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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

"Carnaval de la Vida"

El pasillo "Carnaval de la vida", letra de Antonio Plaza y música de Mercedes Silva ha impactado y sigue impactando el corazón de los ecuatorianos, no solo por la concepción de la vida y la muerte, sino por el barro perecedero que va moldeándose a la dura existencia.

La vida sigue entre sombras, luces e indiferencias "sin creer en nada y sin amar a nadie". No arde el optimismo, la existencia vegetativa produce dolor, se pierde la esperanza, se ríe de la ira hasta cuando apreciamos el carnaval necio que aspira a ser consuelo de la muerte.

El poeta Antonio Plaza impresiona con el tema desolado y la esperanza perdida. Se remueve el alma para dar forma poética a la idea y el camino grave de la vidas despierta convulsión, arrepentimiento y resignación. La vida no tiene objeto, hay una confesión alarmante de dolor a causa del medio. Se diría que desde el más alto peñasco el ser busca sobre el mar apagar su vida.

El poeta impugna, lastima y excava los sufrimientos y desencantos relatando el dolor y analizando la vida incomprendida en medio del rosal y las espinas. Aviva el espíritu dilatándose en intensas presiones para anunciar la soberbia y las claudicaciones. Y vegetando vive con sandalias de brumas y holocaustos.

Con la utilización de las figuras literarias el fondo adquiere contrastes, hurga la desesperación valiéndose de tres cuartetos de 11 sílabas cada verso, rima consonante y figuras literarias como la paradoja: "entre las sombras vegetando vivo, / sin que una luz entre mis ojos raye". El poeta apostróficamente y sin poder abrir el corazón a la esperanza afirma: "Ya sin amores y con la fe extinguida, / me río de la ira de mi suerte".

El poeta en la última estrofa, a través de la figura execración, traduce mascaradas, burlas y farsas de la vida, que hacen amargo el amor, al exclamar: "Qué carnaval más necio el de la vida / que consuelo más dulce el de la muerte". Líneas envueltas en soledad y misterio.

Así, Antonio Plaza, de espíritu atormentado, siente la angustia cuando el astro apaga su luz y la vida abandona la esperanza. Rara imaginación que pone de pie a la angustia para echarla a andar entre impulsos y acordes musicales, obedeciendo a los recónditos desbordamientos inagotables de la vida.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador