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Las
Miradas del Blues
María Helena Barrera
B.
kagarwala@earthlink.com
En las primeras décadas
del siglo veinte, el sur de los Estados Unidos fue escenario
de un portentoso renacimiento musical. El mismo tuvo como protagonistas
a cantautores de raza negra, pobres hasta el límite de
la indigencia, armados únicamente de guitarras y de talento.
El género al que pertenecían era el blues rural,
que no debe confundirse con el urbano originado en ciudades como
Nueva Orleáns y Nueva York. La escuela artística
en que se habían formado era una tradición popular
muy lejana de academicismos; Su audiencia, aquella congregada
en calles, iglesias y bares. Entre los más brillantes
protagonistas del fenómeno, muchos compartían el
hecho de ser ciegos.
De algunos de esos músicos se conoce tan solo el apellido
y en ocasiones un apelativo familiar: Blake, Willie Johnson,
Lemon ('limón') Jefferson, Boy ('el chico') Fuller, Joe
Reynolds, Gary Davis, Willie McTell. El término 'blind',
ciego, habitualmente precede sus nombres y los caracteriza. De
la mayoría apenas si existen imágenes borrosas,
fotografías redescubiertas luego de décadas de
olvido. A pesar de la riqueza musical sugerida por compilaciones
como aquella efectuada para la Biblioteca del Congreso por el
antropólogo Alan Lomax y la gran escritora afro americana
Zora Nearle Hurston, los documentos sonoros de la era son parvos.
Sin embargo gracias al éxito comercial de compañías
fonográficas como Paramount Records en especial en los
años veinte, un cierto número de grabaciones preservan
las voces y técnicas de esos cantautores.
El sonido de sus discos fluctúa de lo vívido a
lo apenas perceptible. No obstante, la presencia de los intérpretes
no deja de manifestarse. El poder de las grabaciones parece brotar
directamente de la vida real. Al escucharlas, resulta claro que
las voces de los cantantes fueron moldeadas tanto por la práctica
como por la adversidad. Las letras que escribieron tienen la
urgencia y profundidad que solo puede provenir de experiencias
propias. Sus títulos dejan entrever su contenido: 'El
Blues de la Pulmonía', 'El Blues de la Casa Vacía',
'El Hombre del Corazón Doliente'. Las estrofas hablan
de destinos marcados por el infortunio, presentados con exquisito
y natural sentido lírico. Otras piezas tratan de temas
bíblicos, aplicados a las situaciones de la época
en la que fueron creados, con un estilo muy cercano al de la
música espiritual.
En contraste a la riqueza de esas narraciones, un vacío
biográfico existe con respecto a muchos de sus intérpretes.
De Blind Blake, uno de los mayores iconos del blues, se ignora
el nombre de pila, el lugar de nacimiento, y la fecha y circunstancias
de su muerte. De Blind Lemon Jefferson los únicos datos
incontrovertibles son los relacionados con las grabaciones que
efectuó y el hecho de que nació en Texas y murió
en Chicago. Testimonios de contemporáneos, comúnmente
obtenidos años después de su fallecimiento, sugieren
un cierto número de viajes que son imposibles de confirmar.
Tal falta de información refleja la ausencia de artistas
afro americanos del panorama cultural oficial, fuera del contexto
de las grandes urbes.
Cuando datos biográficos están disponibles, usualmente
ofrecen detalles plenos de tragedia. El caso de Blind Willie
Johnson, cantor extraordinario y liricista superbo es un ejemplo.
Johnson grabó para el sello Columbia treinta canciones,
en seis sesiones que tuvieron lugar de 1927 a 1930. Su naciente
carrera discográfica llegó a su fin como la de
tantos otros con la caída de la bolsa y la Gran Depresión.
Por más de diez años Johnson sobrevivió
con su esposa, también una cantante, en completa pobreza.
Una noche a inicio de los años cuarenta, un incendio devoró
parcialmente su morada. Al carecer de recursos para encontrar
otro lugar donde vivir, los dos continuaron a habitar a la intemperie
en medio de las ruinas. Johnson contrajo neumonía y murió
luego de negársele admisión a un hospital cercano,
no se sabe a ciencia cierta si en razón de su falta de
dinero o de su raza.
Entre las canciones que Johnson grabase se destacan dos en particular.
Una, llamada 'El Alma de un Hombre' -'The Soul of a Man'
es de gran sencillez, imbuida empero de una premisa filosófica
profunda. El coro repite "quiero que alguien me diga, que
alguien me responda si puede, ¿qué es el alma de
un hombre?" Las estrofas describen cómo, por encima
de diferencias económicas y sociales, el misterio de la
esencia de los seres humanos es siempre el mismo. La segunda
canción, 'Oscura era la Noche (El Suelo estaba Frío)'
'Dark was the Night (Cold was the Ground)', es una tradicional
y lacerada meditación sobre la crucifixión de Cristo.
Tres décadas luego de que su intérprete muriera
en el abandono más completo, esa pieza musical fue incluida
en la compilación confiada a la nave Voyager I de la NASA,
y enviada al espacio en 1977 con la misión de alcanzar
los confines del universo.
Como el extraño destino de la canción de Blind
Willie Johnson demuestra, la pervivencia del legado de los cantautores
ciegos del blues rural tiene algo de milagroso. Su influencia,
originada en precarias grabaciones, se ha extendido a incontables
artistas, de Bob Dylan a Nirvana pasando por los Beatles. Hoy
por hoy, luego de que una magnífica serie documental de
Martin Scorsese reactivara en el 2003 la fiebre del blues en
los Estados Unidos y Europa, las ventas de sus discos compactos
han alcanzado magnitudes insospechadas. Y, sin embargo, al observar
esas ediciones de lujo que alcanzan a veces precios superiores
a los cien dólares, es imposible no recordar que sus intérpretes
no recibieron más que unas cuantas monedas por concepto
de derechos de autor. Una paradoja más de entre las incontables
de un arte que, creado por quienes carecían de vista,
continúa a ofrecer atisbos lúcidos e intemporales
sobre la naturaleza humana.
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