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La fusión musical,
una vieja historia
Diego Cazar Baquero
Una de las características
sobresalientes en la producción musical contemporánea
es, sin duda alguna, la fusión de géneros y estilos,
que durante los últimos años ha despuntado como
una novísima forma de composición en las propuestas
de la gran mayoría de creadores. El ska y el sanjuanito,
el rock y el pasacalle, el funk y la marimba esmeraldeña,
o el jazz y el vals son solo algunas de las combinaciones que
se proliferan en las nuevas expresiones en el Ecuador.
No obstante, su presencia no es tan reciente. La riqueza étnica,
la diversidad cultural y los distintos espacios territoriales
que posee la geografía ecuatoriana han permitido el desarrollo
y la convivencia de diversos géneros, así como
la interacción y fusión entre muchos de ellos a
lo largo de la historia.
LA MIXTURA
El primer signo de mestizaje
musical en la tierra que corresponde al actual Ecuador se dio
cuando los misioneros religiosos españoles que llegaron
con los conquistadores adaptaron los cantos y danzas autóctonos
a sus ritmos para construir plegarias y persuadir a los indígenas
haciendo uso de sus valores; les pusieron letras de carácter
religioso a los ritmos indígenas e hicieron de estas expresiones
elementos de culto en actos internos, desplazando el uso de disfraces
y máscaras para las celebraciones externas donde se conservaron
mayor cantidad de elementos originales. Un ejemplo de esta fusión
primaria es la que se refleja en el canto tradicional Salve,
(Salve, salve Gran Señora ...)
Pero el mestizaje no es un proceso deformatorio ni degradante
de la música durante la conquista. Para Segundo Luis Moreno,
destacado crítico, compositor y estudioso de la música
ecuatoriana, en este mestizaje "no han tenido arte ni parte
los indígenas", demostrando un "inquebrantable
tradicionalismo indígena, que sigue usando los mismos
cantares, danzas e instrumentos de la época precolombina",
es "una evolución en el desenvolvimiento del arte
autóctono, llevada a cabo, en este caso, por los blancos,
con mayor cultura y mejores recursos". Sin embargo, esa
convivencia ha sido siempre una lucha entre la dominación
y la sumisión, entre la resistencia y el poder.
MATICES NUEVOS
En efecto, el conjunto de características
étnicas de la música y de sus manifestaciones,
tanto públicas como privadas, adquiere matices nuevos
en el proceso de fusión que se presenta debido a los significativos
movimientos migratorios del campo a la ciudad. Si bien la mayor
parte de la música ecuatoriana primigenia responde a ese
primer proceso de mezcla entre los españoles conquistadores
y las comunidades indígenas, como en el caso del mal llamado
cachullapi, posteriormente se registra la conjunción entre
lo rural y lo urbano, desde un universo artístico musical
con nuevos elementos, entre los que intervienen procesos distintos
como la colonia, la estratificación social (blanco aristócrata,
mestizo, blanco-mestizo, criollo, cholo, indio, negro, mulato,
etc.) y el estatus socio-económico consecuente de estas
jerarquizaciones.
CON SABOR EUROPEO
Los géneros musicales
directamente provenientes de Europa (la danza campestre o contradanza,
basada en el country dance estadounidense; el vals alemán,
conocido en América como valse; el minué francés,
la polca o la cuadrilla), junto con sus bailes, fueron adoptados
sin mayor apreciación artística por las clases
aristocráticas de las ciudades, mientras que los llamados
tonos populares, o tonos locales, es decir, el sanjuanito, el
costillar, el amorfino, etc., fueron reforzados y practicados
por las clases populares y medias, tanto en los sectores rurales
como en las ciudades, con contextos distintos en éstas,
lo que permitió la posterior adaptación.
ÁFRICA, PRESENTE
La cultura negra esmeraldeña,
con el zapateo característico del baile de marimba, los
contrapunteos y décimas, las influencias afro, unidas
a la riqueza creativa de los lugareños, han engendrado
géneros que se interpretan también en la región
costera del sur de Colombia, con abundantes aportes rítmicos
como la caramba, la canoíta, el patacoré, el torbellino,
la zamba lora copetona, el andarele, etc.
La vertiente del son montuno está representada por los
reconocidos 'Chigualeros', en Esmeraldas, la capital del ritmo
tropical en el país; en Quito, mientras tanto, hicieron
de las suyas los 'Cimarrón', de Ataúlfo Tobar,
uno de los principales referentes y forjadores del movimiento
sonero.
Hoy, el son montuno, la salsa y el vallenato se han incluido
en las fiestas de la provincia, mezclándose con la música
étnica, interpretados por los Chigualeros, liderados por
Segundo Quintero y otras agrupaciones locales.
Con ellos, Los Reyes Band, el Combo Pachanguero, el grupo De
Luxe, Los Dukes, Los Fabulosos, y otros, expandieron la ola de
lo tropical hacia los restantes rincones del país con
el merengue, la cumbia, y demás ritmos calientes y danzas
populares de otras regiones de Centro y Sudamérica, y
también del Ecuador.
Al mismo tiempo, la marimba, el andarele, las décimas
y otros bailes y músicas de la provincia verde son algunos
de nuestros referentes rítmicos más importantes,
los mismos que sobreviven en las creaciones de grupos de música
contemporánea que se atreven a rescatar estos ritmos,
a veces relegados por la etiqueta del folclorismo, como 'Los
Tambores y otros Demonios' o 'La Grupa', y solistas como Héctor
Napolitano, Fabián Meneses, Alberto Caleris y Hugo Idrovo.
EL RITMO DE LA NATURALEZA
La música que se interpreta
en el Oriente ecuatoriano está ligada a la relación
hombre-Naturaleza de los pueblos indios, responde al carácter
funcional de sus ritmos de vida y se manifiesta como elemento
simbólico inherente a todas las actividades de convivencia,
al trabajo de la tierra y al de recolección, en medio
de universos míticos y leyendas dueños de una carga
simbólica exuberante.
Es en esta región donde se puede apreciar el elevado nivel
de significación y representatividad que tienen los sonidos
musicales, casi siempre enmarcados en sistemas tonales distintos
a los conocidos en la actualidad, y acompañados, generalmente,
por la danza, en relación con el entorno natural.
La carga ritual también está presente en las numerosas
manifestaciones musicales de la Sierra; la temporada de cosecha,
por ejemplo, se vive en un contexto de fiesta (carnavales) en
el que se conjuga lo católico y lo pagano, y en el que
se destaca la interpretación del danzante y el yumbo,
géneros precolombinos considerados los fundamentos rítmicos
y melódicos de la música ecuatoriana.
LOS GÉNEROS URBANOS
Actualmente, la inusitada libertad
de composición musical ha permitido que se acentúe
la estrategia de fusionar ritmos locales con los más sonados
géneros urbanos contemporáneos, con el fin de proponer
cosas novedosas y desarrollar mecanismos de identificación
particular en cada banda o en cada solista. La fusión
musical, a fin de cuentas, se ha convertido en una suerte de
estrategia cultural para revitalizar elementos artísticos
autóctonos y devolverles vigencia en medio de la avasallante
presencia de una industria discográfica que, con excepciones,
reduce estas expresiones a simples ornamentos folclóricos
y alegorías para turistas.
ESAS DELICIOSAS 'BANDAS
MOCHAS'
No se puede dejar de mencionar
el trabajo musical de las 'bandas mochas', de la población
negra de la cuenca del río Chota-Mira, que se conformaron
a finales del siglo XIX por músicos que interpretaron
instrumentos extraídos de la misma Naturaleza, tales como
la hoja del naranjo o del limonero, instrumentos parlantes como
la cabuya, el puro; y otros de procedencia occidental como la
flauta traversa y la flauta vertical o pingullo, imitando a los
instrumentos que usaban por entonces las bandas de guerra o las
tradicionales bandas de pueblo, con instrumentos 'occidentales'.
Las bandas mochas, en general, incorporan en su repertorio ritmos
tradicionales como el albazo, el pasillo, el sanjuanito, el fox
incaico, pero esencialmente la bomba, que son interpretados en
celebraciones rituales o festividades paganas consolidadas en
estas comunidades negras desde finales del siglo XIX y principios
del siglo XX.
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