La literatura en el pasillo
'Ojos de Mar'
0swaldo Rivera V.
El espíritu musical
ecuatoriano es dueño de obras valiosas, especialmente
en los pasillos que con esencias íntimas de emoción,
cuenta con poetas y compositores enriquecedores del pentagrama
musical. Esto sucede con el pasillo ««Ojos de Mar»
. Letra de Manuel Terán Monge y música del notable
compositor Carlos Brito Benavides. Ellos extraen el arte extendiéndolo
al espíritu de la colectividad para que la armonía
se abrace con el alma.
El poema 'Ojos de Mar' de Manuel
Terán Monge, inspirado poeta, canta a lo ojos femeninos
comparándolos con el mar de aguas tranquilas, ebrias de
infinito y fugaces suspiros de olas. Las espumas blanquean los
sueños y el poeta bebe el delirio abrazado a los matices
de los ojos. Ojos que entre sombrías algas la luz de las
estrellas iluminan y las naves naufragadas y cautivas»
enrojecen los vagos horizontes.
Ojos de mar miran las orillas
entre albatros y espumas. Esas orillas bordean caudales, van
y vienen y "en su dolor, se ovillan y se cubren de sombras
y de brumas". La orilla de esos ojos calma el dolor y brota
solitaria de su vientre una lágrima blanca. Poesía
envuelta de grados tropológicos, exploradora de la inmensidad
del mar. Ojos de mar mirando el perfil de los acantilados, abrazan
el sueño de las profundidades. Ojos que prenden al mar
en medio de gaviotas y contorsión de peces. Ojos de pupilas
azules dormidos al pie de las olas y que al despertar alegran
a corales, ostras y a la sonrisa de los albatros.
'Ojos de Mar', poema de imágenes
insospechadas que dan formas a una ninfa besada por oleajes de
suspiros. El poema es resplandor abierto a los ojos de espuma
con gaviotas. Mar y ojos con luz y mansas conchas recogidas por
los niños con hambre, mientras las aguas reciben en sus
filos las caricias de los astros.
El poema tiene cuatro estrofas
(cuartetos) de versos endecasílabos y rima consonante.
El ritmo afirma a las figuras literarias. En la primera estrofa
encontramos metáforas y comparaciones: "Ojos de Mar
pero de mar tranquilo/ de aguas calladas que al correr parece/
que es toda onda cual fugaz suspiro/ y es cada espuma una ilusión
que crece". Una apóstrofe y otra metáfora
agitan el ánimo: Las barcas naufragadas de las almas/que
en busca del amor cautivas iban.
En la tercera estrofa una imagen
demuestra la carga de lirismo: "0jos de mar... alguna vez
la orilla/ al asombro de albatros y de espumas/ viene y se va
y en su dolor se ovilla/ y se cubre de sombras y de brumas".
Así brota la relación poética entre elementos
reales e ideales para elevar la belleza del poema. En la cuarta
estrofa otra imagen y metáfora alegórica mueven
la emoción poética valiéndose de la elipsis
y dando categoría al lenguaje; "Ojos de mar, la orilla
de repente/ su dolor calma, sus aguas estanca/ y brota solitaria
de su vientre/una lágrima blanca, blanca, blanca."
Al comienzo de cada estrofa
se halla la reduplicación al repetirse la frase ojos de
mar y a la vez en el último verso del poema: Una lágrima
blanca, blanca, blanca. Refuerzos reflexivos que mediante la
expresión poética se aproxima más a la afectividad
y al valor emocional. Asimismo, estas figuras de dicción
dan elegancia y novedad poéticas.
Carlos Brito, conocedor de
los secretos musicales, vierte en la composición del pasillo
"Ojos de Mar", el elemento primordial del sonido y
ritmo, al entregar melodía y armonía produciendo
elevada sensación musical, así como otras combinaciones
armónicas asociadas al amor.
Manuel Terán Monge,
poeta importante en las letras, ubica al poema en el tiempo y
en el espacio y tropológicamente crea una poesía
de aliento donde el fondo va creando su propia forma y la depuración
estética que concentra la actitud de unos ojos frente
a la realidad del mar y el perfil femenino esbelto y ágil
deslizándose en la corriente. El amor es una ola que viaja
cargada de astros, mientras del vientre submarino surge una lágrima
blanca entregada al tacto de la arena. Música y poesía
son síntesis de un sentimiento envolvente.
'Playas del adiós'
La letra del pasillo 'Playas
del adiós' corresponde al poeta Carlos León y la
música al maestro cuencano, Francisco Paredes Herrera,
pianista, pintor y poeta. Es autor de numerosos pasillos, valses,
pasodobles, yaravíes y más aires populares. Su
música, por la inspiración, factura, ágiles
melodías, suaves descripciones románticas de amor
y dolor, conmovió y conmueve a las generaciones.
El poema 'Playas del adiós'
de Carlos León conserva un ritmo especial, vierte aire
animado de las playas costeras y su tema central es el amor que
produce dolor cruel y hostil porque no tiene el cariño
de la amada, ronda en su pasión el anhelo de amarla pero
no alcanza a entregarle las promesas. Le da con el alma lo que
'dan las verdes palmas' y pone el azul a sus pies, pidiéndole
que acepte su amor soñado para vivir feliz.
En la última estrofa
le ofrece los desvelos, el arrullo de su canto sobre mares de
ensueño para "asirse a la esperanza y marcharse con
la erranza a las playas del adiós". El ritmo del
poema demuestra aire especial que con la música conserva
el movimiento-danza costeño bailable, cuya esencia, según
el investigador Pablo Guerrero, el pasillo en "determinado
momento: música, canto, danza, en proceso de consolidación
y desarrollo, como producción estética, llegó
a constituirse, al menos en nuestro país, en una forma
de pensamiento musical exponente del comportamiento social mestizo,
llegando inclusive a proyectarse comoelemento de identidad nacional".
En las cuatro estrofas con
versos octosílabos predomina el acento final y las palabras
agudas por las cuales se cuenta una sílaba más:
"Ando rondando en mi pasión/ lleno de inmenso fervor/
con que pueda yo decirte/ las promesas del Amor". El segundo
y cuarto versos tienen siete sílabas y al aumentarse por
dicha ley, tienen ocho sílabas.
En el poema 'Playas del adiós'
las figuras literarias animan las ideas y elevan la expresión
poética, entre ellas las metáforas: "...amor
es luz de mi existir"; "yo te ofrezco el arrullo de
mi canto en el barco azul de mi alma/ sobre mares de mi ensueño".
Los epítetos expanden el lirismo: "hermoso azul del
cielo, barco azul, amor soñado, dolor cruel y hostil".
Al fin, el poeta expresa exclamativamente: "Ay...! para
asirme a la esperanzan".
Carlos León y su amor
intenso demuestra en su creación, ritmo que mueve las
cosas, divisa caminos lejanos entre brumas y despedidas. La poesía
multiplica el don de la comunicación, hasta la melancolía
es un risueño manifiesto vital y el abatimiento es más
suave. Hay cambio de actitudes y de óptica, el velo afectivo
flota en los adioses.
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