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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Se robó el corazón de los lojanos

Hugo Oquendo, el Paganini de la guitarra

Con una guitarra, un micrófono y el arte en las manos, Hugo Oquendo deleitó, durante dos horas, al público lojano que volvió  a escuchar al Paganini de la Guitarra, luego de 40 años de ausencia. Al término de la jornada, los aplausos de pie se prolongaron por más de cinco minutos como tributo a su talento y humildad.

Karla Jaramillo Puertas

La pasión de Hugo Oquendo nació a los cinco años de edad, cuando su madre le obsequió una guitarra. Sentimientos de alegría y emoción le embargaron. En ese instante corrió a abrazar a su mamá y al regalo. Su rostro se llenó de lágrimas mientras al interior escuchaba que el instrumento le hablaba: "yo vengo desde muy lejos Hugo, he atravesado mares, he venido a América a buscar manos pero te prometo que nunca te abandonaré en un momento dado de la vida sólo me tendrás a mí". Y así fue. Por varias décadas su guitarra le ha acompañado y ha estado con él presente en diferentes  países del mundo, donde los aplausos han sido el reconocimiento de su agudeza, tenacidad y sencillez.
Medios de comunicación como El Espectador de Colombia señala: El estilo de Hugo Oquendo no admite imitaciones ni comparaciones. La música que interpreta es su manera de sentir", La Prensa de Buenos Aires resalta "escuchar su música, es como recibir una gracia particular" y los mexicanos en El Excelsior dicen "pasarán muchos años para volver a presentar a un artista de su categoría". En esta ocasión, los lojanos tuvieron la oportunidad de escuchar a este grande de la guitarra luego de cuatro décadas de ausencia.
Al Teatro El Dorado de la Casa de la Cultura, Núcleo de Loja, asistieron las personas amantes de la música así como jóvenes que han iniciado su carrera en el Conservatorio Salvador Bustamante Celi, quienes con admiración y respeto contemplaban al maestro de guitarra para luego del concierto pedir un autógrafo en uno de los CD que trajo al país, pues éstos solo se consiguen en Italia. 
El concierto estuvo lleno de alegrías. El movimiento de sus manos sobre las cuerdas era tan suave y ligero que transportaba a otro tiempo y espacio, transmitiendo un cúmulo de  sensaciones. Al término de cada canción contaba, como si fuera un diálogo con los asistentes, las anécdotas de su vida.
 
DESPEDIDA CON SU MADRE
Su mamacita, manera como se refería a su progenitora, estuvo presente en las dos horas de concierto, luego de cada interpretación, mencionaba algún pasaje de su vida con ella. El más doloroso, sin duda, fue cuando recordó, con lágrimas en los ojos, como en el lecho del dolor le pidió permiso para ir a dar un concierto para cuatro mil niños pobres en Medellín, Colombia, y no poder estar más tiempo con ella. Era un compromiso que lo había adquirido con antelación y debía cumplir. Las entradas ya estaban vendidas. Su progenitora para asesorarse que quien le hablaba era Hugo, le buscó las yemas de sus dedos para sentir los callos, huellas de los interminables rasgados de la guitarra. Fue la última vez que la vio en vida, sus palabras se convirtieron en una predicción: "yo nunca moriré en tu corazón, ve tranquilo" y le hizo una petición final que le tocara la canción, cuando llegaba fuera de horas a casa, pues así evitaba castigos de su mamá, ya que en ese tiempo Oquendo tenía muchas ilusiones de llegar a ser un gran torero. Otra faceta de este artista. 
Es que ahí también estuvo presente su mamá. Mentalmente, retrocedió muchos años, cuando la primera vez que se echó al ruedo, salió en hombros de la Plaza Arenas de Quito, cumpliendo uno de los deseos más fervorosos de su madre, pero su afición por el toreo le duró hasta los 27 años.
 
PAGANINI DE LA GUITARRA
El nombre artístico de Oquendo nace en el Teatro de Milán, Italia. Mientras tocaba la guitarra se le rompió la cuerda Mi, pero no se dejó inquietar por el percance y continuó tocando, luego se le arrancó la cuerda Re y tampoco se inmutó. Cuando abrió sus ojos todo el público del teatro, más grande del mundo, le aplaudía de pie por la hazaña que años atrás había realizado por primera vez el Paganini del Violín.  
Entre los asistentes estaba el Alcalde de este distrito. Subió al escenario, recogió las cuerdas y en ese momento le declaró el Paganini de la Guitarra. Así, sus cuerdas y el violín de estos personajes se encuentran en el museo de Milán por su trascendencia en la historia de la música universal.
 
EL SOLDADITO DE CHOCOLATE
Evocando, una vez más, a su madre, se acordó cuando le preguntaba "¿cuándo seré grande, cuándo seré hombre?" Y mamá me dijo: "hombre grande Víctor Hugo serás eso algún día, claro que lo serás, pero siempre que tu corazón siga siendo el de un niño". Para esa frase yo compuse la obra <El soldadito de chocolate>. Para hombres que tienen 80 años cierran los ojitos y van sintiendo el tambor de los clarines que se opacan en el tiempo". 
El color ceniza de su cabello, no sólo demuestra los años transcurridos en su vida, sino también reflejan las noches de vela dedicadas a entonar el instrumento como cuando compuso la Batalla de Pichincha en la tierra del libertador Simón Bolívar. 
Sin duda, Oquendo deleitó a Loja no solo por la calidad de su interpretación y composición musicales, sino por su entrega en el escenario. Reprodujo en la guitarra el sonido de las campanas de las iglesias, balanceando la guitarra de un lado hacia otro y tocando una por una las cuerdas. El sonido fue exacto. Hasta cantó una de sus canciones favoritas cuando apenas daba sus primeros pasos en las cuerdas. Estas muestras reflejan la entrega honesta con su eterno confidente: el público.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador