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Charlie Parker:
Improvisando un puzzle con
swing-information
Efraín Villacís
nevillacis@hotmail.com
Alguna vez vi a la negra Billie
Holiday, en un video sobre la Historia del jazz, y me prendé
de ella y de la 'cueva' desde donde cantaba, arrimada a la barra,
como sosteniéndose de la ebriedad de la música,
drogas, alcohol y del sáfico y desenfrenado deseo. Billie
es el swing, improvisaba, sin importar el qué sino el
cómo, alteraba la armonía con un fraseo muy personal,
único: 'Lo que una pequeña luz de luna puede hacer'.
La leyenda de la Holiday está cruzada por todos los tajos
de la maledicencia, la ficción, odio racial y discriminación
de género, cuentan que alguna vez se maquilló de
negra para poder cantar pues era demasiado blanca para los negros
de la orquesta. Su canto es arte indiscutible como -perdón
el salto- es casi todo lo hecho por Parker, a pesar o gracias
a los monstruos del Jazz que lo influenciaron, rodearon o siguieron,
Louis Armstrong, Dizzy Gillespie, íntimo amigo y colega,
Coltrane, Miles Davis y tantos otros que merecen cada uno su
propia improvisación.
El jazz es improvisación
lo que no impide la composición, para los grandes del
género son sinónimos. Charles Mingus decía
que cada uno puede tener su compositor favorito -el suyo era
Charlie Parker-, de cualquier época, y que no necesariamente
deben compararse, porque en todo caso aquellos grandes de la
música universal eran compositores de papel y él
siempre quiso ser compositor espontáneo. Como espontáneo
oyente de esa gran música sólo pretendo ordenar
unas palabras de saludo al gran saxofonista contralto Charlie
Parker, 'Bird'.
El 'fin' del swing dio lugar
al bebop: la onomatopeya de la quinta disminuida según
la definición de Dizzy. El centro de la nueva visión
musical fue el Minton's Play house en Harlem, a inicios de los
40's, donde se unieron la trompeta de Gillespie, el piano de
Monke, entre otros, y el saxo alto de Parker, quien transformó
definitivamente el jazz. La improvisación fue el maná
que brotaba entre el tema unísono (trompeta y saxo) presentado
al inicio y al final. Ritmo y armonía en constante creación
y renovación. Música fresca y a la vez letal que
parece contener en sus 'cuadros' el tiempo que vive una mariposa
entre la crisálida y su último vuelo, no había
oportunidad de envejecer o de imitar la complejidad de su aleteo.
Charlie Parker fue, en un principio,
considerado malo porque tocaba diferente. Su formación
musical fue de oído, autodidacta. Tímido, contraído,
alejado, inclusive de sus colegas, sufrió como muchos
la discriminación y humillación de su raza y de
la sordera de críticos y músicos. La música
fue el bálsamo que hizo soportable su existencia, una
música que llevaba adentro y que nadie la entendía,
él mismo la escuchaba en su interior pero no podía
tocarla. Negro handsome, con la mirada tierna de un niño
perdido a punto del llanto y la desesperación. Detestaba
las armonías estereotipadas, supo siempre que había
algo más, mucho más que decir. La música
y el vicio (alcohol, estupefacientes) llegaron, desde la cadencia
del blues, al unísono, para darle vida y acercarle la
muerte en el apogeo de su genio. Cuando improvisó 'Cherokee',
utilizando los intervalos superiores de las armonías como
línea melódica, e insertando nuevas armonías,
logró por fin tocar lo que llevaba en sus venas. Interpretación
que no fue más que el desglose de su estilo inigualable,
de su vida, su pensamiento, su sabiduría callejera, de
tronera, de ghetto, y creó descomponiendo los estilos
que imperaban. 'Bird' y Dizzy, juntos, fueron los dioses oscuros
del bebop.
'Bird' irreverente, maldito
y genial como un demonio divino, entre múltiples oficios
y viajes a sus infiernos, grabó a los veinte años
con la orquesta de Jay McShann. En 1939 toca por primera vez
con Dizzy y serán inseparables, cómo olvidar la
bella, multiorgásmica e imposible 'Donna Lee'. Junto a
Guillespie, el pájaro forma su quinteto, número
cabalístico, pues detestaba las grandes orquestas, los
arreglos estándar y tocar rutinas. Dizzy fue más
reconocido como músico del bebop por el brillo y fuerza
que le dio al impulso creativo de Charlie por todo el mundo.
Escribe J. Berendt, citando a Billy Eckstine, que Parker fue
el responsable de que el bebop se tocara y Guillespie de que
se escribiera.
La visión del blues
de 'Bird' está en sus primeras grabaciones, luego introdujo
el fugato del trompetista, fundando la fugas y los fugati del
jazz moderno y abrió paso al cool jazz. 'Ko-ko' (Cherokee),
'Billie's bounce' o 'Cheers' con Dizzy, Miles y McGhee, entre
tantas otras grabaciones. El lamento del alma de Parker está
en el expresivo fraseo de su saxo alto, en sus improvisaciones
largas, sinuosas y salvajes como la ruta de un río. Músico
por excelencia, volaba sin perseguidor posible, a pesar del 'perseguidor'
del jazzman argentino, Cortázar, que lo descubrió
en un cuento, donde el personaje soporta la vida gracias a la
música. Charlie siempre fue detrás de la luz, del
fuego, hechizado como un ingenuo, necio, bello y único
lepidóptero.
Con Charlie escuchamos la música,
no las partituras. Admiraba a Ellington y también
a Brahms, Schönberg o Stravinski y amó la poesía
de Khayam: Si todo está escrito, mi pecado lo está;
si sólo soy un vaso que la mano celeste romperá
con indiferencia, ¡oh almuecín, cuan rastrera es
tu plegaria! Parker murió riéndose de la vida porque
la muerte fue su urgencia. En fin, 'Bird' merece una verdadera
jam session, yo me voy en busca de Donna Lee, a ver si me quemo
en la luz volátil de la Holiday.
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