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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

La literatura en el pasillo 'Ojos de Mar'

0swaldo Rivera V.

El espíritu musical ecuatoriano es dueño de obras valiosas, especialmente en los pasillos que con esencias íntimas de emoción, cuenta con poetas y compositores enriquecedores del pentagrama musical. Esto sucede con el pasillo ««Ojos de Mar» . Letra de Manuel Terán Monge y música del notable compositor Carlos Brito Benavides. Ellos extraen el arte extendiéndolo al espíritu de la colectividad para que la armonía se abrace con el alma.

El poema 'Ojos de Mar' de Manuel Terán Monge, inspirado poeta, canta a lo ojos femeninos comparándolos con el mar de aguas tranquilas, ebrias de infinito y fugaces suspiros de olas. Las espumas blanquean los sueños y el poeta bebe el delirio abrazado a los matices de los ojos. Ojos que entre sombrías algas la luz de las estrellas iluminan y las naves naufragadas y cautivas» enrojecen los vagos horizontes.

Ojos de mar miran las orillas entre albatros y espumas. Esas orillas bordean caudales, van y vienen y "en su dolor, se ovillan y se cubren de sombras y de brumas". La orilla de esos ojos calma el dolor y brota solitaria de su vientre una lágrima blanca. Poesía envuelta de grados tropológicos, exploradora de la inmensidad del mar. Ojos de mar mirando el perfil de los acantilados, abrazan el sueño de las profundidades. Ojos que prenden al mar en medio de gaviotas y contorsión de peces. Ojos de pupilas azules dormidos al pie de las olas y que al despertar alegran a corales, ostras y a la sonrisa de los albatros.

'Ojos de Mar', poema de imágenes insospechadas que dan formas a una ninfa besada por oleajes de suspiros. El poema es resplandor abierto a los ojos de espuma con gaviotas. Mar y ojos con luz y mansas conchas recogidas por los niños con hambre, mientras las aguas reciben en sus filos las caricias de los astros.

El poema tiene cuatro estrofas (cuartetos) de versos endecasílabos y rima consonante. El ritmo afirma a las figuras literarias. En la primera estrofa encontramos metáforas y comparaciones: "Ojos de Mar pero de mar tranquilo/ de aguas calladas que al correr parece/ que es toda onda cual fugaz suspiro/ y es cada espuma una ilusión que crece". Una apóstrofe y otra metáfora agitan el ánimo: Las barcas naufragadas de las almas/que en busca del amor cautivas iban.

En la tercera estrofa una imagen demuestra la carga de lirismo: "0jos de mar... alguna vez la orilla/ al asombro de albatros y de espumas/ viene y se va y en su dolor se ovilla/ y se cubre de sombras y de brumas". Así brota la relación poética entre elementos reales e ideales para elevar la belleza del poema. En la cuarta estrofa otra imagen y metáfora alegórica mueven la emoción poética valiéndose de la elipsis y dando categoría al lenguaje; "Ojos de mar, la orilla de repente/ su dolor calma, sus aguas estanca/ y brota solitaria de su vientre/una lágrima blanca, blanca, blanca."

Al comienzo de cada estrofa se halla la reduplicación al repetirse la frase ojos de mar y a la vez en el último verso del poema: Una lágrima blanca, blanca, blanca. Refuerzos reflexivos que mediante la expresión poética se aproxima más a la afectividad y al valor emocional. Asimismo, estas figuras de dicción dan elegancia y novedad poéticas.

Carlos Brito, conocedor de los secretos musicales, vierte en la composición del pasillo "Ojos de Mar", el elemento primordial del sonido y ritmo, al entregar melodía y armonía produciendo elevada sensación musical, así como otras combinaciones armónicas asociadas al amor.

Manuel Terán Monge, poeta importante en las letras, ubica al poema en el tiempo y en el espacio y tropológicamente crea una poesía de aliento donde el fondo va creando su propia forma y la depuración estética que concentra la actitud de unos ojos frente a la realidad del mar y el perfil femenino esbelto y ágil deslizándose en la corriente. El amor es una ola que viaja cargada de astros, mientras del vientre submarino surge una lágrima blanca entregada al tacto de la arena. Música y poesía son síntesis de un sentimiento envolvente.

'Playas del adiós'

La letra del pasillo 'Playas del adiós' corresponde al poeta Carlos León y la música al maestro cuencano, Francisco Paredes Herrera, pianista, pintor y poeta. Es autor de numerosos pasillos, valses, pasodobles, yaravíes y más aires populares. Su música, por la inspiración, factura, ágiles melodías, suaves descripciones románticas de amor y dolor, conmovió y conmueve a las generaciones.

El poema 'Playas del adiós' de Carlos León conserva un ritmo especial, vierte aire animado de las playas costeras y su tema central es el amor que produce dolor cruel y hostil porque no tiene el cariño de la amada, ronda en su pasión el anhelo de amarla pero no alcanza a entregarle las promesas. Le da con el alma lo que 'dan las verdes palmas' y pone el azul a sus pies, pidiéndole que acepte su amor soñado para vivir feliz.

En la última estrofa le ofrece los desvelos, el arrullo de su canto sobre mares de ensueño para "asirse a la esperanza y marcharse con la erranza a las playas del adiós". El ritmo del poema demuestra aire especial que con la música conserva el movimiento-danza costeño bailable, cuya esencia, según el investigador Pablo Guerrero, el pasillo en "determinado momento: música, canto, danza, en proceso de consolidación y desarrollo, como producción estética, llegó a constituirse, al menos en nuestro país, en una forma de pensamiento musical exponente del comportamiento social mestizo, llegando inclusive a proyectarse comoelemento de identidad nacional".

En las cuatro estrofas con versos octosílabos predomina el acento final y las palabras agudas por las cuales se cuenta una sílaba más: "Ando rondando en mi pasión/ lleno de inmenso fervor/ con que pueda yo decirte/ las promesas del Amor". El segundo y cuarto versos tienen siete sílabas y al aumentarse por dicha ley, tienen ocho sílabas.

En el poema 'Playas del adiós' las figuras literarias animan las ideas y elevan la expresión poética, entre ellas las metáforas: "...amor es luz de mi existir"; "yo te ofrezco el arrullo de mi canto en el barco azul de mi alma/ sobre mares de mi ensueño". Los epítetos expanden el lirismo: "hermoso azul del cielo, barco azul, amor soñado, dolor cruel y hostil". Al fin, el poeta expresa exclamativamente: "Ay...! para asirme a la esperanzan".

Carlos León y su amor intenso demuestra en su creación, ritmo que mueve las cosas, divisa caminos lejanos entre brumas y despedidas. La poesía multiplica el don de la comunicación, hasta la melancolía es un risueño manifiesto vital y el abatimiento es más suave. Hay cambio de actitudes y de óptica, el velo afectivo flota en los adioses.

 
 
 
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