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DALÍ:
100 años de una vida genial
POR: VÍCTOR MANUEL GUZMÁN
VILLENA
victormanuelguzman@yahoo.com
Dalí es uno de los iconos más representativos del
pasado siglo. En este 2004 se cumplen cien años del nacimiento
de un personaje que sorprendió en su tiempo y sigue desconcertando
cuando han transcurrido 15 años de su muerte. El artista,
que coincidió en la residencia de Estudiantes de Madrid
con Luis Buñuel y Federico García Lorca, con quienes
trabó una amistad que marcó su vida y su obra,
fue una de las figuras más relevantes del movimiento surrealista.
Su visceral individualismo le distanció pronto del surrealismo,
integrado por artistas claramente influenciados por la ideología
comunista, pero Dalí no era un pintor dispuesto a poner
su creación al servicio de las revoluciones, sino más
bien a disposición de su subconsciente. El pintor acabó
repudiado por quienes eran sus camaradas en París y André
Breton lo bautizó años más tarde como "avida
dollars", un acróstico realizado con las letras de
su nombre y su apellido.
No hay canon sobre las etapas pictóricas de Dalí,
aunque puede hablarse de un Dalí joven: entre 1914 y 1927
picotea todos los estilos, con obras que pueden adscribirse al
impresionismo, al cubismo, al futurismo y al realismo más
clásico. Entre 1914 y 1927, Dalí copia y aprende
sin disimulo de todos los maestros. Son sus años de aprendizaje,
en Figueres, su pueblo natal, de la mano de su profesor de dibujo
Juan Núñez, y en Cadaqués, donde conoce
a artistas de larga experiencia como el escenográfo Sigfrid
Burman, el pintor Eliseu Meifrén o Ramón Pichot.
El primer óleo que se atribuye a Dalí es un cuadro
de 14 por 19 centímetros pintado sobre cartón,
que se sitúa en 1910 titulado simplemente "paisaje".
La primera exposición fue en el Teatro Principal de Figueres,
cuando contaba sólo 14 años. El crítico
Joseph Puig resultó profético en su artículo:
"Saludamos al novel artista y estamos totalmente seguros
de que en el futuro nuestras palabras (humildes como de costumbre)
tendrán el valor de una profecía: Salvador Dalí
será un gran pintor".
El paso por la Academia de Bellas Artes de Madrid fue tormentoso,
ya que fue expulsado en dos ocasiones, pero, en cambio, su estancia
en la residencia de Estudiantes le permitió seguir a reputados
conferenciantes, disfrutar de un ambiente liberal de la institución
y conocer a una esplendorosa generación de creadores,
entre ellos a los que serían sus íntimos amigos
Federico García Lorca, Luis Buñuel y Pekín
Bello.
En París Picasso le dedicó dos horas y Dalí
le mostró "Muchachas en Figueres". Pese a sus
posteriores diferencias, entre ambos siempre hubo respeto. Dalí
le invitó incluso a trabajar juntos en varias ocasiones.
A finales de 1925 inició su particular cruzada contra
los putrefactos, denominación que hacía extensiva
a todos los personajes ajenos a la modernidad. Nace entonces
el Manifiesto Groc, panfleto donde se pronuncia contra el paisajismo
de la escuela de Olot, el teatro de Angel Guimerá, el
Orfeo Catalá y la Sardana, baile tradicional catalán.
Dalí fue surrealista antes de conocer a los surrealistas
y a Gala, y cuando llegó a París desbordó
a todo el movimiento, incluso a Breton. Los simbolismos sexuales
y las referencias autobiográficas conforman todo un mundo
de perversiones que inicialmente hicieron las delicias de los
surrealistas, pero que pronto le inquietaron cuando introdujo
elementos escatológicos y alusiones al hitlerismo. Dalí
se apoyó también en la literatura y allí
están sus libros. Los años 30 iban a suponer la
consagración de la primavera daliniana, con el óleo
de los relojes blandos como dos trozos de camenbert, que titulo
"La persistencia de la memoria", como referencia a
su talento
La Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial supusieron
el final de una época dorada para muchos intelectuales
europeos. También para Dalí. Su vuelta al clasicismo
y a la tradición le granjeó la animadversión
de buena parte de la crítica sin que ello fuera en menoscabo
del éxito de sus ventas, sino todo lo contrario. Dalí
supo utilizar como muletas a los medios de comunicación,
y así, mientras la mayoría de los artistas europeos
se refugiaban en el anonimato, Dalí ocupaba las portadas
de los diarios y se convertía en retratista de la aristocracia
americana.
En 1948, aunque en su obra el paisaje siempre estuvo presente.
Su vuelta se acentúa el fervor localista y la necesidad
de partir de lo conocido emulando a Rafael y sus lazos con Urbino.
Dalí siguió la senda de sus maestros Leonardo da
Vinci, Velásquez, Vermeer, que pintaron muy pocos cuadros.
Si le quedó tiempo para escribir, diseñar joyas,
construir objetos surrealistas, trabajar con los más famosos
directores de cine y de teatro, ser protagonista de anuncios
publicitarios y polemizar con los científicos, todo esto
debido a su gran capacidad de trabajo.
Picasso decía: "¿El cerebro de Dalí?
es un verdadero motor fuera de borda embalado" Sus objetos
surrealistas, sus dobles imágenes, su iconografía
obsesiva convergen en el método paranoico-crítico.
Dalí lo definió como un método espontáneo
de conocimiento irracional basado en la asociación interpretativa-crítica
de los fenómenos delirantes. Y para alegría de
sus detractores también era capaz de afirmar que era una
forma de imponer el delirio de la pintura, sin llegar a saber
muy bien lo que era. Más tarde entró en una etapa
mística, con obras como "Cristo hipercúbico"
o "La madona de Portlligat", con Gala representada
como la Virgen.
Dalí fue un extraordinario pintor, pero también
un escritor talentoso. En el prólogo de su novela "Rostros
ocultos", señala: "¡Más pronto
o más tarde, todos están destinados a venir a mí!
Muchos, inconmovibles por mis pinturas, conceden que dibujo como
Leonardo. Otros, en pugna con mi estética reconocen que
mi autobiografía es uno de los documentos humanos de
la época. Y otros más, mientras discuten la autenticidad
de mi vida secreta, han descubierto en mí dotes literarios
superiores a la habilidad que revelo en mis cuadros".
Su última gran obra no corresponde a los esbozos de su
etapa final en Púbol, marcados por una depresión
ligada a la conciencia de la vejez. No, su última obra
es el teatro-Museo de Figueres. Concebido en 1961 y desarrollado
durante 13 años, para Dalí es como un teatro de
la memoria, donde se concentran todas sus obsesiones y sus mitologías.
El conjunto escultórico del "Taxi iluvioso",
el montaje arquitectónico de la sala Mae West o el mural
del "Palau del Vent" son detalles de un conjunto irrepetible.
Al final de sus días quiso ampliarlo con la Torre Galatea,
la casa de los panes y los huevos, pero el proyecto quedó
inconcluso. Sólo le quedó tiempo para ordenar que
su cuerpo reposase bajo la cúpula de Pérez Piñero,
en el centro del universo daliniano, rodeado de recuerdos.
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