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Hugo
Oquendo, el de las etéreas manos
Hugo Oquendo ha recorrido el
mundo llevando el pendón patrio en ristre.
Él y su guitarra, él
y su poesía, él y su prosa elegante. Ha actuado
ante mandatarios, personajes célebres, incluso ante el
Sumo Pontífice romano.
Él recorre Europa dando
conciertos mágicos, dejando abismados a sus públicos
con los místicos efectos arrancados a su guitarra.
Múltiples instancias
sociales extranjeras lo han hecho socio honorario.
Pero, aquel dicho que recorre
el mundo desde milenios se cumple en él: "nadie es
profeta en su propia tierra". Y así ha sido, Ecuador
-su país-, Quito su ciudad-, sus compatriotas, sus
conciudadanos, no le han dado el homenaje que se merece.
Sin embargo, el presidente
Gustavo Noboa, en reconocimiento a su labor de embajador artístico
del Ecuador, lo condecoró en el grado de 'Caballero',
en el marco de las pasadas fiestas de Guayaquil.
Días atrás, el
maestro Oquendo fue condecorado por el Congreso Nacional (la
prensa nacional no cubrió el evento).
El discurso de orden lo dio
Juan Méndez Castillo, brillante joven intelectual, con
un asensiblidad extra;a en este siglo de Dios.
Nadie podía haber dicho
de mejor manera lo que es el Maestro Oquendo y lo que significa
para él Ecuador y el mundo su arte.
"En esta época,
en que la árida mecanización de la vida, la grave
decadencia de la moral, la inautenticidad del arte, se han impregnado
en una estampa de tormentas bélicas y políticas,
nos seguimos preguntando ¿cuál es el sentido de
la vida del hombre y por qué? A pesar de los avances culturales
y científicos, el entorno en el que vivimos cada día
nos muestra símbolos que se abisman entre uno y otro universo.
La incomunicación, el
culto a sí mismo, la reverencia a los dioses de la televisión,
el trabajo deshumanizado, el imperio de la máquina sobre
el ser, el sometimiento y la masificación, el creciente
feroz y el vértigo apocalíptico, en el que toda
posibilidad de diálogo desaparece.
En verdad esta dura realidad
es una desoladora confusión, pero dentro de este contexto
existe el espíritu del hombre, el hombre que es un destello
de la divinidad y que se cristaliza, principalmente en algunos
seres empecinados en defender el humanismo más auténtico,
estos son los héroes, santos y artistas, que en sus vidas
y en sus obras alcanzan pedazos del absoluto y que defendiendo
lso valores más auténticos del ser humano, hacen
de la filosofía, la poesía y la música una
misma manifestación de la excelsitud divina del Hombre.
Dentro de este contexto las
destrezas artísticas de Hugo Oquendo se iban estructurando
en antiguas fuerzas, esculpidas en el tiempo y el espacio, las
cuales preparaban lalquimia que le permitiría plasmar,
al maestro Hugo Oquendo, sus obras mismas que estructuraban egregiamente
a través de su guitarra, una catedral de arpegios, ritmos
y melodías, que no demuestran más que la esencia
por difundir con su arte el orden y el caos, lo apolíneo
y lo dionisíaco, y la verdadera Patria del hombre que
subyugó a Platón en el 'topos uranos".
Al genio indómito de
sus etéreas manos se suma lo que los sicólogos
sociales llaman la constitución sicológica del
ser humano, que es el producto de las leyes atávicas estructuradas
por su Patria, el Ecuador. Las mismas que le ponene el coraje
y el fuego indómito en la sangre para hacer de sus obras
la simbiosis autóctona, romántica y renacentista
estructurada a través de periplos ideales, inspirados
en una región intermedia y terrenal del alma.
El arte de hugo oquendo busca
sacralizr la exitencia ensombrecida por un amargo sentimiento
de lo absurdo, por eso sus piezas musicales son contrarias a
toda forma de secularización, buscando rescatar los ritos
milenarios, los relatos cosmogónicos con clara identidad
latinoamericana, sin sobrevalorar lo racional, para no logra
explicar, materializando más bien sus arpegios, esas entrañables
capcidades de la vida humana como son los afectos, la imaginación,
el instinto, la intuición para desarrollar al extremo
la insoportable levedad del ser, y buscar la unidad entre el
pensamiento mágico y el pensamiento lógico, buscando
el 'ethos' primigenio, que materialice la armonía del
hombre con el cosmos.
Pero Hugo oquendo principalmente
es un ser humano, que busca a través de su arte insoslayable
reconquistar la integridad inefable de la vida, en un tiempo
de crisis total, puede expresar la angustia yla desesperación
del hombre, ya que, a diferencia de todas las demás actividades
del pensamiento, es la única que capta la totalidad del
espíritu, especialmente en las grandes obras musicales
que logran adentrarse en los primeros principios y las últimas
causas del ser.
La creación es esa parte
del sentido que hemos conquistado en tensión y en comunión
con lo infinito.
Poruqe no hay nadie que haya
jamás escrito, pintado, esculpido, modelado, construido,
inventado, a no ser para salir de su infierno. Absoluta verdad
querido y admirado hugo, y que en tí se refleja magistralmente".
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