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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Charlie Parker:

Improvisando un puzzle con swing-information

Efraín Villacís
nevillacis@hotmail.com

Alguna vez vi a la negra Billie Holiday, en un video sobre la Historia del jazz, y me prendé de ella y de la 'cueva' desde donde cantaba, arrimada a la barra, como sosteniéndose de la ebriedad de la música, drogas, alcohol y del sáfico y desenfrenado deseo. Billie es el swing, improvisaba, sin importar el qué sino el cómo, alteraba la armonía con un fraseo muy personal, único: 'Lo que una pequeña luz de luna puede hacer'. La leyenda de la Holiday está cruzada por todos los tajos de la maledicencia, la ficción, odio racial y discriminación de género, cuentan que alguna vez se maquilló de negra para poder cantar pues era demasiado blanca para los negros de la orquesta. Su canto es arte indiscutible como -perdón el salto- es casi todo lo hecho por Parker, a pesar o gracias a los monstruos del Jazz que lo influenciaron, rodearon o siguieron, Louis Armstrong, Dizzy Gillespie, íntimo amigo y colega, Coltrane, Miles Davis y tantos otros que merecen cada uno su propia improvisación.

El jazz es improvisación lo que no impide la composición, para los grandes del género son sinónimos. Charles Mingus decía que cada uno puede tener su compositor favorito -el suyo era Charlie Parker-, de cualquier época, y que no necesariamente deben compararse, porque en todo caso aquellos grandes de la música universal eran compositores de papel y él siempre quiso ser compositor espontáneo. Como espontáneo oyente de esa gran música sólo pretendo ordenar unas palabras de saludo al gran saxofonista contralto Charlie Parker, 'Bird'.

El 'fin' del swing dio lugar al bebop: la onomatopeya de la quinta disminuida según la definición de Dizzy. El centro de la nueva visión musical fue el Minton's Play house en Harlem, a inicios de los 40's, donde se unieron la trompeta de Gillespie, el piano de Monke, entre otros, y el saxo alto de Parker, quien transformó definitivamente el jazz. La improvisación fue el maná que brotaba entre el tema unísono (trompeta y saxo) presentado al inicio y al final. Ritmo y armonía en constante creación y renovación. Música fresca y a la vez letal que parece contener en sus 'cuadros' el tiempo que vive una mariposa entre la crisálida y su último vuelo, no había oportunidad de envejecer o de imitar la complejidad de su aleteo.

Charlie Parker fue, en un principio, considerado malo porque tocaba diferente. Su formación musical fue de oído, autodidacta. Tímido, contraído, alejado, inclusive de sus colegas, sufrió como muchos la discriminación y humillación de su raza y de la sordera de críticos y músicos. La música fue el bálsamo que hizo soportable su existencia, una música que llevaba adentro y que nadie la entendía, él mismo la escuchaba en su interior pero no podía tocarla. Negro handsome, con la mirada tierna de un niño perdido a punto del llanto y la desesperación. Detestaba las armonías estereotipadas, supo siempre que había algo más, mucho más que decir. La música y el vicio (alcohol, estupefacientes) llegaron, desde la cadencia del blues, al unísono, para darle vida y acercarle la muerte en el apogeo de su genio. Cuando improvisó 'Cherokee', utilizando los intervalos superiores de las armonías como línea melódica, e insertando nuevas armonías, logró por fin tocar lo que llevaba en sus venas. Interpretación que no fue más que el desglose de su estilo inigualable, de su vida, su pensamiento, su sabiduría callejera, de tronera, de ghetto, y creó descomponiendo los estilos que imperaban. 'Bird' y Dizzy, juntos, fueron los dioses oscuros del bebop.

'Bird' irreverente, maldito y genial como un demonio divino, entre múltiples oficios y viajes a sus infiernos, grabó a los veinte años con la orquesta de Jay McShann. En 1939 toca por primera vez con Dizzy y serán inseparables, cómo olvidar la bella, multiorgásmica e imposible 'Donna Lee'. Junto a Guillespie, el pájaro forma su quinteto, número cabalístico, pues detestaba las grandes orquestas, los arreglos estándar y tocar rutinas. Dizzy fue más reconocido como músico del bebop por el brillo y fuerza que le dio al impulso creativo de Charlie por todo el mundo. Escribe J. Berendt, citando a Billy Eckstine, que Parker fue el responsable de que el bebop se tocara y Guillespie de que se escribiera.

La visión del blues de 'Bird' está en sus primeras grabaciones, luego introdujo el fugato del trompetista, fundando la fugas y los fugati del jazz moderno y abrió paso al cool jazz. 'Ko-ko' (Cherokee), 'Billie's bounce' o 'Cheers' con Dizzy, Miles y McGhee, entre tantas otras grabaciones. El lamento del alma de Parker está en el expresivo fraseo de su saxo alto, en sus improvisaciones largas, sinuosas y salvajes como la ruta de un río. Músico por excelencia, volaba sin perseguidor posible, a pesar del 'perseguidor' del jazzman argentino, Cortázar, que lo descubrió en un cuento, donde el personaje soporta la vida gracias a la música. Charlie siempre fue detrás de la luz, del fuego, hechizado como un ingenuo, necio, bello y único lepidóptero.

Con Charlie escuchamos la música, no las partituras. Admiraba a  Ellington y también a Brahms, Schönberg o Stravinski y amó la poesía de Khayam: Si todo está escrito, mi pecado lo está; si sólo soy un vaso que la mano celeste romperá con indiferencia, ¡oh almuecín, cuan rastrera es tu plegaria! Parker murió riéndose de la vida porque la muerte fue su urgencia. En fin, 'Bird' merece una verdadera jam session, yo me voy en busca de Donna Lee, a ver si me quemo en la luz volátil de la Holiday.

 
 
 
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