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José
Carreras, en Ecuador
Efraín Villacís
El catalán José
María Carreras es ahora un tenor maduro, maneja su voz
incomparable con la misma maestría y solvencia con que
se mueve en el escenario, lejos está aquel joven que aprendía,
con Juan Ruax, a cantar con naturalidad, sin artificios, inclusive
sentado, fue Ruax la piedra filosofal de su arte. Ha interpretado
infinidad de óperas desde las más conocidas como
Lucía, La Bohemia o Rigoletto hasta menos comunes del
gran repertorio lírico: Il corsaro, Elizabeth de Inglaterra,
La Pietra del Paragone o Thais de Massenet. Carreras decía
en una entrevista con José Antonio Solano que "...
para cantar lo menos imprescindible es la voz." Porque,
según su criterio, primero es el corazón, luego
la inteligencia y al final el instrumento.
Más vale tarde que nunca
decimos cuando algo anhelado nos llega, nos es dado o lo hemos
logrado, luego de una larga espera o de una casi infinita caricia
a un sueño. Al catalán José María
Carreras quién no lo ha escuchado, saber de él
o de su oficio de cantor es tan común como conocer la
aspirina aunque no sepamos su composición química.
Luciano Pavarotti, Plácido
Domingo y José Carreras se ofrecieron al mundo bajo la
dirección de Herbert von Karajan. Juntos los tres tenores
cantaron en grandes ciudades de todos los continentes; entre
ruinas chinas, griegas o romanas, bajo las pirámides de
Egipto, en la Meca y hasta en el Sahara.
La riqueza cromática
del catalán, el lirismo virtuoso y alegre del italiano
(Módena) y la elegante, múltiple tesitura del madrileño
se unieron no sólo para ofrecernos arias de óperas
universales o bellas canciones de clásicos trovadores
sino también el casi infinito repertorio de música
popular, de ayer y ahora, de las culturas que han visitado: tangos,
boleros, valses peruanos, canciones regionales europeas, zarzuela,
cumbia, son cubano y tantos otros ritmos y géneros; ahora,
cuentan, Carreras cantará un pasillo ecuatoriano.
Como casi todos los artistas
de fuste, don José quiso ser cantante desde niño.
Luego de participar en algunas óperas debuta oficialmente,
a los dieciocho años, cantando Lucrecia Borgia junto a
Monserrat Caballé. De ahí en adelante el éxito
y la fama no se hicieron esperar. La tenacidad, el talento y
la bella calidez de su voz lo han convertido en uno de los más
grandes tenores del orbe. Ha sido comparado, aun con la diferencia
de voces, con Giuseppe Di Stefano cuyo timbre y sensibilidad
musical no tiene parangón en las últimas décadas.
Hablar del brillante recorrido artístico de este tenor
requiere de otro espacio. Carreras, se ha dicho, es el único
tenor que puede hacerle competencia a Domingo. Separados por
cuestiones políticas ninguno de los dos ha dejado de reconocer
el talento del otro.
Carreras enfermó de
leucemia y luego de varios y costosos tratamientos se recuperó
definitivamente en la Fundación 'Hermosa' creada por Plácido
Domingo para ayudar a enfermos de cáncer. Cuando se le
preguntó al cantor madrileño por qué creó
una Fundación que beneficiaba a su 'enemigo' éste
contesto simplemente. "Porque no se puede perder una voz
como esa". El alto nivel artísticodel catalán
es parte ya de la leyenda de los grandes de la lírica
universal.
José Carreras en el
Ecuador, por fin, dicen muchos, porque implica que el nombre
de este país se oirá afuera en la voz de este gigante,
claro que quienes lo escucharán en vivo no pasan de dos
mil individuos, por el aforo de los teatros pero, especialmente,
por el costo de las entradas. ¿Por qué no se les
ocurrió a los organizadores un magno evento en el estadio
Atahualpa? por ejemplo. Se organizan eventos así en Europa
con artistas de ese calibre, al tenor, seguro, le habría
gustado la idea, así muchos más habríamos
tenido la oportunidad de escucharlo en vivo y verlo, aunque sea
con binoculares. Quizás la agenda del artista no lo permite,
pero habría sido muy provechoso que el divo catalán
diera una charla magistral a los cantantes líricos ecuatorianos,
es decir un intercambio más cercano que con una estrella
vista con un telescopio.
Bien, la bravura de Carreras,
como artista y como hombre, la belleza de su timbre, su histrionismo
al abordar los personajes operísticos, el fraseo expresivo
de su instrumento, el manejo exquisito de la media voz y los
pianísimos, llega a Quito, a cantar en el Teatro Nacional
Sucre con la Orquesta Sinfónica Nacional. Don José,
como acostumbra, dará todo de sí, sin embargo creemos
que la altura lo sorprenderá y sus interpretaciones serán
más rápidas, sin adornos, y los compases no se
extenderán, sin calderones, es decir no alargará,
a discreción, en una nota o pausa. Esto no quiere decir
que faltará calidad, simplemente que cantará diferente,
comunicando y compartiendo emociones, sensaciones e ideas que
brotarán de la sublimidad de su voz.
A los Andes se llega tarde
cuando se viene del otro lado del mar, aquí todo parece
suceder más despacio, sin embargo, en pausas como éstas,
sí nos permitimos calderones en nuestras vidas, para llegar
a casa, poner un disco y escuchar al catalán interpretando
'El lamento de Federico' de La arlesiana de Cilea, 'Cavalleria
Rusticana' de Mascagni, la 'Andaluza' de Granados o 'No puede
ser' de la La tabernera del puerto de Sorozábal. Esto
sí puede ser.
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