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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Petita Palma Piñeiros

La dama de la marimba recibe homenaje

El alcalde de Quito Paco Moncayo y la primera dama de la nación, Ximena Bohórquez, fueron los encargados en días pasados en rendir homenaje a las mujeres de la danza y de manera especial a la representante de la cultura y danza esmeraldeña, Petita Palma Piñeiros.

Como una convivencia humana y artística de las hacedoras de la danza,

La Hora Esmeraldas, durante el evento, pretendió por primera vez conocer lo que ha significado la presencia de la mujer en la historia y la danza del país, así como las aspiraciones; buscando fortalecer un arte nacional, rico en formas y contenidos y abrir una puerta que nos permita proyectar esta riqueza tanto nacional como hacia otras latitudes.

Petita Palma nació en un día del año 1927 y llegó a Esmeraldas en 1941 procedente de Carondele, cantón San Lorenzo, con el único afán de difundir el sonido y el baile de la marimba.

''Yo nací en una marimba'', dice Petita mientras se acomoda en un silla, dando la espalda a una venta que da a la calle, desde donde se aprecia una estación gasolinera. Su habita está ubicado en un lugar muy sencillo y humilde, adornado con placas de reconocimiento junto a la foto de su madre. En el mismo estar; una sala amplia, llena de objetos y cachivaches antiguos, es iluminada por finos rayos de sol que se filtran a través de las endijas de las paredes puertas y ventanas del aposento, reflejando un arco iris en el ambiente donde se guarda la marimba que le sirvió una día de cuna a una niña, a la que bautizaron con el nombre de Petita.

No hace mucho, y antes de seguir la charla con Petita Palma, la Fundación Casa de la Danza, con el patrocinio del Distrito Metropolitano de Quito, y con el apoyo de diversas entidades públicas y privadas, realizaron el Primer Festival Nacional y Encuentro de Mujeres hacedoras de la Danza; al mismo a asistieron agrupaciones nacionales y las radicadas en el extranjero.

En el Festival coreográfico se presentó un abanico de trabajos que mostró el potencial creador femenino y la diversidad de estilos en la danza nacional recopilando obras tanto de creadoras consolidadas como de jóvenes coreógrafas.

A pesar de estar convaleciente del paludismo para la fecha del homenaje, Petita viajó a Quito con su grupo para deleitar a todo el público asistente con sus canciones y danzas, demostrando lo que en verdad es la Tierra del folclor esmeraldeño.

Pero en este homenaje "pude sentir la sinceridad y el aprecio con que se me recuerda y piden la actuación de mi grupo Tierra Caliente", dice emocionada.

Agrega que este fue el mejor homenaje de su vida; no esperaba tanta algarabía por parte de la gente que se dio cita a la Plaza de Santo Domingo en la ciudad Capital, cuando fue nombrada entre los participantes.

En este acto fueron condecorados los diferentes grupos participantes con una placa recordatoria, aquí no hubo ganador todos recibieron lo mismo por parte del alcalde de Quito Paco Moncayo y Ximena Bohórquez, Primera Dama de la Nación. La placa representa un orgullo no para Petita Palma sino para el pueblo de Esmeraldas, dijo la homenajeada.

Comenta que no recibe ayudas económicas de las instituciones locales para cubrir los gastos que el grupo demanda, sin embargo hace todo lo posible, de su propio peculio destina lo necesario para subsistir y realizar las presentaciones que se le solicita.

Cuentos de marimba de Petita

"Recuerdo que cuando en mi pueblo nacía un varón, se hacían tres disparos al aire... entonces, todo el mundo sabía que había nacido varón. Pero, cuando era mujer, disparaban uno solo".

"Dicen que mi papá, hizo su disparo mientras que yo seguía llorando sin saber a qué venía a este mundo. El, tocaba la marimba y entonaba una pieza que se llama "Agua larga" y, se acompañaba de mi llanto, porque él, decía que no lloraba, sino que cantaba con mi llanto. El me alzó y, me acostó sobre la marimba. Esa fue mi cuna: la marimba, y enseguida me puso un guasa".

"Yo no aprendía a tocar la marimba; aprendí fue a bailar y cantar la marimba, pero no aprendí a tocarla, porque lo que me puso mi padre por primera vez, fue un guasa.

Sueño hecho realidad

Cuenta Petita Palma, que el orgullo más grande que ha sentido es el de haber llevado la imagen de su pueblo y con ella, la de toda su gente hacia otros pueblos y lugares fuera de las fronteras, incluso hasta la Universidad norteamericana de Harvard, para dar a conocer nuestra cultura.

Petita, también me dijo que su gran realización fue haber creado una escuelita conformada por niños de seis años: la "Escuelita de Marimba".
Petita llora y cuenta que fue de barrio en barrio buscando niñitos para integrar el grupo y, así logró reunir 172 alumnos, con los cuales recorría las playas. Hoy los ve crecidos, llenos de conocimiento y haciendo parte de grupos representativos del folclor esmeraldeño.

Ella misma afirma ser una mujer; sencilla y humilde como siempre. "Vengo de un hogar muy humilde, pero si, con una transparencia y una claridad moral integra", asegura.

Vi llorar a Petita, al momento de decir que: "a una artista no se le puede rendir un homenaje no mas porque canta o porque ha cantado. Nosotros como artistas nos hubiéramos muerto de hambre, sino hubiéramos sabido otra cosa, pero la realidad es que siempre hemos sido artistas sin lucro personal".

La dama de la marimba advierte que: "no quiero que me rindan ningún homenaje porque no quiero. No lo quiero, porque me he dado cuenta de los homenajes que le han hecho a otros sin merecerlo y, uno que ha trabajado por la cultura hasta arriesgando su vida, ni le miran".

Tristemente acota Palma Piñeiros que: "la gente de Esmeraldas, crearon a una Petita Palma imagen y semejanza de ellos; que soy egoísta, que soy engreída. ¡No!... Pepita Palma, es está que responde aquí; la humilde, la sencilla, por eso en otras partes me quieren tanto, por mi sencillez. Yo soy aquí como el payaso en Esmeraldas. Que estoy riéndome por fuera; a todo el mundo me le rió, pero acá por dentro sufro de ver la injusticia que cometen aquí, porque todo lo bueno lo quieren mezclar con la política; yo no soy política".

La ingratitud de la vida

La pena embarga, al ver llorar a Petita decir: "donde yo vivo, me han querido desalojar y quitarme mi ranchito. Aquí me trajo por indicio de Daniel Álvarez Tenorio, don Alejandro Gutiérrez, quien era el administrador de todas estas tierras, él fue quien me puso en esta casa porque era la más indicada para la sede de mi escuela. Siempre iba un señor a la universidad a decir que lo que era la casa me la quitaban. Eso era como una tortura China, con llamadas telefónicas amenazantes. Solo me acogí a Dios, para seguir aquí en mi casa por más de 32 años.

Vi llorar a Petita y me anunció que muy pronto publicará su libro donde plasmará parte de su vida y de la cultura propia esmeraldeña y, entonces dice que: "cuando suena la marimba, el cununo y el guasa, la sangre se me alborota, como las olas que van agitándose furiosas en el ancho mar...".

Vi llorar a Petita improvisando versos entre su voz casi ahogada por la tristeza y el llanto y en su mensaje decía que: " yo no canto por cantar ni porque me da la gana; yo canto porque me nace de aquí, aquí en el fondo del alma. Por eso es que mi canto, no es cosa rara ni inventos a la carrera, son arrullos y chigualos que cantaban mis abuelos. Y así seguiré cantando hasta que mi voz reviente, pero cantaré por siempre lo que aprendo de mi gente".

La escuela de dolor

Con dolor en el alma Petita Palma relató que una vez estando reunida con sus alumnos llegó una señora que dijo venir en representación de todas las madres de los niños que aprendían, para decirle que cuánto estaban ganando los niños por aprender...¡Cómo!, dijo Petita, al tiempo de escuchar la respuesta ¿Que cuánto están ganando nuestros hijos por venir a aprender?...

"Qué dolor que me dio. Se me fue la voz; no podía entender, me parecía que estaba en otra galaxia y, entonces, me acordé de unas palabras que decía mi mamá: (la ignorancia es atrevida, porque a muchos compromete y hace hablar al más zoquete palabras muy desmedidas). Entonces, le dije a la señora, ¡lléveselos! Aunque me duela el alma. Sentí un gran dolor cuando llegaban los sábados y los domingos sin tener un solo niño.

Ahora, me duele y lloro cuando los veo como delincuentes en la calle; son arranchadores y ladrones. Eso no hubiera sucedido sí me los dejan aquí.

 
 
 
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- Quito - Ecuador