se le suma una exquisita belleza física.
Sandra, en sus recitales interpreta
exclusivamente creaciones suyas, que recorren múltiples
géneros y tendencias, desde el pasillo hasta el rock clásico,
pasando por la bomba, el chuntunqui (boliviano), danzante, bolero,
balada, e incluso el 'tex mex', y, por supuesto, la trova y el
"new age"; y a todos ellos les pone su sello personal:
un refinado toque aristocrático.
HACIENDO CAMINO
Sandra nació en Baños
-Tungurahua-, no permaneció ahí mucho tiempo, pero
ama con una apasionada intensidad esa ciudad. "Es un privilegio
haber visto la primera luz en un lugar tan hermoso y mágico",
dice Sandra refiriéndose a su patria chica. Y de su Patria
grande es fanática enamorada: "Conozco todo el Ecuador,
adoro a todo el Ecuador; de hecho, no existe escenario en el
país que no haya pisado. Amo a mi gente y a mi tierra".
Sandra empezó muy jovencita
su transitar por las duras batallas de la composición
y el canto, en el año 85. Ella nos cuenta que todo empezó
una noche, en que se amanecieron cantando con un grupo de maestros
e intelectuales de la Casa de la Cultura, núcleo del Tungurahua
(entonces vivía en Latacunga). "Los artistas ahí
reunidos lucieron su galas intelectuales y talentos. Yo, con
mucho recelo, canté dos composiciones mías. Para
mi sorpresa todos quedaron encantados. De esa manera, casi sin
saber como, a poco tiempo estaba dando mi primer concierto, estimulada
y apadrinada por los intelectuales de la Casa de la Cultura.
Así, pues, en Latacunga nací como artista".
LA BARRICADA
En aquel entonces la música,
al igual que las demás artes, se desbordaba por los derroteros
de la rebeldía contra la injusticia, la inequidad y el
despotismo. La voz de Sandra Bonilla y su guitarra le cantaron
a los anhelos libertarios, se enfrentó cara a cara con
las prepotencias del sistema. Entonces, junto a miles de idealistas
y "utopistas" de todo el mundo, ganó la batalla
de las barricadas, logró esa victoria que tumbó
el oscurantismo de la segunda mitad del siglo XX y permitió
más justicia al mundo actual.
LAS OTRAS LUCHAS
Ahora, Sandra sigue su cruzada
por las causas justas y contra los "entuertos" sociales,
pero su canto es ahora más sutil, y a la vez más
certero. "Ahora me doy tiempo para cantarle al viento, al
cielo, al amor...".
La artista es muy crítica
ante el abandono en que se encuentra el artista nacional "y
no solo en lo que al estado se refiere", nos aclara. "Las
instancias culturales, las empresas privadas del ramo, los medios
de comunicación, no han asumido el papel que les corresponde
como agentes y promotores de la cultura ecuatoriana, para que
sea proyectada al mundo entero", enfatiza Sandra.
MEMORIAS
Sandra recuerda con mucho cariño
los momentos lindos de su carrera, y con no menor entuisiasmo
rememora los episodios duros "que son los que fortalecen
el carácter", reflexiona la cantautora.
Hace memoria sobre su cruzada
para relievar los talentos nacionales en Ambato, junto con Marcelo
Cisneros, su hermana Judy, y otras personas. "Nos reuníamos
en 'El Charrúa' -un restaurante- y allí lanzábamos
al mundo ¡en vivo!, 'La Noche del Creador' (se refería
a creadores artísticos, no era alusión religiosa
como muchos creían -nos alclara Sandra-). Nos llamábamos
el 'Grupo Éxtasis'. ahí reuníamos a creadores
artísticos: músicos, pintores escultores, y todas
las expresiones culturales".
La artista insiste en nombrar
a quienes han sido sus mecenas: el ingeniero Fernando Navarro
y su esposa doña Serena Pérez, quienes han hecho
posible sus viajes al exterior, donde ha dado recitales. Y a
Celular Power que ha hecho posibles sus producciones.
Es mucho lo que se queda en
el tintero alrededor de esta artista ecuatoriana, pero ya le
harán justicia otros espacios culturales y los medios
de comunicación en general.
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