La literatura
en el Pasillo
El Beso, poema de vértigo
y sensualidad
Oswwaldo Rivera V.
La obra literaria y musical
del quiteño Ramón Moya Alzamora, es lección
laboriosa de creación sencilla y original. Descendió
al fondo de las actitudes humanas para cantar con optimismo los
problemas de la vida.
Desde niño cultivó
la música ( 5 años), dominó el piano, no
asistió a conservatorio alguno. Su vocación fue
especial y evolucionó con la técnica y el sentimiento
hacia regiones espirituales. Fue Director de la Lira Quiteña
y miembro de jurados en el campo musical.
A los 15 años compuso
el pasillo 'Ensueño', posteriormente escribió 'Lejanías',
'Ideal', 'Serenata de amor'. Los pasillos 'El beso', 'Ojeras',
'Tus ojos', tienen su letra y música. Compuso valses,
bambucos, marchas, albazos. En su personalidad inquieta se conjugan
aptitudes especiales desde aquella de escribir poesía
hasta componer música.
'El beso', en cuanto poesía,
comienza invocando a Dios que permitió querer a su amada
con piedad ingenua y al verse desprendido de su dulce boca, los
brotes del cielo le hacen olvidar lo terreno. El beso significa
para el poeta amor hecho vértigo del cielo, labios también
del cielo que los delirios toca, boca de fuego que calcina el
alma, miel del paraíso, flor de mayo que a su contacto
matan. Al fin, confiesa que Dios quiso que amándola "viviese
partido de los rayos/ los de la tempestad del cielo de sus labios.
Ramón Moya, cantor de
'El beso' en poesía y música, siente como la comunión
de almas es pasión hecha delirio, roce de fruta afirmándose
en ios labios, brisa que imprime un mundo con ruido de futuro
sin palabras.
La música del pasillo
sale de las notas tradicionales y se expande con nuevos arpegios
comunicando cuanto hemos querido.
La poesía está
compuesta por 4 estrofas de cinco versos cada una y de 14 sílabas
con rima consonante y asonante. El ritmo pulsa los oportunos
acentos constituyentes, donde las figuras literarias en delgados
pasos aumentan la claridad de las ideas. El acento constituyente
recae en la sexta sílaba de cada verso.
Entre las figuras literarias
constan las apóstrofes que producen ansiedad: "¡Señor!
eres tan bueno que hiciste la besara/ con la piedad ingenua que
mis labios vertieron/ aspirando su aliento". En otra apóstrofe,
después del beso, expresa: "En oración sagrada
mi alma quedó en los tuyos,/ los ojos que bebieron/ mis
ansias infinitas de amor y de esperanza".
En la tercera eatrofa encontramos
una imagen esparciendo música de los astros: "¡Señor!
Eres tan bueno que en esa noche santa / las vírgenes del
cielo prendieron su mirada / en su boca de fuego que calcinó
mi alma, / en sus labios que ardientes pronunciaron mi nombre.
Las exclamaciones y comparaciones se vuelven reduplicaciones
y dicen del anhelo: "¡Oh labios amorosos de miel de
paraíso! / ¡Oh! mis labios santos, bellos como la
flor de mayo". Las metáforas mueven las emociones:
"La boca descendía con vertigos de cielo/ del cielo
de tus labios que mis delirios toca".
El poeta capta con gran disposición
psíquica e intercambia el mundo interior y exterior aprovechando
las entregas sensuales valiéndose del oído,la vista,
el tacto y otras formas de movimiento, equilibrio, elevación
del lenguaje y el predominio de sensaciones. Con ellos Ramón
Moya hace material tangible lo que es inmaterial, apareciendo
la sinestesia; " El Dios quiso que amándole viviese
partido de dos ráyes elos de la tempestad del cielo y
de sus labios".
Música y poesía
que gusta al puetolo y a cada persona que escucha, alimenta el
buen gusto y la convicción de que el pasillo a más
del vuelo amoroso, es legado nobloe de reflexión espiritual
que eleva la sensibilidad para una sana existencia.
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