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En Guatemala se "controlará"
al arte
Hace dos meses el Congreso
de la República de Guatemala, aprobó la ley 27-2002
que pretende controlar toda producción "obscena".
Para controlar la producción del arte, señala Rosina
Cazali Curadora y crítica de arte guatemalteca, se formará
una comisión de censura dependiente del Ministerio de
Cultura y Deportes.
La responsabilidad de dicha
comisión será revisar y calificar la "calidad
moral" de obras, exhibiciones, espectáculos, impresos,
fotografías, libros, etcétera. Quienes infrinjan
dicha ley o sean sorprendidos en delito serán sancionado
con pena de tres a nueve años de prisión y multa
de cien mil a doscientos mil quetzales. Es decir unos 12 mil
dólares, aproximadamente.
Pero, ¿quién
puede determinar qué es obsceno? ¿Dónde
comienzan sus límites? "Discutir la naturaleza y
el significado de la obscenidad es casi tan difícil como
hablar con Dios", escribió alguna vez Henry Miller.
Desde que la ley 27-2002 cobró
vigencia un grupo de artistas e intelectuales guatemaltecos han
presentado una acción de inconstitucionalidad ante la
Corte de Constitucionalidad, argumentando que ésta vulnera
lo derechos a la libre emisión del pensamiento, libre
acceso a la información, libertad de industria, comercio
u oficio, libre expresión creadora y el derecho a la cultura,
garantizados en los artículos 35, 43, 57 y 63 de la constitución
Política de Guatemala; así como de otros instrumentos
legales internacionales ratificados por el Estado de Guatemala.
Consideramos, señala
Cazali , que para la comisión la obscenidad es todo aquello
que no desea ver en manos de los grupos subalternos, de acuerdo
a su forma particular de entender el arte. La ley 27-2002 es
un acto hipócrita y de doble moral. Es inconstitucional
porque contradice a la ley fundamental, en lo que se refiere
a la libre emisión del pensamiento. En esa falla radica
la principal razón legal para defendernos de ese decreto
espurio que, lo único que pretende es crear el arma para
silenciar a artistas y escritores, y una mordaza a los medios
de comunicación.
Evidentemente la óptica
de esta nueva ley atiende a un moralismo oscurantista y anima
a una cacería de brujas. Nuestra preocupación son
los costos que pueda cobrar en un momento cuando la generación
más joven de artistas en Guatemala está abriéndose
paso hacia con gran inquietud creativa.
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