Petita
Palma Piñeiros
La dama de la marimba recibe
homenaje
El alcalde de Quito Paco Moncayo
y la primera dama de la nación, Ximena Bohórquez,
fueron los encargados en días pasados en rendir homenaje
a las mujeres de la danza y de manera especial a la representante
de la cultura y danza esmeraldeña, Petita Palma Piñeiros.
Como una convivencia humana
y artística de las hacedoras de la danza,
La Hora Esmeraldas, durante
el evento, pretendió por primera vez conocer lo que ha
significado la presencia de la mujer en la historia y la danza
del país, así como las aspiraciones; buscando fortalecer
un arte nacional, rico en formas y contenidos y abrir una puerta
que nos permita proyectar esta riqueza tanto nacional como hacia
otras latitudes.
Petita Palma nació en
un día del año 1927 y llegó a Esmeraldas
en 1941 procedente de Carondele, cantón San Lorenzo, con
el único afán de difundir el sonido y el baile
de la marimba.
''Yo nací en una marimba'',
dice Petita mientras se acomoda en un silla, dando la espalda
a una venta que da a la calle, desde donde se aprecia una estación
gasolinera. Su habita está ubicado en un lugar muy sencillo
y humilde, adornado con placas de reconocimiento junto a la foto
de su madre. En el mismo estar; una sala amplia, llena de objetos
y cachivaches antiguos, es iluminada por finos rayos de sol que
se filtran a través de las endijas de las paredes puertas
y ventanas del aposento, reflejando un arco iris en el ambiente
donde se guarda la marimba que le sirvió una día
de cuna a una niña, a la que bautizaron con el nombre
de Petita.
No hace mucho, y antes de seguir
la charla con Petita Palma, la Fundación Casa de la Danza,
con el patrocinio del Distrito Metropolitano de Quito, y con
el apoyo de diversas entidades públicas y privadas, realizaron
el Primer Festival Nacional y Encuentro de Mujeres hacedoras
de la Danza; al mismo a asistieron agrupaciones nacionales y
las radicadas en el extranjero.
En el Festival coreográfico
se presentó un abanico de trabajos que mostró el
potencial creador femenino y la diversidad de estilos en la danza
nacional recopilando obras tanto de creadoras consolidadas como
de jóvenes coreógrafas.
A pesar de estar convaleciente
del paludismo para la fecha del homenaje, Petita viajó
a Quito con su grupo para deleitar a todo el público asistente
con sus canciones y danzas, demostrando lo que en verdad es la
Tierra del folclor esmeraldeño.
Pero en este homenaje "pude
sentir la sinceridad y el aprecio con que se me recuerda y piden
la actuación de mi grupo Tierra Caliente", dice emocionada.
Agrega que este fue el mejor
homenaje de su vida; no esperaba tanta algarabía por parte
de la gente que se dio cita a la Plaza de Santo Domingo en la
ciudad Capital, cuando fue nombrada entre los participantes.
En este acto fueron condecorados
los diferentes grupos participantes con una placa recordatoria,
aquí no hubo ganador todos recibieron lo mismo por parte
del alcalde de Quito Paco Moncayo y Ximena Bohórquez,
Primera Dama de la Nación. La placa representa un orgullo
no para Petita Palma sino para el pueblo de Esmeraldas, dijo
la homenajeada.
Comenta que no recibe ayudas
económicas de las instituciones locales para cubrir los
gastos que el grupo demanda, sin embargo hace todo lo posible,
de su propio peculio destina lo necesario para subsistir y realizar
las presentaciones que se le solicita.
Cuentos de marimba de Petita
"Recuerdo que cuando en
mi pueblo nacía un varón, se hacían tres
disparos al aire... entonces, todo el mundo sabía que
había nacido varón. Pero, cuando era mujer, disparaban
uno solo".
"Dicen que mi papá,
hizo su disparo mientras que yo seguía llorando sin saber
a qué venía a este mundo. El, tocaba la marimba
y entonaba una pieza que se llama "Agua larga" y, se
acompañaba de mi llanto, porque él, decía
que no lloraba, sino que cantaba con mi llanto. El me alzó
y, me acostó sobre la marimba. Esa fue mi cuna: la marimba,
y enseguida me puso un guasa".
"Yo no aprendía
a tocar la marimba; aprendí fue a bailar y cantar la marimba,
pero no aprendí a tocarla, porque lo que me puso mi padre
por primera vez, fue un guasa.
Sueño hecho realidad
Cuenta Petita Palma, que el
orgullo más grande que ha sentido es el de haber llevado
la imagen de su pueblo y con ella, la de toda su gente hacia
otros pueblos y lugares fuera de las fronteras, incluso hasta
la Universidad norteamericana de Harvard, para dar a conocer
nuestra cultura.
Petita, también me dijo
que su gran realización fue haber creado una escuelita
conformada por niños de seis años: la "Escuelita
de Marimba".
Petita llora y cuenta que fue de barrio en barrio buscando niñitos
para integrar el grupo y, así logró reunir 172
alumnos, con los cuales recorría las playas. Hoy los ve
crecidos, llenos de conocimiento y haciendo parte de grupos representativos
del folclor esmeraldeño.
Ella misma afirma ser una mujer;
sencilla y humilde como siempre. "Vengo de un hogar muy
humilde, pero si, con una transparencia y una claridad moral
integra", asegura.
Vi llorar a Petita, al momento
de decir que: "a una artista no se le puede rendir un homenaje
no mas porque canta o porque ha cantado. Nosotros como artistas
nos hubiéramos muerto de hambre, sino hubiéramos
sabido otra cosa, pero la realidad es que siempre hemos sido
artistas sin lucro personal".
La dama de la marimba advierte
que: "no quiero que me rindan ningún homenaje porque
no quiero. No lo quiero, porque me he dado cuenta de los homenajes
que le han hecho a otros sin merecerlo y, uno que ha trabajado
por la cultura hasta arriesgando su vida, ni le miran".
Tristemente acota Palma Piñeiros
que: "la gente de Esmeraldas, crearon a una Petita Palma
imagen y semejanza de ellos; que soy egoísta, que soy
engreída. ¡No!... Pepita Palma, es está que
responde aquí; la humilde, la sencilla, por eso en otras
partes me quieren tanto, por mi sencillez. Yo soy aquí
como el payaso en Esmeraldas. Que estoy riéndome por fuera;
a todo el mundo me le rió, pero acá por dentro
sufro de ver la injusticia que cometen aquí, porque todo
lo bueno lo quieren mezclar con la política; yo no soy
política".
La ingratitud de la vida
La pena embarga, al ver llorar
a Petita decir: "donde yo vivo, me han querido desalojar
y quitarme mi ranchito. Aquí me trajo por indicio de Daniel
Álvarez Tenorio, don Alejandro Gutiérrez, quien
era el administrador de todas estas tierras, él fue quien
me puso en esta casa porque era la más indicada para la
sede de mi escuela. Siempre iba un señor a la universidad
a decir que lo que era la casa me la quitaban. Eso era como una
tortura China, con llamadas telefónicas amenazantes. Solo
me acogí a Dios, para seguir aquí en mi casa por
más de 32 años.
Vi llorar a Petita y me anunció
que muy pronto publicará su libro donde plasmará
parte de su vida y de la cultura propia esmeraldeña y,
entonces dice que: "cuando suena la marimba, el cununo y
el guasa, la sangre se me alborota, como las olas que van agitándose
furiosas en el ancho mar...".
Vi llorar a Petita improvisando
versos entre su voz casi ahogada por la tristeza y el llanto
y en su mensaje decía que: " yo no canto por cantar
ni porque me da la gana; yo canto porque me nace de aquí,
aquí en el fondo del alma. Por eso es que mi canto, no
es cosa rara ni inventos a la carrera, son arrullos y chigualos
que cantaban mis abuelos. Y así seguiré cantando
hasta que mi voz reviente, pero cantaré por siempre lo
que aprendo de mi gente".
La escuela de dolor
Con dolor en el alma Petita
Palma relató que una vez estando reunida con sus alumnos
llegó una señora que dijo venir en representación
de todas las madres de los niños que aprendían,
para decirle que cuánto estaban ganando los niños
por aprender...¡Cómo!, dijo Petita, al tiempo de
escuchar la respuesta ¿Que cuánto están
ganando nuestros hijos por venir a aprender?...
"Qué dolor que
me dio. Se me fue la voz; no podía entender, me parecía
que estaba en otra galaxia y, entonces, me acordé de unas
palabras que decía mi mamá: (la ignorancia es atrevida,
porque a muchos compromete y hace hablar al más zoquete
palabras muy desmedidas). Entonces, le dije a la señora,
¡lléveselos! Aunque me duela el alma. Sentí
un gran dolor cuando llegaban los sábados y los domingos
sin tener un solo niño.
Ahora, me duele y lloro cuando
los veo como delincuentes en la calle; son arranchadores y ladrones.
Eso no hubiera sucedido sí me los dejan aquí.
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