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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

José Carreras, en Ecuador

Efraín Villacís

 El catalán José María Carreras es ahora un tenor maduro, maneja su voz incomparable con la misma maestría y solvencia con que se mueve en el escenario, lejos está aquel joven que aprendía, con Juan Ruax, a cantar con naturalidad, sin artificios, inclusive sentado, fue Ruax la piedra filosofal de su arte. Ha interpretado infinidad de óperas desde las más conocidas como Lucía, La Bohemia o Rigoletto hasta menos comunes del gran repertorio lírico: Il corsaro, Elizabeth de Inglaterra, La Pietra del Paragone o Thais de Massenet. Carreras decía en una entrevista con José Antonio Solano que "... para cantar lo menos imprescindible es la voz." Porque, según su criterio, primero es el corazón, luego la inteligencia y al final el instrumento.

Más vale tarde que nunca decimos cuando algo anhelado nos llega, nos es dado o lo hemos logrado, luego de una larga espera o de una casi infinita caricia a un sueño. Al catalán José María Carreras quién no lo ha escuchado, saber de él o de su oficio de cantor es tan común como conocer la aspirina aunque no sepamos su composición química.

Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras se ofrecieron al mundo bajo la dirección de Herbert von Karajan. Juntos los tres tenores cantaron en grandes ciudades de todos los continentes; entre ruinas chinas, griegas o romanas, bajo las pirámides de Egipto, en la Meca y hasta en el Sahara.

La riqueza cromática del catalán, el lirismo virtuoso y alegre del italiano (Módena) y la elegante, múltiple tesitura del madrileño se unieron no sólo para ofrecernos arias de óperas universales o bellas canciones de clásicos trovadores sino también el casi infinito repertorio de música popular, de ayer y ahora, de las culturas que han visitado: tangos, boleros, valses peruanos, canciones regionales europeas, zarzuela, cumbia, son cubano y tantos otros ritmos y géneros; ahora, cuentan, Carreras cantará un pasillo ecuatoriano.

Como casi todos los artistas de fuste, don José quiso ser cantante desde niño. Luego de participar en algunas óperas debuta oficialmente, a los dieciocho años, cantando Lucrecia Borgia junto a Monserrat Caballé. De ahí en adelante el éxito y la fama no se hicieron esperar. La tenacidad, el talento y la bella calidez de su voz lo han convertido en uno de los más grandes tenores del orbe. Ha sido comparado, aun con la diferencia de voces, con Giuseppe Di Stefano cuyo timbre y sensibilidad musical no tiene parangón en las últimas décadas. Hablar del brillante recorrido artístico de este tenor requiere de otro espacio. Carreras, se ha dicho, es el único tenor que puede hacerle competencia a Domingo. Separados por cuestiones políticas ninguno de los dos ha dejado de reconocer el talento del otro.

Carreras enfermó de leucemia y luego de varios y costosos tratamientos se recuperó definitivamente en la Fundación 'Hermosa' creada por Plácido Domingo para ayudar a enfermos de cáncer. Cuando se le preguntó al cantor madrileño por qué creó una Fundación que beneficiaba a su 'enemigo' éste contesto simplemente. "Porque no se puede perder una voz como esa". El alto nivel artísticodel catalán es parte ya de la leyenda de los grandes de la lírica universal.

José Carreras en el Ecuador, por fin, dicen muchos, porque implica que el nombre de este país se oirá afuera en la voz de este gigante, claro que quienes lo escucharán en vivo no pasan de dos mil individuos, por el aforo de los teatros pero, especialmente, por el costo de las entradas. ¿Por qué no se les ocurrió a los organizadores un magno evento en el estadio Atahualpa? por ejemplo. Se organizan eventos así en Europa con artistas de ese calibre, al tenor, seguro, le habría gustado la idea, así muchos más habríamos tenido la oportunidad de escucharlo en vivo y verlo, aunque sea con binoculares. Quizás la agenda del artista no lo permite, pero habría sido muy provechoso que el divo catalán diera una charla magistral a los cantantes líricos ecuatorianos, es decir un intercambio más cercano que con una estrella vista con un telescopio.

Bien, la bravura de Carreras, como artista y como hombre, la belleza de su timbre, su histrionismo al abordar los personajes operísticos, el fraseo expresivo de su instrumento, el manejo exquisito de la media voz y los pianísimos, llega a Quito, a cantar en el Teatro Nacional Sucre con la Orquesta Sinfónica Nacional. Don José, como acostumbra, dará todo de sí, sin embargo creemos que la altura lo sorprenderá y sus interpretaciones serán más rápidas, sin adornos, y los compases no se extenderán, sin calderones, es decir no alargará, a discreción, en una nota o pausa. Esto no quiere decir que faltará calidad, simplemente que cantará diferente, comunicando y compartiendo emociones, sensaciones e ideas que brotarán de la sublimidad de su voz.

A los Andes se llega tarde cuando se viene del otro lado del mar, aquí todo parece suceder más despacio, sin embargo, en pausas como éstas, sí nos permitimos calderones en nuestras vidas, para llegar a casa, poner un disco y escuchar al catalán interpretando 'El lamento de Federico' de La arlesiana de Cilea, 'Cavalleria Rusticana' de Mascagni, la 'Andaluza' de Granados o 'No puede ser' de la La tabernera del puerto de Sorozábal. Esto sí puede ser.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador