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Juegos
visuales en el paisaje urbano
Carlos Villasís Endara
"La arquitectura tiene
límites. Cuando tocamos las invisibles paredes de sus
límites, entonces sabemos más respecto a lo que
se contiene dentro de ellas. Un pintor puede pintar ruedas cuadradas
en un cañón para expresar lo fútil de la
guerra. Un escultor puede esculpir las mismas ruedas cuadradas.
Pero un arquitecto tiene que usar ruedas redondas.... Podría
decirse que la arquitectura es la reflexiva creación de
espacios" - ARQ. LOUIS HAHN
Para muchos artistas, el arte debe derivarse de la experiencia
real, pero desarrollarse partiendo de la realidad personal y
subjetiva del artista, a fin de representar pictóricamente
la apariencia del mundo exterior a través de un lenguaje
de forma y color, que represente su respuesta espiritual a sus
propias experiencias.
Un cuadro, no puede considerarse que esté bien pintado,
si solamente posee tonos "correctos": una especie de
ilusionismo del color. Está bien pintado, cuando posea
la "plenitud de la vida..." Ya que el "dibujo
perfecto" es aquel que no puede cambiarse nada sin destruir
la vida interna esencial; donde la cualidad depende de la necesidad
que siente el pintor por ciertas formas, independientes del esquema
de la realidad: cuando los colores deben usarse, no porque sean
fieles a la naturaleza, sino porque la armonía cromática
lo exige individualmente en cada cuadro. Además, por cuanto
el artista, no está justificado por utilizar formas necesarias
para sus propósitos, sino porque debe hacerlo así.
El arquitecto-pintor o el pintor-arquitecto (extraña e
interesante simbiosis) CARLOS VELOZ VON RECKOW, presenta una
importante y ordenada Muestra de Acuarelas titulada "QUITO
- LA CIUDAD DE LAS NUBES".
La combinación de símbolos visuales y estructuras
arquitectónicas correspondientes a diferentes épocas
histórico-religiosas y civiles, producidas por un pueblo
de gran tradición artística y con una topografía
de especiales cualidades: embrionariamente anida en un minúsculo
valle de las estribaciones del volcán Pichincha, con calles
estrechas que se retuercen y trepan por las laderas o se resbalan
por sus numerosas quebradas, con una luz que deslumbra y mágicamente
dibuja las torres de las iglesias y los variados juegos de las
techumbres. Todo este gran conjunto, proporciona al artista un
acervo importante que ilumina el pasado. Dan como resultado:
muchas de estas producciones son factores de goce y de conocimiento,
independientemente de sus implicaciones históricas.
Cualquiera sea la razón que determine la creación
de una obra de arte, ésta sirve a su propósito
cuando está completa. Y, más aún, cuando
la obra encuentra una audiencia sensible y la respuesta del público
es satisfactoria. Ya que el significado del arte empieza en la
obra misma. El observador comienza en donde el artista presente
su obra; dependiendo naturalmente de la condición intelectual
y emocional del espectador. La satisfacción estética
es el resultado de la combinación de actitudes subjetivas
y de facultades perceptivas. Por tanto, la experiencia estética
es la suma de una acción recíproca entre un objeto
de arte y un observador, cuando su atención se dirije
hacia los cuadros que tiene ante sí.
La organización estética del cuadro lo logra CARLOS
VELOZ VON RECKOW con el espacio ilusorio de la composición,
al tratar de producir la ilusión de una tercera dimensión;
cuando unifica los elementos empleados en estructuras coherentes
e interrelacionadas, en pos de realizar la unidad con la continuidad
de los pesos visuales, al tiempo de darle variedad o complejidad
al paisaje.
Existe una gran diferencia entre el efecto producido por el artista
y los medios utilizados para producir ese efecto, en este caso
con la acuarela, donde el dibujo está manejado con maestría
para producir un fin estético en sí mismo, al conseguir
una variedad de áreas tonales que contrastan con otras
más suaves, para una mejor descripción de los barrios
y de las casas quiteñas.
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