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Pascal de Neufille: la música
como acto de creación
Eduardo
Kingman Garcés
Lo extraño del concierto
de Pascal de Neufille y Jerry Preciado fue la combinación
de dos tipos de instrumentos poco relacionados entre sí:
un piano y una marimba. La mezcla de vertientes musicales distintas
es algo que se viene haciendo en el mundo mientras que la improvisación
es menos frecuente. De Neufille es un concertista formado en
Francia. Preciado un músico popular esmeraldeño;
los dos parten de experiencias y mundos de vida distintos pero
tienen en común la pasión por la música
así como por la experimentación e innovación.
He tenido la oportunidad de conversar con Pascal para este semanario.
La iniciación de Pascal en la música es común
en una familia poseedora de un capital cultural: no se tocan
instrumentos, pero se escucha música selecta, y existe
la disposición de comprar un piano y buscar un maestro
para un niño que tiene inclinación por la música.
Luego vino el conservatorio, el aprendizaje del solfeo, las largas
horas de ensayo, los premios: un esquema competitivo en donde,
de acuerdo a Pascal, se da "una instrumentalización
de la música".
Se trataba del camino común a cualquier concertista que
primero debe llegar a ser un buen intérprete para luego
intentar producir música, "desde el comienzo sentí
que no era eso lo que me interesaba y comencé a desarrollar
una pasión oculta por la música como acto de creación.
Cuando mis compañeros me sorprendieron tocando me preguntaban
por el compositor, no concebían la posibilidad de que
alguien intentase producir su propia música". De
Neufille decidió seguir su propio camino "aunque
no sabía bien como hacerlo". Se refugió tres
años en Marruecos, en donde se incorporó a otras
tradiciones musicales, como la iraní y la hindú
"en donde se impone la improvisación". El yoga
le ayudó a descubrir la polirritmia: capacidad de disociar
los ritmos mediante la respiración. Años más
tarde la osteo-dinámica le permitió aproximarse
a "los ritmos interiores de la vida": el fluir de la
estructura ósea, de la circulación. Nuevamente
en Francia se ocupó en la enseñanza de música:
"sin presiones, notas. Ni niveles, como pasión. Ahí
los alumnos presentaban sus lecciones a los alumnos, se desarrollaba
el gusto por la música".
Para Pascal la música supone una relación con un
instrumento y una tradición musical pero, además,
consigo mismo y con un medio. ¿Cómo armonizar estos
distintos elementos? "Hasta llegar a Ecuador la música
era lo más importante. La fuerza de la naturaleza y el
compromiso con una familia me sacaron del encierro. Buena parte
de mi tiempo lo paso en la reserva forestal tratando de descubrir
los sonidos puros". Eso le llevó a dejar por algunos
años el piano, incluso vender el que había traído
de Francia. "Ya desde antes me había iniciado en
el canto armónico, en la búsqueda del tono justo,
sentía que el piano era una traba, que era resultado de
una construcción cultural de occidente y que a mí
me interesaba volver a la naturaleza. Esa experiencia me abrió
a una concepción más amplia del sonido, como vibraciones
luminosas y con anclaje en el Ser. Después de un tiempo
comencé a escuchar una nueva música que requería
nuevamente del piano. Ahora hay otra calidad en mi música.
Antes era más cerebral. Ahora está más integrada
a la vida".
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