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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Las Miradas del Blues

María Helena Barrera B.
kagarwala@earthlink.com

En las primeras décadas del siglo veinte, el sur de los Estados Unidos fue escenario de un portentoso renacimiento musical. El mismo tuvo como protagonistas a cantautores de raza negra, pobres hasta el límite de la indigencia, armados únicamente de guitarras y de talento. El género al que pertenecían era el blues rural, que no debe confundirse con el urbano originado en ciudades como Nueva Orleáns y Nueva York. La escuela artística en que se habían formado era una tradición popular muy lejana de academicismos; Su audiencia, aquella congregada en calles, iglesias y bares. Entre los más brillantes protagonistas del fenómeno, muchos compartían el hecho de ser ciegos.
De algunos de esos músicos se conoce tan solo el apellido y en ocasiones un apelativo familiar: Blake, Willie Johnson, Lemon ('limón') Jefferson, Boy ('el chico') Fuller, Joe Reynolds, Gary Davis, Willie McTell. El término 'blind', ciego, habitualmente precede sus nombres y los caracteriza. De la mayoría apenas si existen imágenes borrosas, fotografías redescubiertas luego de décadas de olvido. A pesar de la riqueza musical sugerida por compilaciones como aquella efectuada para la Biblioteca del Congreso por el antropólogo Alan Lomax y la gran escritora afro americana Zora Nearle Hurston, los documentos sonoros de la era son parvos. Sin embargo gracias al éxito comercial de compañías fonográficas como Paramount Records en especial en los años veinte, un cierto número de grabaciones preservan las voces y técnicas de esos cantautores.
El sonido de sus discos fluctúa de lo vívido a lo apenas perceptible. No obstante, la presencia de los intérpretes no deja de manifestarse. El poder de las grabaciones parece brotar directamente de la vida real. Al escucharlas, resulta claro que las voces de los cantantes fueron moldeadas tanto por la práctica como por la adversidad. Las letras que escribieron tienen la urgencia y profundidad que solo puede provenir de experiencias propias. Sus títulos dejan entrever su contenido: 'El Blues de la Pulmonía', 'El Blues de la Casa Vacía', 'El Hombre del Corazón Doliente'. Las estrofas hablan de destinos marcados por el infortunio, presentados con exquisito y natural sentido lírico. Otras piezas tratan de temas bíblicos, aplicados a las situaciones de la época en la que fueron creados, con un estilo muy cercano al de la música espiritual.
En contraste a la riqueza de esas narraciones, un vacío biográfico existe con respecto a muchos de sus intérpretes. De Blind Blake, uno de los mayores iconos del blues, se ignora el nombre de pila, el lugar de nacimiento, y la fecha y circunstancias de su muerte. De Blind Lemon Jefferson los únicos datos incontrovertibles son los relacionados con las grabaciones que efectuó y el hecho de que nació en Texas y murió en Chicago. Testimonios de contemporáneos, comúnmente obtenidos años después de su fallecimiento, sugieren un cierto número de viajes que son imposibles de confirmar. Tal falta de información refleja la ausencia de artistas afro americanos del panorama cultural oficial, fuera del contexto de las grandes urbes.
Cuando datos biográficos están disponibles, usualmente ofrecen detalles plenos de tragedia. El caso de Blind Willie Johnson, cantor extraordinario y liricista superbo es un ejemplo. Johnson grabó para el sello Columbia treinta canciones, en seis sesiones que tuvieron lugar de 1927 a 1930. Su naciente carrera discográfica llegó a su fin como la de tantos otros con la caída de la bolsa y la Gran Depresión. Por más de diez años Johnson sobrevivió con su esposa, también una cantante, en completa pobreza. Una noche a inicio de los años cuarenta, un incendio devoró parcialmente su morada. Al carecer de recursos para encontrar otro lugar donde vivir, los dos continuaron a habitar a la intemperie en medio de las ruinas. Johnson contrajo neumonía y murió luego de negársele admisión a un hospital cercano, no se sabe a ciencia cierta si en razón de su falta de dinero o de su raza.
Entre las canciones que Johnson grabase se destacan dos en particular. Una, llamada 'El Alma de un Hombre' -'The Soul of a Man'­ es de gran sencillez, imbuida empero de una premisa filosófica profunda. El coro repite "quiero que alguien me diga, que alguien me responda si puede, ¿qué es el alma de un hombre?" Las estrofas describen cómo, por encima de diferencias económicas y sociales, el misterio de la esencia de los seres humanos es siempre el mismo. La segunda canción, 'Oscura era la Noche (El Suelo estaba Frío)' ­'Dark was the Night (Cold was the Ground)', es una tradicional y lacerada meditación sobre la crucifixión de Cristo. Tres décadas luego de que su intérprete muriera en el abandono más completo, esa pieza musical fue incluida en la compilación confiada a la nave Voyager I de la NASA, y enviada al espacio en 1977 con la misión de alcanzar los confines del universo.
Como el extraño destino de la canción de Blind Willie Johnson demuestra, la pervivencia del legado de los cantautores ciegos del blues rural tiene algo de milagroso. Su influencia, originada en precarias grabaciones, se ha extendido a incontables artistas, de Bob Dylan a Nirvana pasando por los Beatles. Hoy por hoy, luego de que una magnífica serie documental de Martin Scorsese reactivara en el 2003 la fiebre del blues en los Estados Unidos y Europa, las ventas de sus discos compactos han alcanzado magnitudes insospechadas. Y, sin embargo, al observar esas ediciones de lujo que alcanzan a veces precios superiores a los cien dólares, es imposible no recordar que sus intérpretes no recibieron más que unas cuantas monedas por concepto de derechos de autor. Una paradoja más de entre las incontables de un arte que, creado por quienes carecían de vista, continúa a ofrecer atisbos lúcidos e intemporales sobre la naturaleza humana.

 
 
 
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