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Wilfredo
Lam: Los Años Decisivos'
"... lienzos cada vez
más simples y monumentales, cada vez más sobrios
de color, cuando no bullen de una vida propia, tan activa y presente,
que mal se ve contenida por la barrera de los marcos". (ALEJO
CARPENTIER)
En el contexto de la programación
de 'Quito: Capital Iberoameircana de la Cultura 2004', el Centro
Cultural Metropolitano se está presentando la exposición
'Wilfredo Lam: Los Años Decisivos', que incluye 36 de
la obras más emblemáticas de este artista, que
pertenecen al período comprendido entre 1939 y 1947 de
la colección del Museo Nacional de Bellas Artes de La
Habana.
Wilfredo Lam es el pintor cubano más universal de todos
los tiempos. Nació en 1902 en Sagua la Grande, Cuba. Hijo
de un comerciante chino llamado Lam-Yam y de una mulata descendiente
de español y africana, Ana Serafina Castilla, fue la menor
de ocho hermanos.
Con raíces africanas, españolas y chinas, cultura
caribeña y educación europea, Lam encarna el paradigma
del mestizaje latinoamericano.
En 1923 Lam viaja a España, donde permanece 14 años,
en los cuales continúa con su formación y conoce
a personajes de la talla de García Lorca, Alejo Carpentier,
Miguel Ángel Asturias, Azorín, VAlle Inclán,
entre otros. En 1936 comienza la Guerra Civel y Lam participa
activamente en defensa de la República Española.
En 1938 viaja a París y allí se reside hasta 1941.
Traba gran amistad con Picasso y se desenvuelve en el ambiente
intelectual y artístico, junto a figuras como Miró,
Éluard, Bréton, Léger, Matisse, Tzara, Braque,
entre otros. Formó parte de la Escuela de París
y expuso en importantes galerías y museos, obteniendo
excelentes críticas y forjándose así un
lugar privilegiado entre la vanguardia artística europea
de esta época.
Después de una larga permanencia en Europa, Lam regresa
a Cuba en el año 1941, dejando atrás la guerra.
En la isla encuentra un panorama artísitico y cultural
muy distinto del europeo, así que empieza a hacerse y
a redescubrir sus raíces y al cultura afrocubana, sus
símbolos, la santería y la naturaleza exuberante
del Caribe.
El período de 1939 - 1947 es fundamental en la vida y
obra de Lam, pues en éste se establece su definición
política contra el fascismo, su amistad con Picasso, el
salto al mercado internacional del arte, el regreso a Cuba y
a sus raíces y la creación de algunas de su composiciones
más representativas. En esta época es precisamente
cuando se perfila su madurez plastica y donde se hace evidente
el rasgo más elocuente de su estilo: el sincretismo.
En estos años, Lam logra sintetizar en su trabajo los
principales aportes de las vanguardias europeas, sobre todo el
cubismo y el surrealismo, en función de expresar una interpretación
estética de la realidad afrocubana y de su cultura ancestral,
de tal manera que los conceptos tradicionales adquieren nuevos
valores en el contexto americano. Crea sueños de luz donde
la santería se enlaza con el surrealismo, y en estructuras
cubistas nos representa el follaje caribeño transformando
el mundo en un mito. Sus obras son la concreción plástica
de lo real maravilloso que formuló Carpentier.
Wilfredo Lam describe su paisaje interior y la proyección
de este sobre el Universo con las siguentes palabras: "Deseaba,
con todas mis fuerzas, pintar el drama de mi país, pero
expresando a fondo el espíritu de los negros, la belleza
de la plástica de los negros. de este modo yo sería
como un caballo de Troya del cual surgirían figuras alucinantes,
capaces de sorprender, de turbar los sueños de los explotadores".
Lam se constituye en un gladiador libertario y su 'gladium' (espada)
es el pincel, y acompaña sus surrealistas mandobles de
color con un discurso rebelde y valeroso: "En 'La Jungla'
se plasma la revancha que se impone un pequeño país
del Caribe, Cuba, contra los colonizadores. Puse las tijeras
como símbolo de un corte necesario contra toda imposición
extranjera en Cuba, contra todo coloniaje. Ya éramos grandes
y podíamos marchar solos: Hé ahí las tijeras".
El temor no es parte de los grandes espíritus, su sabiduría
los pone arriba de la oscura masa mediocre, y solo son voz y
luces para los iniciados en el sacerdocio del Humanismo: "Los
burgueses son demasiado débiles de espíritu para
comprender el arte verdadero. Puedo decir, como Picabia: Muero
contento de que mi pintura no haya gustado a la gente que destesto".
Los favoritos del Universo brillan con luz propia, y en escenarios
puestos por el Destino, justo para ellos. Y así describe
André Bréton el accionar de Lam: "... Nunca,
como gracias a Lam, se ha operado, sin el menor tropiezo, la
unión del mundo objetivo y el mundo mágico; nunca,
como por él, ha sido reencontrado el secreto de la unificación
de la percepción física y la representación
mental, secreto que jamás hemos dejado de buscar en el
surrealismo, porque creemos que el más grande drama de
la conciencia moderna resulta de la disociación creciente
de estas dos facultades...".
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