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La
disimulada estética de Miguel Varea
A lo largo de su vida el
pintor ecuatoriano Miguel Varea ha agrupado sus reflexiones y
creaciones personales en un libro íntimo. Ahora, un fragmento
seleccionado de éste aterriza en las librerías.
Daniel Márquez
El lector que se aventure en
'Una estétika del disimulo' notará algo rápidamente:
el libro de Miguel Varea sacude cuán el más potente
derechazo a nuestros domesticados ojos. En el contexto de la
sociedad ecuatoriana, acostumbrada a pintorescos libros de fotografía
o pintura que se dejan sobre la mesa de la sala, la última
creación de Varea implica una revolución de conceptos.
Se define como "libro de lectura visual para todos",
lo cual implica en la práctica, que se encuentra a caballo
entre la poesía y la manifestación visual.
En 200 páginas, Varea
consigue plasmar decenas de sus características dibujos
junto con cientos de potentes frases, demostrando una hábil
prosa para muchos desconocida. Se debe entender que 'Una estétika
del disimulo' no es, ni pretende ser, una novela ilustrada o,
peor aún, una edición comentada de la obra de Varea:
todo lo contrario, es pura pulsión artística, antítesis
de la construcción lineal. El mismo autor, en la primera
página del libro, da la clave indispensable para el buen
entendimiento de la obra: "Cada vez que aparece una pluma
fuente como que me fluye la sin razón". Esta frase,
mezcla de inspiración, sinceridad y acto fallido, da cuenta
del frenesí artístico impreso en el libro.
Desde los años setentas,
Miguel Varea ha venido consolidándose como uno de los
pintores más importantes del país. Ha expuesto
su obra en varios países de América Latina y Europa:
un gran mérito tomando en cuenta que Varea es de los pocos
pintores ecuatorianos que escapan del cliché, amado por
los extranjeros, de pintar siempre miseria campesina y explotación
social. Todo lo que está dentro del libro, tanto texto
como dibujos, son producto de la susodicha pluma fuente de Miguel
Varea. Los dibujos son, en su mayoría, particulares figuras
humanas nacidas de la tinta negra, azul o roja subordinada al
pintor. Su prosa, página tras página, pone en evidencia
una actitud de asombro, a veces de decepción, frente a
la vida y sus diferentes facetas. Reflexiones como "ejercitas
la korrupción a la luz pública y eres honestísimo"
o "siento algo de mi ke esta en mi kontra, a veces la tinta
escupe pero de su propia kuenta, komo avisando ke es hora de
cerrar el tintero" dejan al lector confundido por un lado
y absorto por otro. En un arranque de sinceridad, sobre el dibujo
de un joven con cara de tonto, Varea escribe "Viperinos
sin oficio pero mucho beneficio en culturas de vergüenza
con dioses plastificados y muchas gradas que subir y subir y
premio al que llega primerito".
El libro tiene intercaladas
citas de filósofos, artistas y escritores, como Toulouse
Lautrec, el famoso pintor de afiches en París, Sören
Kierkegaard, el conflictivo existencialista danés, y Van
Gogh, entre muchos otros; las cuales cobran un significado diferente
al ser reproducidas por la pluma anárquica de Varea. Al
final del libro el lector encontrará un extenso reportaje
de la renombrada periodista Milagros Aguirre. En él, de
forma brillante, se trata la historia del libro, la vida y personalidad
de Varea, y las diferentes circunstancias que dieron luz a "Una
estética del disimula".
Aguirre escribe que (en el libro) "textos y dibujos se vuelven
algo más que una bitácora y unos apuntes. En ellos
se resume el pensamiento de un artista y su pensamiento sobre
la vida". Frente a la eterna pregunta acerca de si un libro
cualquiera merece ser leído cabe decir algo sobre "Una
estética del disimulo". No sólo merece ser
leído, lo exige.
Despieze: "Pienso asumir
sin rodeos mi oficio de loco no sirvo más que para algo
intermediario y de rango secundario y borroso jamás sobre
un pasado tan carcomido y quebrantado podré construir
un edificio predominante felizmente el tiempo es bueno y el sol
radiante yo estoy atado a la tierra por lazos más que
terrestres salvo un cierto fondo de vaga tristeza difícil
de definir- pero en fin-"
Miguel Varea.
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