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Se
robó el corazón de los lojanos
Hugo Oquendo, el Paganini
de la guitarra
Con una guitarra, un micrófono
y el arte en las manos, Hugo Oquendo deleitó, durante
dos horas, al público lojano que volvió a
escuchar al Paganini de la Guitarra, luego de 40 años
de ausencia. Al término de la jornada, los aplausos de
pie se prolongaron por más de cinco minutos como tributo
a su talento y humildad.
Karla Jaramillo Puertas
La pasión de Hugo Oquendo
nació a los cinco años de edad, cuando su madre
le obsequió una guitarra. Sentimientos de alegría
y emoción le embargaron. En ese instante corrió
a abrazar a su mamá y al regalo. Su rostro se llenó
de lágrimas mientras al interior escuchaba que el instrumento
le hablaba: "yo vengo desde muy lejos Hugo, he atravesado
mares, he venido a América a buscar manos pero te prometo
que nunca te abandonaré en un momento dado de la vida
sólo me tendrás a mí". Y así
fue. Por varias décadas su guitarra le ha acompañado
y ha estado con él presente en diferentes países
del mundo, donde los aplausos han sido el reconocimiento de su
agudeza, tenacidad y sencillez.
Medios de comunicación como El Espectador de Colombia
señala: El estilo de Hugo Oquendo no admite imitaciones
ni comparaciones. La música que interpreta es su manera
de sentir", La Prensa de Buenos Aires resalta "escuchar
su música, es como recibir una gracia particular"
y los mexicanos en El Excelsior dicen "pasarán muchos
años para volver a presentar a un artista de su categoría".
En esta ocasión, los lojanos tuvieron la oportunidad de
escuchar a este grande de la guitarra luego de cuatro décadas
de ausencia.
Al Teatro El Dorado de la Casa de la Cultura, Núcleo de
Loja, asistieron las personas amantes de la música así
como jóvenes que han iniciado su carrera en el Conservatorio
Salvador Bustamante Celi, quienes con admiración y respeto
contemplaban al maestro de guitarra para luego del concierto
pedir un autógrafo en uno de los CD que trajo al país,
pues éstos solo se consiguen en Italia.
El concierto estuvo lleno de alegrías. El movimiento de
sus manos sobre las cuerdas era tan suave y ligero que transportaba
a otro tiempo y espacio, transmitiendo un cúmulo de
sensaciones. Al término de cada canción contaba,
como si fuera un diálogo con los asistentes, las anécdotas
de su vida.
DESPEDIDA CON SU MADRE
Su mamacita, manera como se refería a su progenitora,
estuvo presente en las dos horas de concierto, luego de cada
interpretación, mencionaba algún pasaje de su vida
con ella. El más doloroso, sin duda, fue cuando recordó,
con lágrimas en los ojos, como en el lecho del dolor le
pidió permiso para ir a dar un concierto para cuatro mil
niños pobres en Medellín, Colombia, y no poder
estar más tiempo con ella. Era un compromiso que lo había
adquirido con antelación y debía cumplir. Las entradas
ya estaban vendidas. Su progenitora para asesorarse que quien
le hablaba era Hugo, le buscó las yemas de sus dedos para
sentir los callos, huellas de los interminables rasgados de la
guitarra. Fue la última vez que la vio en vida, sus palabras
se convirtieron en una predicción: "yo nunca moriré
en tu corazón, ve tranquilo" y le hizo una petición
final que le tocara la canción, cuando llegaba fuera de
horas a casa, pues así evitaba castigos de su mamá,
ya que en ese tiempo Oquendo tenía muchas ilusiones de
llegar a ser un gran torero. Otra faceta de este artista.
Es que ahí también estuvo presente su mamá.
Mentalmente, retrocedió muchos años, cuando la
primera vez que se echó al ruedo, salió en hombros
de la Plaza Arenas de Quito, cumpliendo uno de los deseos más
fervorosos de su madre, pero su afición por el toreo le
duró hasta los 27 años.
PAGANINI DE LA GUITARRA
El nombre artístico de Oquendo nace en el Teatro de Milán,
Italia. Mientras tocaba la guitarra se le rompió la cuerda
Mi, pero no se dejó inquietar por el percance y continuó
tocando, luego se le arrancó la cuerda Re y tampoco se
inmutó. Cuando abrió sus ojos todo el público
del teatro, más grande del mundo, le aplaudía de
pie por la hazaña que años atrás había
realizado por primera vez el Paganini del Violín.
Entre los asistentes estaba el Alcalde de este distrito. Subió
al escenario, recogió las cuerdas y en ese momento le
declaró el Paganini de la Guitarra. Así, sus cuerdas
y el violín de estos personajes se encuentran en el museo
de Milán por su trascendencia en la historia de la música
universal.
EL SOLDADITO DE CHOCOLATE
Evocando, una vez más, a su madre, se acordó cuando
le preguntaba "¿cuándo seré grande,
cuándo seré hombre?" Y mamá me dijo:
"hombre grande Víctor Hugo serás eso algún
día, claro que lo serás, pero siempre que tu corazón
siga siendo el de un niño". Para esa frase yo compuse
la obra <El soldadito de chocolate>. Para hombres que tienen
80 años cierran los ojitos y van sintiendo el tambor de
los clarines que se opacan en el tiempo".
El color ceniza de su cabello, no sólo demuestra los años
transcurridos en su vida, sino también reflejan las noches
de vela dedicadas a entonar el instrumento como cuando compuso
la Batalla de Pichincha en la tierra del libertador Simón
Bolívar.
Sin duda, Oquendo deleitó a Loja no solo por la calidad
de su interpretación y composición musicales, sino
por su entrega en el escenario. Reprodujo en la guitarra el sonido
de las campanas de las iglesias, balanceando la guitarra de un
lado hacia otro y tocando una por una las cuerdas. El sonido
fue exacto. Hasta cantó una de sus canciones favoritas
cuando apenas daba sus primeros pasos en las cuerdas. Estas muestras
reflejan la entrega honesta con su eterno confidente: el público.
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