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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Con su batería

Eddie Mejía dispuesto a conquistar el mundo

Aunque muchos no sepan de música sí conocen a Mejía el mejor baterista que tiene el Ecuador y esto no lo digo yo, sino sus discípulos, algunos de ellos hoy graduados en escuelas de categoría en el exterior.

Digo que conocen a Eddie, porque él fue quien inició el movimiento de los tamborileros en el mundo futbolístico ecuatoriano. Y el equipo con el que impuso esa moda fue Liga Deportiva Universitaria (LDU) por considerar que tenía poder no solo económico sino que contaba con el apoyo de Rodrigo Paz un baterista de convicción a quien la idea le pareció fantástica. Se llegó a contar hasta con 14 tambores y fue una estrategia increíble que acompañaba a cada movimiento que hacía el futbolista. Para cada barra había una canción diferente, una cadencia. La moda se extendió a otros clubes y aunque Eddie se desvinculó de Liga los tambores siguieron resonando en los estadios, porque el tambor, nos explica, es el que desde los tiempos de la guerra marca la cadencia de la batalla, la estrategia.

En la cancha ese compás da más espíritu, más furor al jugador que es apoyando por sus hinchas a través de la voz de los tambores.

¿Quién es Eddie Mejía?

Nieto de Sergio Mejía Aguirre, compositor del pasillo Negra mala, Eddie es el único en su familia que heredó la afición por la música a la que se dedicó desde los 7 años de edad. Nacido en Nueva York, pero con corazón ecuatoriano, sobre todo quiteño, durante su permanencia en Estados Unidos estudió lo que más pudo percusión, específicamente batería, alcanzando algunos campeonatos en ciertas categorías juveniles.

Al venir a Ecuador encontró que no había quien le enseñe, lo que le obligó a redoblar sus esfuerzos. Era el primer baterista del país que leía por nota, lo que le permitió hacer jingles comerciales (que suenan con la publicidad). La vida le llevaría nuevamente a Estados Unidos en donde se dedicó a tocar la batería en forma profesional, descuidando un poco los estudios. Regresa nuevamente a Ecuador y desde el 91 permanece por 10 años consecutivos desarrollando una carrera excelente y dedicado a la enseñanza en su propia academia.

Carrera contra el tiempo

Al cumplir los 41 años de vida decide retomar sus estudios y titularse como baterista. El reto no era fácil, pero la meta que se había propuesto le exigía obtener un título y ponerse al día musicalmente, y Ecuador no era el escenario propicio, porque su hambre y sed de conocimiento le impedían quedarse encerrado para el resto de sus días en este pequeño mundo.

En el 2001 retornó a Nueva York para estudiar. Al siguiente día de iniciar clases ocurrió el desastre de las Torres Gemelas, las vio caer y pensó que sus estudios se acababan ya que su escuela está a muy poca distancia del desastre. En una semana se restableció el orden y se reabrieron las clases.

Acaba de retornar a Ecuador apenas a pocos días de terminar el año en la "Drummer Collective" que está considerada como una de las mejores escuelas alternativas de música, porque permite a los estudiantes sacar su diploma, en un año, eso sí extremadamente intensivo.

Exigencia ante todo

"Drummer Collective" es una escuela especializada solo en batería y eso era precisamente lo que necesitaba. Como escuela alternativa, evita la pérdida del tiempo, pero pone énfasis en la batería y cualquier instrumento que se escoja para la armonía ya sea el violín o piano. No descuida la parte teórica, pero sí se da énfasis al entrenamiento auditivo que es la base para que uno entienda como ve el pianista al baterista, como se comunican entre ellos, porque el baterista tiene que entender en qué punto tiene al pianista o cualquier músico melódico, porque la batería es rítmica.

Según las últimas tendencias la batería ya no es solo rítmica sino melódica, tiene notas y se puede orquestar. A través de la batería se puede contar una historia, se puede hacer una canción solo con la batería, pero eso ya depende como el baterista o el músico haga llegar o sentir al público al que le está contando una historia, no solo un par de palos golpeando por dondequiera.

Fue un año intensivo, cuenta Eddie, los siete días a la semana, mínimo cuatro a seis horas, diarias. Todos los estudiantes de la escuela sabían más que yo. Ellos tenían de 17 a 20 años, la mitad de mi edad. Sabían mucha técnica, pienso que me quedé estancado, por eso, la decisión de no considerarme profesor de batería si no estoy al día, fue saludable. Considero que esto va no solo en mi caso sino para cualquier músico ecuatoriano, pues no debe quedarse estancado. Tiene que seguir y seguir aprendiendo porque la música es un arte que demanda horas de estudio y mucho más de tocar, tocar y tocar, porque se aprende tocando.

He crecido

Mi viaje a Nueva York, la capital cultural del mundo, musicalmente hablando, me permitió respirar el ambiente en el que están los mejores músicos, los mejores profesores, las mejores influencias musicales. Fue un enorme esfuerzo económico de mi parte y de mi familia.

He regresado, pero no hecho un monstruo, ¡no!, no se tiene idea de lo que es un monstruo hasta que uno lo ve.

Yo soy un microbio, pero ese microbio creció, ahora he acortado la distancia que me separa de los profesionales.

Lo que sí tengo es mucho más conocimiento, mucha más madurez musical.

Mejía permanecerá en el país posiblemente hasta diciembre, está comprometido a revisar el currículum de batería que se maneja en la Universidad San Francisco de Quito, luego retornará a Estados Unidos porque está dispuesto a hacer realidad su sueñ. Lo que más falta en mi vida es aplicar todos los conocimientos que tengo, quiero salir a los escenarios y si Dios quiere estaré en un grupo famoso y yo seré una persona. Ahí estará Eddie Mejía tocando con un grupo mundialmente conocido. Y aquí en Ecuador recordaremos que ese baterista famoso estuvo entre nosotros y que ha hecho realidad su "sueño de ser el primero aunque sea a esta edad". (lpe)

Maestro a cabalidad

Eddie Mejía es muy apreciado en el mundo de la música, no solo como ejecutante sino como maestro, es extremadamente exigente, además de entregar conocimientos demanda disciplina, y que sus alumnos aprendan primero a ser personas antes que músicos, filosofía que le ha permitido tener alumnos plenos y lindas personas.

Está satisfecho del trabajo que ha realizado, pues nadie se ha ido sin aprender, porque los alumnos no los ha escogido por la cantidad de dinero que puedan dejar en su beneficio, sino por la calidad de interés que los jóvenes o niños han demostrado por la batería.

Es difícil ser baterista

Sí, porque tienes cuatro extremidades diferentes y cada extremidad va a ser algo diferente y mientras esas extremidades están trabajando los ojos leyendo, los oídos están escuchando la boca está hablando o cantando la melodía. Hasta aquí hay que hacer seis cosas, sobre eso hay que poner el corazón en lo que se está haciendo, toda la capacidad mental, todo el espíritu. Por eso la batería es tan completa como el piano. Considero difícil ser pianista porque cada dedo hace algo diferente, además hay que leer, sentir, escuchar cómo hacen, por eso no digo que la batería es lo más difícil. Físicamente lo más exigente.

Sí hay afición

En Ecuador hay una gran afición por la batería, más que ningún otro instrumento. Yo soy el que comenzó ese movimiento. La semilla que planté aquí se ha hecho miles de árboles, hay más bateristas que cualquier otro instrumento en el país, profesionalmente hablando.

Entre sus alumnos exitosos está Danilo Arroyo quien asistió y se graduó en una de las mejores escuelas del mundo en Los Ángeles Music Academic y de quien se siente orgulloso. Con él compartió el seminario que sobre batería dictó en Quito a aficionados y músicos de todas las edades.

Entre los compromisos que ha asumido está el de regresar periódicamente a Ecuador con el propósito de compartir sus experiencias y conocimientos, porque un maestro actualizado puede guiar en mejor forma a sus alumnos.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador