"Ojos Verdes": Amado Nervo en el Pasillo
Oswaldo Rivera V.
"Ya sois yertas, /
manos plácidas y expertas; / largas manos de marfil, /
ya estáis yertas, ya sois idos. / ojos glaucos y dormidos
/ de
narcótico sutil".
El pasillo "Ojos Verdes"
es uno de los más clásicos del pentagrama musical
ecuatoriano. Su palpitante ritmo y optimismo amoroso, traduce
el acento temporal de vivencias íntimas. La letra pertenece
al poeta mexicano Amado Nervo que incursionó en el movimiento
literario modernista americano y su sentimiento poético
conmovió por sus obras "Los Jardines Interiores",
"El Estanque de los Lotos", "La Amada Inmóvil"
y otras creadas con delicadeza, símbolos y recursos literarios
que mueven la intuición y las facultades subconscientes.
La música corresponde
al famoso compositor imbabureño José Ignacio Canelos,
quien desde los seis años dio muestras de ingenio musical.
Se graduó en el Conservatorio Nacional de Música,
compuso aires populares y pasillos inmortales. Fue maestro de
especiales condiciones que dieron forma sensible al contenido
humano y a la jerarquía de las cosas.
Amado Nervo en su poema "Ojos
Verdes" profundiza en el amor, en las miradas arrullantes
que encienden verdes mares, en las manos expertas para las caricias
y en los ojos dormidos de narcótico sutil. El amor los
siente idos, pero dejan vacíos inmensos, solo el recuerdo
asimila la luz de los ojos y la mirada profunda. El tema responde
a unos ojos verdes estableciendo equilibrios y expresiones que
nacen y se desarrollan en la intimidad del poeta.
El asunto condensa a las manos
acariciadoras, a los labios cual "urnas de delicias",
a los senos para soñar. Los ojos -verdes mares- son dimensión
infinita de belleza cubierta de tropologías sumergidas
en el oleaje interior del ser humano como queriendo disolver
la realidad de aquellos ojos verdes que copian la esencia del
agua para vestirse de esperanza y sentir después los crepúsculos
desnudos entre las olas.
El poeta canta a unos "Ojos
verdes" en tres estrofas de seis versos de ocho sílabas
cada una, rima consonante y ritmo sensible a las delicadas formas
del amor, expresando con ardor literario: "Ojos glaucos
verdes mares / verdes mares de cristal"; aquí la
repetición robustece las miradas con anhelos engendradores
de pasión. Ojos solemnes como el mar que miran a los luceros
ahogados mientras los bajeles a contraluz admiran la contorsión
de los peces.
El poema "Ojos Verdes"
da a cada palabra y contexto, valor estético y matiz metafórico,
fuerza sensual, vistosidad en el esfuerzo amoroso y en las imágenes
sensitivas. En este respecto, leemos: "Ojos glaucos y dormidos
/ de narcótico sutil".
Las metáforas y perífrasis
ennoblecen el lenguaje poético exornado de ascendencia
barroca con impactos verbales oportunos: "Labios, urnas
de delicia, / senos para todos los soñares / ojos glaucos
verdes mares de marfil". Poesía breve, unida por
lógica y sentimiento: "Mano experta en las caricias,
/ labios urnas de delicias". en la repetición de
la palabra cabecita, la ternura se extiende concircundante con
transparencia y aire de sinécdoque.
Las ideas poéticas y
los recursos literarios, sobre bases elípticas fluidez
condensada, enriquecen a la letra del pasillo. El amor cruza
en medio del contenido semántico y fonético, confortado
de lejanías, ausencias, muerte con sonido de mar y nave
de ondulado paso.
En este contexto, el poeta
enfatiza: "Ya sois yertas, / manos plácidas y expertas;
/ largas manos de marfil, / ya estáis yertas, ya sois
idos. / ojos glaucos y dormidos / de narcótico sutil".
Tal vez de onda en onda la garza siente la mirada de los ojos
verdes y llena "el vacío inmenso, / tan inmenso en
derredor".
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