"Carnaval de la Vida"
El pasillo "Carnaval de
la vida", letra de Antonio Plaza y música de Mercedes
Silva ha impactado y sigue impactando el corazón de los
ecuatorianos, no solo por la concepción de la vida y la
muerte, sino por el barro perecedero que va moldeándose
a la dura existencia.
La vida sigue entre sombras,
luces e indiferencias "sin creer en nada y sin amar a nadie".
No arde el optimismo, la existencia vegetativa produce dolor,
se pierde la esperanza, se ríe de la ira hasta cuando
apreciamos el carnaval necio que aspira a ser consuelo de la
muerte.
El poeta Antonio Plaza impresiona
con el tema desolado y la esperanza perdida. Se remueve el alma
para dar forma poética a la idea y el camino grave de
la vidas despierta convulsión, arrepentimiento y resignación.
La vida no tiene objeto, hay una confesión alarmante de
dolor a causa del medio. Se diría que desde el más
alto peñasco el ser busca sobre el mar apagar su vida.
El poeta impugna, lastima y
excava los sufrimientos y desencantos relatando el dolor y analizando
la vida incomprendida en medio del rosal y las espinas. Aviva
el espíritu dilatándose en intensas presiones para
anunciar la soberbia y las claudicaciones. Y vegetando vive con
sandalias de brumas y holocaustos.
Con la utilización de
las figuras literarias el fondo adquiere contrastes, hurga la
desesperación valiéndose de tres cuartetos de 11
sílabas cada verso, rima consonante y figuras literarias
como la paradoja: "entre las sombras vegetando vivo, / sin
que una luz entre mis ojos raye". El poeta apostróficamente
y sin poder abrir el corazón a la esperanza afirma: "Ya
sin amores y con la fe extinguida, / me río de la ira
de mi suerte".
El poeta en la última
estrofa, a través de la figura execración, traduce
mascaradas, burlas y farsas de la vida, que hacen amargo el amor,
al exclamar: "Qué carnaval más necio el de
la vida / que consuelo más dulce el de la muerte".
Líneas envueltas en soledad y misterio.
Así, Antonio Plaza,
de espíritu atormentado, siente la angustia cuando el
astro apaga su luz y la vida abandona la esperanza. Rara imaginación
que pone de pie a la angustia para echarla a andar entre impulsos
y acordes musicales, obedeciendo a los recónditos desbordamientos
inagotables de la vida.
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