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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

La música, un lenguaje ideal de expresión

VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA
victormanuelguzman@piscis.com

En el complejo arte del sonido intervienen elementos de gran importancia (melodía, ritmo, forma, timbre, dinámica, etc.), todos ellos necesarios para que una obra musical sea capaz de transmitir mensajes que afecten con distintas intensidades al estado anímico del ser humano, y posiblemente el factor que más influencia aporta a esta transmisión, sea el efecto armónico (arte de formar y enlazar acordes) ya que es la armonía la que de una forma determinante considera más exactamente los muy diversos estados de consonancias (diferentes ambientes de reposo) y disonancias (diferentes estados de tensión).
Un solo sonido, nunca nos dará sensación de consonancia o disonancia y para que éstas se produzcan tendremos que tener al menos la sonoridad de tres distintos (acorde) que corresponderá a la unión de dicho sonido (fundamental) y dos sonidos armónicos, llamados también sonidos alícuotas o contamitantes. (Los sonidos armónicos son producidos por la naturaleza, al recibir cuerpos capaces de vibrar las ondas sonoras que emite un sonido fundamental al espacio).

LOS SONIDOS
Si escogemos diversos sonidos fundamentales y los emitimos de forma diversa con diferentes combinaciones de sus respectivos armónicos, con la finalidad de que sean consonancias o disonancias, enlazando estas de una determinada forma decidida por el respectivo compositor, se obtendrá un material sonoro con el que se podrá configurar una estructura que sirva de contenido armónico a una obra musical.
Filosóficamente podemos expresar que las emociones son construidas culturalmente, esto es, que cada época y cultura tienen un modo particular de vivir las emociones, e incluso de dotarlas de contenido. Y es precisamente lo que echamos de menos en la interpretación de Fernando Báez, el sentir la claridad, la depuración. Su piano suena muchas veces, echándole imaginación, agitado internamente, como si no estuviera muy controlado. El sentido musical nos pide contención, eliminar masa sonora y ciertos efectos pedalísticos, hacia un estilo más distante, mediado, donde el piano se revele más cristalino, más perfeccionista en el manejo de la duración del sonido, acortando siempre un poco antes, sin que esto signifique merma alguna de la 'verdad' artística, de la calidad humana de la música.

LAS FACETAS DEL MÚSICO
Queremos decir con esto que autores como el que ahora nos interesa, Fernando Báez Villa, merecen seguir siendo tocados y estudiados en el ámbito pianístico, por su propio valor intrínseco y por la necesidad de tener un referente para poder construir el tejido artístico y vital del que brota de sus composiciones que estoy seguro que pasarán a la historia sobre todo por ser el pionero en el Ecuador del mundo mágico de New Age.
Su faceta de virtuoso del piano ya tiene su camino por su producción en el terreno concertístico, sin olvidar el Gran dúo que hace con su piano, y de su música de piano son bastante conocidos los conciertos: Dueño de tu Darhma ; Nostalgia en Flemington; piezas festivas y elegantes, llena de encanto, para piano solo.
Su música tanto en rasgos de estilo como en la propia esencia de sus piezas, está totalmente orientadas a lo escénico, a la sala de conciertos y pensadas para arrancar el aplauso del público. Esto le lleva a practicar un tremendo virtuosismo en el piano, con el consiguiente desarrollo de recursos de un instrumento que consolidando su éxito. Báez se sitúa en una generación de virtuosos del piano. Músico verdaderamente incansable, que toca programas largos y muy heterogéneos. Es capaz de realizar verdaderas acrobacias en el piano al límite del delirio.

SUS OBRAS
Hay que insistir en la imaginación tímbrica de nuestro compositor, pues es un buen orquestador, y enriquece notablemente las posibilidades del piano, creando recursos específicamente pianísticos, que dominaba perfectamente con su gran mano. Obras como Acuario 12; Autorretrato; Fenómeno; Una noche en Cíterea nos da una idea de su dominio del piano, de su adecuada síntesis entre innovación y equilibrio sonoro. Su piano suena poderoso, amplio, 'dramático'. Su imaginación pianística está por encima de la idea musical, y esto la realza y la hace aparecer como más sustanciosa.
Fernando Báez resuelve despreocupadamente las grandes dificultades de estas músicas a gran velocidad, que exigen claridad en la dicción pianística, dibujos de juego perlado, grandes acordes, potentes octavas, escalas en terceras, etc. Todo ello se realiza con una técnica admirable, de grandes recursos y dominio de las posibilidades sonoras del piano. Pero se tiene la sensación de que hay algo extraño, de alguna manera ajena al estilo, que parece distorsionar ligeramente la expresión de algunas piezas. Sabemos la problemática de tocar en el piano una música moderna, una música que es complicado situar: no es clasicismo a la manera de Mozart o Haydn, pero tampoco pertenece con rigor al pianismo romántico. Hay un difícil equilibrio entre una expresión clásica, contenida, pero vertida en una escritura de grandes efectos.

UN BUEN LOGRO
Hace pocos días presentó en Ibarra ­su ciudad natal- al oído del tiempo presentó su segundo trabajo titulado Piano mágico con la interpretación de una selección de composiciones que se les puede calificar como históricas: 'Sangre ecuatoriana', 'Nostalgias', 'Desde el alma', 'Granada', 'Por una cabeza', 'Funiculi Funicola', 'Adiós anónimo', 'La chica de Ipanema', 'Historia de amor', 'Libertango', 'Reir Llorando' y dos que constituyen la música emblemática de Ibarra: 'Linda ibarreña' y 'Reina y señora'. Con su virtuosismo al piano el maestro Báez interpreta con belleza desde el punto de vista estilístico este repertorio muy conocido. Un buen logro que deja la puerta abierta a otras grabaciones de la misma serie.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador