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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

El silencio en llamas

Por Carlos Garzón Noboa

Empezaré mencionando que el gran poeta venezolano Eugenio Montejo, en una suerte de credo poético que está contenido en su libro El Taller Blanco, dice de una manera contundente que " En todas las palabras de un poema ha de leerse siempre su necesidad, vale decir, _ continúa Montejo_ que una por una deben convencernos de que están allí porque son más necesarias que otras no empleadas, incluso, lo que todavía es más complicado, son más válidas que el mismo silencio. La necesidad constituye, pues, la principal brújula del poeta; ahora bien, _ concluye el poeta venezolano_ nada ayuda tanto como la emoción para esclarecer lo que de verdad es necesario."
He citado estas palabras porque creo, aunque toda creencia en arte es subjetiva y propensa a cambios a través del tiempo, que resultan claves y útiles para acercarnos a la creencia poética de Carmen Inés Perdomo porque tengo la certeza de que tanto en la vida como en el arte es válido y necesario trabajar con verdades útiles, entonces partiendo de esta premisa de origen budista podemos acercarnos a las profundas motivaciones del mundo poético de Carmen Inés Perdomo, mundo lleno de resplandores y delirios, nostalgias y retornos, deseos y vacíos, agonías y resurrecciones, que revelan un arduo trabajo con el lenguaje no exento de merodeos en torno al misterio de la creación poética. Cito :

DELIRIO
A la luz de los diamantes
la lluvia aguarda,
¿acaso vuelves con la piel raída
y los ojos llenos de manantiales?
despiertas entre quimeras doradas
al caer el sol
en los brazos del ocaso.
Al otro lado esperas
sobre barrotes de arena,
después, en la noche agónica,
te acodas entre las buhardillas,
buscas entre los sotos
el vibrar de alas,
y, entre las acequias,
la penumbra invade
trizando cada verso
en sus yertas ramas.

A lo lejos, el silencio en llamas.
Tal como lo sentimos la poética de Carmen Inés Perdomo fluye como una vertiente luminosa de imágenes y ritmos que pasa sin pasar, que se queda en la conciencia del lector quien se siente tocado por la gracia poética, gracia, en la mayoría de los casos tan difícil de alcanzar, pero cuando en verdad nos llega enseguida la reconocemos pues nos sentimos invadidos por ella, con una sensación de quedar inmersos en instantes imperecederos de súbitas iluminaciones que fluyen con ritmo siempre delicado y sereno, sin interferencias ni bruscas caídas. Cito:

BAMBOLEO
Suavemente se desliza la pequeña hoja
desdibujando su sombra
en los rincones retorcidos,
se esconde y vuelve a salir
entre los cajones del armario,
la hoja juega, liviana,
con su baile seductor
embriaga al que la observa
y deja llover sobre la fresca madera
el arte de su figura, cándida, suave
hasta que lentamente disuelve
en los últimos rincones
su pasión.

Ritmo cristalino, transparente, donde nosotros como lectores no tardamos nada en identificarnos, mientras constatamos que cada palabra, como decía Eugenio Montejo, responde a una impostergable necesidad de estar donde el sentido del poema lo requiere, ocupando en su frágil y a la vez poderoso engranaje un lugar insustituible, acercándose de esta manera a una plenitud siempre evanesiente y que es precisamente la base para la consolidación de un oficio serio y de un compromiso sin concesiones con el trabajo poético.
Sólo así la Poesía adquiere su inconfundible sello ontológico, cimentado en una constancia y en una fe irrenunciables y que a mi modo de ver son alicientes que nos permiten avanzar a través de las dificultades y de los callejones sin salida, productos de un sistema sociopolítico cada vez más indiferente hacia cualquier forma de Arte y preocupada solamente de sus mecanismos deficientes de producción económica para el pueblo dejando de lado los bienes espirituales del ser humano.
Por eso la poesía de Carmen Inés Perdomo retorna a los orígenes más puros de nuestra conciencia, recordándonos que a pesar de los tiempos difíciles en que vivimos, nuestro espíritu aún permanece intacto y tan pero tan blanco como el corazón de estas amantes páginas en las cuales esta joven poeta ha plasmado lo mejor de sí misma para compartirlo como un don colmado por el amor epifánico de la Poesía.

AUSENCIA

A Mami Carmen
El vacío vive
en el lecho de tus labios,
el mar no se atreve a ser tus lágrimas.

El silencio habita
en los vastos templos olvidados
donde se oculta tu rostro entre cenizas.

Recuerdo de una piedra sepultada en llanto
sobre la cual queda marcado tu nombre,
caricias que dejan
al cuerpo dormido entre siglos
en ese lugar donde el amor ya no habita
y donde al fin quedo libre entre jardines de espinas..
 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador