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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

DALÍ: 100 años de una vida genial

POR: VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA
victormanuelguzman@yahoo.com

Dalí es uno de los iconos más representativos del pasado siglo. En este 2004 se cumplen cien años del nacimiento de un personaje que sorprendió en su tiempo y sigue desconcertando cuando han transcurrido 15 años de su muerte. El artista, que coincidió en la residencia de Estudiantes de Madrid con Luis Buñuel y Federico García Lorca, con quienes trabó una amistad que marcó su vida y su obra, fue una de las figuras más relevantes del movimiento surrealista. Su visceral individualismo le distanció pronto del surrealismo, integrado por artistas claramente influenciados por la ideología comunista, pero Dalí no era un pintor dispuesto a poner su creación al servicio de las revoluciones, sino más bien a disposición de su subconsciente. El pintor acabó repudiado por quienes eran sus camaradas en París y André Breton lo bautizó años más tarde como "avida dollars", un acróstico realizado con las letras de su nombre y su apellido.
No hay canon sobre las etapas pictóricas de Dalí, aunque puede hablarse de un Dalí joven: entre 1914 y 1927 picotea todos los estilos, con obras que pueden adscribirse al impresionismo, al cubismo, al futurismo y al realismo más clásico. Entre 1914 y 1927, Dalí copia y aprende sin disimulo de todos los maestros. Son sus años de aprendizaje, en Figueres, su pueblo natal, de la mano de su profesor de dibujo Juan Núñez, y en Cadaqués, donde conoce a artistas de larga experiencia como el escenográfo Sigfrid Burman, el pintor Eliseu Meifrén o Ramón Pichot.
El primer óleo que se atribuye a Dalí es un cuadro de 14 por 19 centímetros pintado sobre cartón, que se sitúa en 1910 titulado simplemente "paisaje". La primera exposición fue en el Teatro Principal de Figueres, cuando contaba sólo 14 años. El crítico Joseph Puig resultó profético en su artículo: "Saludamos al novel artista y estamos totalmente seguros de que en el futuro nuestras palabras (humildes como de costumbre) tendrán el valor de una profecía: Salvador Dalí será un gran pintor".
El paso por la Academia de Bellas Artes de Madrid fue tormentoso, ya que fue expulsado en dos ocasiones, pero, en cambio, su estancia en la residencia de Estudiantes le permitió seguir a reputados conferenciantes, disfrutar de un ambiente liberal de la institución y conocer a una esplendorosa generación de creadores, entre ellos a los que serían sus íntimos amigos Federico García Lorca, Luis Buñuel y Pekín Bello.
En París Picasso le dedicó dos horas y Dalí le mostró "Muchachas en Figueres". Pese a sus posteriores diferencias, entre ambos siempre hubo respeto. Dalí le invitó incluso a trabajar juntos en varias ocasiones. A finales de 1925 inició su particular cruzada contra los putrefactos, denominación que hacía extensiva a todos los personajes ajenos a la modernidad. Nace entonces el Manifiesto Groc, panfleto donde se pronuncia contra el paisajismo de la escuela de Olot, el teatro de Angel Guimerá, el Orfeo Catalá y la Sardana, baile tradicional catalán.
Dalí fue surrealista antes de conocer a los surrealistas y a Gala, y cuando llegó a París desbordó a todo el movimiento, incluso a Breton. Los simbolismos sexuales y las referencias autobiográficas conforman todo un mundo de perversiones que inicialmente hicieron las delicias de los surrealistas, pero que pronto le inquietaron cuando introdujo elementos escatológicos y alusiones al hitlerismo. Dalí se apoyó también en la literatura y allí están sus libros. Los años 30 iban a suponer la consagración de la primavera daliniana, con el óleo de los relojes blandos como dos trozos de camenbert, que titulo "La persistencia de la memoria", como referencia a su talento
La Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial supusieron el final de una época dorada para muchos intelectuales europeos. También para Dalí. Su vuelta al clasicismo y a la tradición le granjeó la animadversión de buena parte de la crítica sin que ello fuera en menoscabo del éxito de sus ventas, sino todo lo contrario. Dalí supo utilizar como muletas a los medios de comunicación, y así, mientras la mayoría de los artistas europeos se refugiaban en el anonimato, Dalí ocupaba las portadas de los diarios y se convertía en retratista de la aristocracia americana.
En 1948, aunque en su obra el paisaje siempre estuvo presente. Su vuelta se acentúa el fervor localista y la necesidad de partir de lo conocido emulando a Rafael y sus lazos con Urbino. Dalí siguió la senda de sus maestros Leonardo da Vinci, Velásquez, Vermeer, que pintaron muy pocos cuadros. Si le quedó tiempo para escribir, diseñar joyas, construir objetos surrealistas, trabajar con los más famosos directores de cine y de teatro, ser protagonista de anuncios publicitarios y polemizar con los científicos, todo esto debido a su gran capacidad de trabajo.
Picasso decía: "¿El cerebro de Dalí? es un verdadero motor fuera de borda embalado" Sus objetos surrealistas, sus dobles imágenes, su iconografía obsesiva convergen en el método paranoico-crítico. Dalí lo definió como un método espontáneo de conocimiento irracional basado en la asociación interpretativa-crítica de los fenómenos delirantes. Y para alegría de sus detractores también era capaz de afirmar que era una forma de imponer el delirio de la pintura, sin llegar a saber muy bien lo que era. Más tarde entró en una etapa mística, con obras como "Cristo hipercúbico" o "La madona de Portlligat", con Gala representada como la Virgen.
Dalí fue un extraordinario pintor, pero también un escritor talentoso. En el prólogo de su novela "Rostros ocultos", señala: "¡Más pronto o más tarde, todos están destinados a venir a mí! Muchos, inconmovibles por mis pinturas, conceden que dibujo como Leonardo. Otros, en pugna con mi estética reconocen que mi autobiografía es uno de los documentos humanos de la época. Y otros más, mientras discuten la autenticidad de mi vida secreta, han descubierto en mí dotes literarios superiores a la habilidad que revelo en mis cuadros".
Su última gran obra no corresponde a los esbozos de su etapa final en Púbol, marcados por una depresión ligada a la conciencia de la vejez. No, su última obra es el teatro-Museo de Figueres. Concebido en 1961 y desarrollado durante 13 años, para Dalí es como un teatro de la memoria, donde se concentran todas sus obsesiones y sus mitologías. El conjunto escultórico del "Taxi iluvioso", el montaje arquitectónico de la sala Mae West o el mural del "Palau del Vent" son detalles de un conjunto irrepetible. Al final de sus días quiso ampliarlo con la Torre Galatea, la casa de los panes y los huevos, pero el proyecto quedó inconcluso. Sólo le quedó tiempo para ordenar que su cuerpo reposase bajo la cúpula de Pérez Piñero, en el centro del universo daliniano, rodeado de recuerdos.

 
 
 
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