Con
su batería
Eddie Mejía dispuesto
a conquistar el mundo
Aunque muchos no sepan de
música sí conocen a Mejía el mejor baterista
que tiene el Ecuador y esto no lo digo yo, sino sus discípulos,
algunos de ellos hoy graduados en escuelas de categoría
en el exterior.
Digo que conocen a Eddie, porque
él fue quien inició el movimiento de los tamborileros
en el mundo futbolístico ecuatoriano. Y el equipo con
el que impuso esa moda fue Liga Deportiva Universitaria (LDU)
por considerar que tenía poder no solo económico
sino que contaba con el apoyo de Rodrigo Paz un baterista de
convicción a quien la idea le pareció fantástica.
Se llegó a contar hasta con 14 tambores y fue una estrategia
increíble que acompañaba a cada movimiento que
hacía el futbolista. Para cada barra había una
canción diferente, una cadencia. La moda se extendió
a otros clubes y aunque Eddie se desvinculó de Liga los
tambores siguieron resonando en los estadios, porque el tambor,
nos explica, es el que desde los tiempos de la guerra marca la
cadencia de la batalla, la estrategia.
En la cancha ese compás
da más espíritu, más furor al jugador que
es apoyando por sus hinchas a través de la voz de los
tambores.
¿Quién es
Eddie Mejía?
Nieto de Sergio Mejía
Aguirre, compositor del pasillo Negra mala, Eddie es el único
en su familia que heredó la afición por la música
a la que se dedicó desde los 7 años de edad. Nacido
en Nueva York, pero con corazón ecuatoriano, sobre todo
quiteño, durante su permanencia en Estados Unidos estudió
lo que más pudo percusión, específicamente
batería, alcanzando algunos campeonatos en ciertas categorías
juveniles.
Al venir a Ecuador encontró
que no había quien le enseñe, lo que le obligó
a redoblar sus esfuerzos. Era el primer baterista del país
que leía por nota, lo que le permitió hacer jingles
comerciales (que suenan con la publicidad). La vida le llevaría
nuevamente a Estados Unidos en donde se dedicó a tocar
la batería en forma profesional, descuidando un poco los
estudios. Regresa nuevamente a Ecuador y desde el 91 permanece
por 10 años consecutivos desarrollando una carrera excelente
y dedicado a la enseñanza en su propia academia.
Carrera contra el tiempo
Al cumplir los 41 años
de vida decide retomar sus estudios y titularse como baterista.
El reto no era fácil, pero la meta que se había
propuesto le exigía obtener un título y ponerse
al día musicalmente, y Ecuador no era el escenario propicio,
porque su hambre y sed de conocimiento le impedían quedarse
encerrado para el resto de sus días en este pequeño
mundo.
En el 2001 retornó a
Nueva York para estudiar. Al siguiente día de iniciar
clases ocurrió el desastre de las Torres Gemelas, las
vio caer y pensó que sus estudios se acababan ya que su
escuela está a muy poca distancia del desastre. En una
semana se restableció el orden y se reabrieron las clases.
Acaba de retornar a Ecuador
apenas a pocos días de terminar el año en la "Drummer
Collective" que está considerada como una de las
mejores escuelas alternativas de música, porque permite
a los estudiantes sacar su diploma, en un año, eso sí
extremadamente intensivo.
Exigencia ante todo
"Drummer Collective"
es una escuela especializada solo en batería y eso era
precisamente lo que necesitaba. Como escuela alternativa, evita
la pérdida del tiempo, pero pone énfasis en la
batería y cualquier instrumento que se escoja para la
armonía ya sea el violín o piano. No descuida la
parte teórica, pero sí se da énfasis al
entrenamiento auditivo que es la base para que uno entienda como
ve el pianista al baterista, como se comunican entre ellos, porque
el baterista tiene que entender en qué punto tiene al
pianista o cualquier músico melódico, porque la
batería es rítmica.
Según las últimas
tendencias la batería ya no es solo rítmica sino
melódica, tiene notas y se puede orquestar. A través
de la batería se puede contar una historia, se puede hacer
una canción solo con la batería, pero eso ya depende
como el baterista o el músico haga llegar o sentir al
público al que le está contando una historia, no
solo un par de palos golpeando por dondequiera.
Fue un año intensivo,
cuenta Eddie, los siete días a la semana, mínimo
cuatro a seis horas, diarias. Todos los estudiantes de la escuela
sabían más que yo. Ellos tenían de 17 a
20 años, la mitad de mi edad. Sabían mucha técnica,
pienso que me quedé estancado, por eso, la decisión
de no considerarme profesor de batería si no estoy al
día, fue saludable. Considero que esto va no solo en mi
caso sino para cualquier músico ecuatoriano, pues no debe
quedarse estancado. Tiene que seguir y seguir aprendiendo porque
la música es un arte que demanda horas de estudio y mucho
más de tocar, tocar y tocar, porque se aprende tocando.
He crecido
Mi viaje a Nueva York, la capital
cultural del mundo, musicalmente hablando, me permitió
respirar el ambiente en el que están los mejores músicos,
los mejores profesores, las mejores influencias musicales. Fue
un enorme esfuerzo económico de mi parte y de mi familia.
He regresado, pero no hecho
un monstruo, ¡no!, no se tiene idea de lo que es un monstruo
hasta que uno lo ve.
Yo soy un microbio, pero ese
microbio creció, ahora he acortado la distancia que me
separa de los profesionales.
Lo que sí tengo es mucho
más conocimiento, mucha más madurez musical.
Mejía permanecerá
en el país posiblemente hasta diciembre, está comprometido
a revisar el currículum de batería que se maneja
en la Universidad San Francisco de Quito, luego retornará
a Estados Unidos porque está dispuesto a hacer realidad
su sueñ. Lo que más falta en mi vida es aplicar
todos los conocimientos que tengo, quiero salir a los escenarios
y si Dios quiere estaré en un grupo famoso y yo seré
una persona. Ahí estará Eddie Mejía tocando
con un grupo mundialmente conocido. Y aquí en Ecuador
recordaremos que ese baterista famoso estuvo entre nosotros y
que ha hecho realidad su "sueño de ser el primero
aunque sea a esta edad". (lpe)
Maestro a cabalidad
Eddie Mejía es muy apreciado
en el mundo de la música, no solo como ejecutante sino
como maestro, es extremadamente exigente, además de entregar
conocimientos demanda disciplina, y que sus alumnos aprendan
primero a ser personas antes que músicos, filosofía
que le ha permitido tener alumnos plenos y lindas personas.
Está satisfecho del
trabajo que ha realizado, pues nadie se ha ido sin aprender,
porque los alumnos no los ha escogido por la cantidad de dinero
que puedan dejar en su beneficio, sino por la calidad de interés
que los jóvenes o niños han demostrado por la batería.
Es difícil ser baterista
Sí, porque tienes cuatro
extremidades diferentes y cada extremidad va a ser algo diferente
y mientras esas extremidades están trabajando los ojos
leyendo, los oídos están escuchando la boca está
hablando o cantando la melodía. Hasta aquí hay
que hacer seis cosas, sobre eso hay que poner el corazón
en lo que se está haciendo, toda la capacidad mental,
todo el espíritu. Por eso la batería es tan completa
como el piano. Considero difícil ser pianista porque cada
dedo hace algo diferente, además hay que leer, sentir,
escuchar cómo hacen, por eso no digo que la batería
es lo más difícil. Físicamente lo más
exigente.
Sí hay afición
En Ecuador hay una gran afición
por la batería, más que ningún otro instrumento.
Yo soy el que comenzó ese movimiento. La semilla que planté
aquí se ha hecho miles de árboles, hay más
bateristas que cualquier otro instrumento en el país,
profesionalmente hablando.
Entre sus alumnos exitosos
está Danilo Arroyo quien asistió y se graduó
en una de las mejores escuelas del mundo en Los Ángeles
Music Academic y de quien se siente orgulloso. Con él
compartió el seminario que sobre batería dictó
en Quito a aficionados y músicos de todas las edades.
Entre los compromisos que ha
asumido está el de regresar periódicamente a Ecuador
con el propósito de compartir sus experiencias y conocimientos,
porque un maestro actualizado puede guiar en mejor forma a sus
alumnos.
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