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La música, un lenguaje
ideal de expresión
VÍCTOR MANUEL GUZMÁN
VILLENA
victormanuelguzman@piscis.com
En el complejo arte del sonido intervienen elementos de gran
importancia (melodía, ritmo, forma, timbre, dinámica,
etc.), todos ellos necesarios para que una obra musical sea capaz
de transmitir mensajes que afecten con distintas intensidades
al estado anímico del ser humano, y posiblemente el factor
que más influencia aporta a esta transmisión, sea
el efecto armónico (arte de formar y enlazar acordes)
ya que es la armonía la que de una forma determinante
considera más exactamente los muy diversos estados de
consonancias (diferentes ambientes de reposo) y disonancias (diferentes
estados de tensión).
Un solo sonido, nunca nos dará sensación de consonancia
o disonancia y para que éstas se produzcan tendremos que
tener al menos la sonoridad de tres distintos (acorde) que corresponderá
a la unión de dicho sonido (fundamental) y dos sonidos
armónicos, llamados también sonidos alícuotas
o contamitantes. (Los sonidos armónicos son producidos
por la naturaleza, al recibir cuerpos capaces de vibrar las ondas
sonoras que emite un sonido fundamental al espacio).
LOS SONIDOS
Si escogemos diversos sonidos fundamentales y los emitimos de
forma diversa con diferentes combinaciones de sus respectivos
armónicos, con la finalidad de que sean consonancias o
disonancias, enlazando estas de una determinada forma decidida
por el respectivo compositor, se obtendrá un material
sonoro con el que se podrá configurar una estructura
que sirva de contenido armónico a una obra musical.
Filosóficamente podemos expresar que las emociones son
construidas culturalmente, esto es, que cada época y cultura
tienen un modo particular de vivir las emociones, e incluso de
dotarlas de contenido. Y es precisamente lo que echamos de menos
en la interpretación de Fernando Báez, el sentir
la claridad, la depuración. Su piano suena muchas veces,
echándole imaginación, agitado internamente, como
si no estuviera muy controlado. El sentido musical nos pide contención,
eliminar masa sonora y ciertos efectos pedalísticos, hacia
un estilo más distante, mediado, donde el piano se revele
más cristalino, más perfeccionista en el manejo
de la duración del sonido, acortando siempre un poco antes,
sin que esto signifique merma alguna de la 'verdad' artística,
de la calidad humana de la música.
LAS FACETAS DEL MÚSICO
Queremos decir con esto que autores como el que ahora nos interesa,
Fernando Báez Villa, merecen seguir siendo tocados y estudiados
en el ámbito pianístico, por su propio valor intrínseco
y por la necesidad de tener un referente para poder construir
el tejido artístico y vital del que brota de sus composiciones
que estoy seguro que pasarán a la historia sobre todo
por ser el pionero en el Ecuador del mundo mágico de New
Age.
Su faceta de virtuoso del piano ya tiene su camino por su producción
en el terreno concertístico, sin olvidar el Gran dúo
que hace con su piano, y de su música de piano son bastante
conocidos los conciertos: Dueño de tu Darhma ; Nostalgia
en Flemington; piezas festivas y elegantes, llena de encanto,
para piano solo.
Su música tanto en rasgos de estilo como en la propia
esencia de sus piezas, está totalmente orientadas a lo
escénico, a la sala de conciertos y pensadas para arrancar
el aplauso del público. Esto le lleva a practicar un tremendo
virtuosismo en el piano, con el consiguiente desarrollo de recursos
de un instrumento que consolidando su éxito. Báez
se sitúa en una generación de virtuosos del piano.
Músico verdaderamente incansable, que toca programas largos
y muy heterogéneos. Es capaz de realizar verdaderas acrobacias
en el piano al límite del delirio.
SUS OBRAS
Hay que insistir en la imaginación tímbrica de
nuestro compositor, pues es un buen orquestador, y enriquece
notablemente las posibilidades del piano, creando recursos específicamente
pianísticos, que dominaba perfectamente con su gran mano.
Obras como Acuario 12; Autorretrato; Fenómeno; Una noche
en Cíterea nos da una idea de su dominio del piano, de
su adecuada síntesis entre innovación y equilibrio
sonoro. Su piano suena poderoso, amplio, 'dramático'.
Su imaginación pianística está por encima
de la idea musical, y esto la realza y la hace aparecer como
más sustanciosa.
Fernando Báez resuelve despreocupadamente las grandes
dificultades de estas músicas a gran velocidad, que exigen
claridad en la dicción pianística, dibujos de juego
perlado, grandes acordes, potentes octavas, escalas en terceras,
etc. Todo ello se realiza con una técnica admirable, de
grandes recursos y dominio de las posibilidades sonoras del piano.
Pero se tiene la sensación de que hay algo extraño,
de alguna manera ajena al estilo, que parece distorsionar ligeramente
la expresión de algunas piezas. Sabemos la problemática
de tocar en el piano una música moderna, una música
que es complicado situar: no es clasicismo a la manera de Mozart
o Haydn, pero tampoco pertenece con rigor al pianismo romántico.
Hay un difícil equilibrio entre una expresión clásica,
contenida, pero vertida en una escritura de grandes efectos.
UN BUEN LOGRO
Hace pocos días presentó en Ibarra su ciudad
natal- al oído del tiempo presentó su segundo trabajo
titulado Piano mágico con la interpretación de
una selección de composiciones que se les puede calificar
como históricas: 'Sangre ecuatoriana', 'Nostalgias', 'Desde
el alma', 'Granada', 'Por una cabeza', 'Funiculi Funicola', 'Adiós
anónimo', 'La chica de Ipanema', 'Historia de amor', 'Libertango',
'Reir Llorando' y dos que constituyen la música emblemática
de Ibarra: 'Linda ibarreña' y 'Reina y señora'.
Con su virtuosismo al piano el maestro Báez interpreta
con belleza desde el punto de vista estilístico este repertorio
muy conocido. Un buen logro que deja la puerta abierta a otras
grabaciones de la misma serie.
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