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Las
delicias de la 'Tarantella'
En el marco del Festival
Internacional de la Música Sacra está entre nosotros
' L´Arpeggiata ' , dirigido por Christina Pluhar, consumada
en el arpa y guitarra barrocas; Elisabeth Seitz, experta en salterio
e instrumentista; Marco Beasley, virtuoso tenor; y, Anna Dego,
experta en teatro/danza. En este contexto, Christina Pluhar nos
regala una exquisita disquisición sobre la 'Tarantella'.
Christina Pluhar
En 1630, el jesuita Athanasius
Kircher llega a Pouilles para hacer investigaciones sobre antiguas
terapias musicales ligadas al culto de Dionisios. En el libro
De Arte Magnética (Roma, 1641), publica sus estudios sobre
el 'Tarantismo' una enfermedad provocada por la picadura de
la tarántula, que causa un deseo irresistible de bailar
y una agitación desenfrenada. Ese estado convulsivo sólo
puede ser aliviado por la música que incita al baile
y con la cual se entra en trance durante horas, o días
enteros, hasta el agotamiento. La Tarantela, programa compuesto
de tarantelas vocales e instrumentales del siglo XVII, nace de
la investigación de fuentes de la época y del
conocimiento de tradiciones orales de las tarantelas que se
cantan y bailan aún hoy en día en Pouilles, Calabria,
Sicilia y en la región de Nápoles. Cantores tradicionales,
maestros incomparables de este repertorio, se han juntado excepcionalmente
para este proyecto. A fin de devolver a las tarantelas su colorido
instrumental de origen, se acompañan de instrumentos
de época de Athanasius Kircher. Los bailarines, especializados
en el theatro-danza y la commedia dell' arte, gracias a coreografías
originales y fascinantes, danzarán esta música
sensual y darán al espectáculo toda su dimensión
visual y festiva.
Ciertos teóricos atribuyen
los orígenes de esta danza ritual al culto a Dionisios
que se propaga en Italia del sur a través de los siglos.
La mitología nos dejó dos leyendas sobre el origen
de la tarantela que se cuenta todavía en Sorrente y Capri
poemas homéricos conservados por tradición
oral:
Una de las dos cuenta que las Sirenas tratan de hechizar a Ulises
con su canto, pero fracasan en su intento porque, al haber sido
prevenido con anterioridad, se había taponados los oídos
con cera. Tras esto, clamarán a las Gracias por ayuda
y les pedirán enseñarles una danza erótica.
Pero las Gracias se burlarán de las Sirenas al inventar
la tarantela, sabiendo muy bien que las Sirenas, desprovistas
de piernas, no podrían ejecutar la danzaDesde esa época
la tarantella es bailada por las jóvenes de Sorrente,
que la aprendieron de las Gracias.
La otra historia cuenta que las Sirenas, conocidas por su mágico
canto, tenían piernas muy bellas, que utilizaron para
hechizar a Ulises con su danza erótica. Pero los dioses
ponen fin a su propósito al transformar esas maravillosas
piernas en colas de pescado.
Orfeo, que por la magia de
su canto llega a los infiernos, amansa a las fieras y subleva
a las piedras, está asociado a la tarantela en la Eneida,
tradotta in lengua napolitana de 1699 del poeta Nicola Stigliola:
"Orfeo, vestido con una larga estola de sacerdote, eleva
su voz, y en las siete cuerdas de su lira toca unas veces una
chacona, otras veces una tarantela" (Eneida, VI. 155.) Una
nueva imagen del personaje mitológico se constituye frente
a nuestros ojos: en un gesto ligado al culto sacramental, Orfeo,
portando la estola sacerdotal, se sirve de la tarantela hipnótica,
que simboliza la magia, la curación, el trance y la eternidad,
como, música sin comienzo ni fin, implica el cambio continuo
por encima de una estabilidad inamovible.
Desde siempre el hombre ha estado fascinado por el poder de
la música, capaz de curar, de hechizar, de seducir, de
provocar cambios emocionales y físicos, de abrir la vía
hacia otro mundo o hacia otro estado de conciencia. Alquimistas,
poetas y filósofos, mitos y leyendas nos entregan su
aproximación a este fenómeno y, aún en la
actualidad, la población de Italia del sur vive todavía
su propia versión. La tarantela ayuda a restablecer el
orden cósmico en el hombre. A fin de vencer al veneno,
debe vencer a su equilibrio interior roto. Durante su viaje,
el enfermo se identifica con la naturaleza, en la cual percibe
la armonía a través de los sonidos y colores, y
de la cual absorbe las vibraciones que penetran en su cuerpo.
El enfermo se transforma en sol negro (o en araña negra),
ubicado en el centro, rodeado de planetas representados por
las personas y los músicos que lo acompañan durante
su curación. Se ha escrito siempre que cada enfermo reacciona
ante diferentes melodías, ritmos, colores e instrumentos,
según su propio carácter y la naturaleza de su
enfermedad. La búsqueda de la música que le conviene
se lleva a cabo según un método empírico:
los músicos tocan distintas melodías hasta que
el enfermo reaccione y su cuerpo se ponga en movimiento. La cura
puede extenderse a varios días de danza casi ininterrumpida.
Otro aspecto de la tarantela reside en su connotación
de liberación sexual para la mujer. Existen, desde el
siglo XV, testimonios del "carnavalletto delle donne",
mediante el cual las mujeres, con el pretexto de haber sido
"mordidas por la tarántula", pueden expresarse
por medio de esas danzas "impúdicas".
A partir del siglo XIV, encontramos, en varias fuentes eclesiásticas,
referencias escritas sobre el "tarantismo", de esto
se puede concluir que el rito practicado con el nombre de "tarantela
terapéutica" por una sola persona, o de "danza
de trance" por grupos, había hecho ya su ingreso
en las fiestas religiosas. 27.83
En 1641 Athanasius Kircher publica un estudio científico
sobre la enfermedad y sus remedios en su Magnes, sive de arte
magnetica, obra esotérica tratante del "magnetismo"
del amor, de la tierra, del cosmos y de la música, y cuyo
capítulo sobre el tarantismo será publicado regularmente
en sus obras ulteriores, hasta 1694. Como la obra de Matteo Zaccolini,
este capítulo habla no solamente de la musicoterapia
sino igualmente de la terapia del color para tratar la enfermedad;
Kircher, jesuita alemán que pasa la mayor parte de su
vida en Roma donde enseña en el Collegium Romanum, familiar
de los compositores que trabajaban esa época en el Palazzo
Barberini, tales como Kapsberger, Domenico Mazzocchi, Gregorio
Allegri, entre otros, publicó los extractos de sus obras
en su Musurgia Musicalis de 1650. Los ejemplos musicales referentes
al tratamiento del tarantismo son las primeras tarantelas escritas
en la historia de la música, y constan de toda una panoplia
de sonidos graves y de melodías que se las encuentra
hasta hoy, con ligeras variantes, dentro del repertorio de la
música tradicional de Italia del sur. El lenguaje musical
no tiene nada de arcaico: es el de los compositores contemporáneos
de Kircher, basado en los sonidos graves sostenidos elemento
fundamental de la música instrumental del siglo XVII
italiano. Kircher observa una distinción entre la tarantela
y sus subformas, a las que llama primo, secundo y terzo modus
y ottava siciliana, y la tarantela napolitana.
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