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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

La pasión secreta de Federico García Lorca

Víctor Manuel Guzmán Villena
victormanuelguzman@yahoo.com

La actividad artística de todo auténtico creador no se limita, en la mayoría de los casos a una sola dirección en el campo del arte. La historia está llena de ejemplos valiosos que nos demuestran que el espíritu del arte, si bien, se adueña en medida más absoluta de la técnica que le es más afín, no por ello le son indiferentes los otros estudios del arte.
Todo creador tiene por añadidura a su labor específica una cierta actitud para otras artes. En el poeta Federico García Lorca la poesía es su compañera oficial, inseparable y fiel. Pero la pintura es la secreta amante por la que se siente fatalmente atraído. Arriesgando su reputación de poeta puro se revela en sus versos como pintor, como lo pregona con claridad el obsesionante nombrar de colores sin necesidad solamente por capricho.
A pesar que se sabe que el árbol es verde, la leche blanca, el limón amarillo, su amor por el color le hace escribirlo como adjetivo, cual si la pintara. Así en sus versos: 'Arroyos de leche blanca', 'Córdoba tiene verdes olivos', 'Limoncito amarillo', o cuando describe a la Virgen de la Soledad "vestida con mantos negros".
Si así lo hace cuando hasta es innecesario no hay que decir con qué exuberante derroche se enamora del color cuando lo cree poéticamente útil, dándose con la fuerza que atrae lo que con ardor se desea. Un buen ejemplo de esta pasión repetida por el color en Federico García Lorca lo constituye el 'Romance Somnámbulo'. 24 veces nombra al verde como una especie de letanía. Este color se presenta como paisaje de fondo que sirve de decoración a los personajes de "verde carne", "pelo verde", formando una armonía de color que, como en los cuadros de Veronés, preside la composición con una serie de matices de gama verdosa.

El amarillo es como una piadosa venda que quisiera cubrir disimulando con la alegría de su tonalidad esa honda y gran herida roja que desde su primer libro de la adolescencia del poeta hasta el último de su joven madurez, se va agrandando hasta causarle la trágica muerte que él ha ido presintiendo en toda su poesía, acercándose a ella como un alucinado amado y amante. A lo largo de toda la obra poética van regando estas heridas: "llantos de zumo de limón", "limoncito amarillo, limonero", "cabelleras amarillas a las amarillas torres", "una serpiente amarilla", "cobre amarillo su carne". "En la torre amarilla dobla una campana", "sobre el viento amarillo, se abren las campanadas, "en la torre amarilla, cesa la campana", etc.

Entre estos fuertes colores, verde, rojo, amarillo, negro y blanco, otra gama más suave de matizados colores sonríe entre la adusta sobriedad de estos colores enteros. Así a la delicada tonalidad de "Romeo y Julieta", celeste, blanco y oro, se abrazan sobre el jardín, "paños blancos enrojecen", "raso pajizo", "largas capas oscuras", "ventanitas de oro", "rosa de mis labios", "carne rubia", "rosa azul de tu vientre", "verdes los ojos y violeta la voz", "arco iris negro sobre la noche azul" y, sobre todo, en el delicado romance Rosa Mutabile, de la dulce tragedia escondida de doña Rosita la soltera, en donde el poeta encuentra apropiado motivo para combinar el rojo en el blanco, formando una rosácea armonía de deliciosos matices.

Cuando se abre en la mañana
roja como sangre está.
.....................................
Cuando en las ramas empiezan
los pájaros a cantar
y se desmaya la tarde
en las violetas del mar,
se pone blanca, con blanco
de una mejilla de sal.

En otras ocasiones se revela como un Goya de su última época. Compondrá adustas coloraciones con el uso del blanco y negro. Pero entre estas hoscas tonalidades y las acuareladas transparencias tiene cuadros al óleo acabados y de minucioso dibujo como es el Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla, se aprecia la pasión colorista del poeta

A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso oro.
.................................
Antonio, ¿quién eres tú?
Si te llamaras Camborio,
hubieras hecho una fuente
de sangre de cinco chorros.

En este poema también el poeta no solamente colorea al gitano y su indumentaria, sino al también dibujante delineando un perfil:

Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
que aceituna y jazmín
.................................
Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.

También da mucha preponderancia al blanco. Con este color pinta tiernas apariciones de lindas muchachas: "Olalla blanca en el árbol", "en el aire blanco", "blanca serpiente", "de luces blancas", "cielo de blancos mulos", "avisad a los jazmines con su blancura pequeña", "seis gitanas vestidas de blanco bailan", "en la casa blanca", "cantan una canción en la vihuela blanca", "llevan blancas mantillas", "sobre el humo blanco", "vestidas de blanco", "tienen blancos los cabellos y brillantes las pupilas", etc.

El color blanco le sirve al poeta como optimista visión muchas veces, y canta con este color a la mujer y a los niños. Por el contrario, el negro, cuando se alza en su poesía, es como un muro infranqueable de tristeza y dolor. Así lo vemos en el Romance de la Guardia Civil, en que el poeta, al sentirse gitano, ve negras no sólo las capas de los guardias, sino todo lo que se refiere a los perseguidores de los desmanes gitanos:

Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.

En este poema guerrero entre la Guardia Civil y los gitanos hay el mismo apasionamiento de color y dinámico movimiento que en el cuadro de Paolo Ucello, titulado La batalla que guarda en su colección la Galería Nacional de Londres.

En otro poema Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, se aprecia el pintor típicamente andaluz que se une a la tradicional pintura de Velásquez; también éste es andaluz, pero su contenida y aristocrática gracia sevillana lo diferencia del poeta granadino lleno de exuberante color popular. Este poema a Sánchez Mejías lo construye Lorca con sólo tres color: blanco, negro y el rojo.

Y su sangre ya viene cantando;
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos,
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas,
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh, blanco murote España!
¡Oh, negro toro de pena!
¡Oh, sangre dura de Ignacio!
¡Oh, ruiseñor de sus venas!

La técnica con que el poeta emplea estos colores responde a la de Velásquez en el Cristo en la cruz o la de los blancos hábitos de monjes sobre intensos fondos negros de Zurbarán.

En el poema El Grito ve negro el arco iris, y en Cueva este negro lo combina "de la cueva salen negros sollozos (lo cárdeno sobre lo rojo.) "El gitano evoca países remotos", "Torres altas y hombres misteriosos", "En la voz entrecortada van sus ojos" (lo negro sobre rojo.) "Y la cueva escalada tiembla en el oro" (lo blanco sobre el rojo.) En el poema Saeta dice: "Los arqueros oscuros de Sevilla se acercan", "anchos sombreros grises, largas capas lentas". Algunas veces estos negros los agrisa "los grises puros de la brisa". Otras veces el poeta usa el negro mate como de carboncillo. En estos dibujos sombreados la nota vibrante del color cambia por severas sombras; por ejemplo "Y en la noche del huerto sus sombras se alargan y llegan hasta el cielo moradas". Otras sombras son proyectadas por la luz artificial, como las que las escayolas de las academias de dibujo ponen sobre las paredes "su desnudo de carbón, tizna los aires helados", o las sombras que en los atardeceres misteriosamente surgen en los campos: "largas sombras afiladas vienen del turbio horizonte". "El grito deja en el viento una sombra de ciprés". O bien esta personalísima sombra: "El camino ondulante salomoniza la sombra del caballo". En este inteligente dibujo de esta última sombra, la columna salomónica va rodando por ese camino, tirada y conducida por su proyector, el caballo.

Hay sombras que toma de Rembrandt por su misterioso claroscuro. Lorca se inspiró en todas las escuelas pictóricas, imprimiendo la marca de su personalidad. De la impresionista el poema Cazador. De la cubista es buen ejemplo este verso: "Fachadas de cal ponían cuadrada y blanca la noche". De la neoclásica estos versos del poema de Sánchez Mejías:

Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
...................................
Como un río de leones
su maravillosa fuerza
y como un torno de mármol
su dibujada prudencia.

De los surrealistas: "Los negros lloran confundidos entre paraguas y soles de noche", "los mulatos estiraban gomas ansiosos de llegar al torso blanco", "negros, negros, negros, negros". O bien esta armonía de azules: "Es por el azul sin historia, azul de una noche de temor de día, azul donde el desnudo del viento va quebrando los camellos somnámbulos de las nubes vacías".

Era un pintor que empleaba la imagen en vez de los pinceles, pero que concebía sus poemas como cuadros auténticos, llenos de rutilantes colores, inesperadas sorpresas de composición y dibujo.

 
 
 
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