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La
pasión secreta de Federico García Lorca
Víctor Manuel Guzmán
Villena
victormanuelguzman@yahoo.com
La actividad artística
de todo auténtico creador no se limita, en la mayoría
de los casos a una sola dirección en el campo del arte.
La historia está llena de ejemplos valiosos que nos demuestran
que el espíritu del arte, si bien, se adueña en
medida más absoluta de la técnica que le es más
afín, no por ello le son indiferentes los otros estudios
del arte.
Todo creador tiene por añadidura a su labor específica
una cierta actitud para otras artes. En el poeta Federico García
Lorca la poesía es su compañera oficial, inseparable
y fiel. Pero la pintura es la secreta amante por la que se siente
fatalmente atraído. Arriesgando su reputación de
poeta puro se revela en sus versos como pintor, como lo pregona
con claridad el obsesionante nombrar de colores sin necesidad
solamente por capricho.
A pesar que se sabe que el árbol es verde, la leche blanca,
el limón amarillo, su amor por el color le hace escribirlo
como adjetivo, cual si la pintara. Así en sus versos:
'Arroyos de leche blanca', 'Córdoba tiene verdes olivos',
'Limoncito amarillo', o cuando describe a la Virgen de la Soledad
"vestida con mantos negros".
Si así lo hace cuando hasta es innecesario no hay que
decir con qué exuberante derroche se enamora del color
cuando lo cree poéticamente útil, dándose
con la fuerza que atrae lo que con ardor se desea. Un buen ejemplo
de esta pasión repetida por el color en Federico García
Lorca lo constituye el 'Romance Somnámbulo'. 24 veces
nombra al verde como una especie de letanía. Este color
se presenta como paisaje de fondo que sirve de decoración
a los personajes de "verde carne", "pelo verde",
formando una armonía de color que, como en los cuadros
de Veronés, preside la composición con una serie
de matices de gama verdosa.
El amarillo es como una piadosa
venda que quisiera cubrir disimulando con la alegría de
su tonalidad esa honda y gran herida roja que desde su primer
libro de la adolescencia del poeta hasta el último de
su joven madurez, se va agrandando hasta causarle la trágica
muerte que él ha ido presintiendo en toda su poesía,
acercándose a ella como un alucinado amado y amante. A
lo largo de toda la obra poética van regando estas heridas:
"llantos de zumo de limón", "limoncito
amarillo, limonero", "cabelleras amarillas a las amarillas
torres", "una serpiente amarilla", "cobre
amarillo su carne". "En la torre amarilla dobla una
campana", "sobre el viento amarillo, se abren las campanadas,
"en la torre amarilla, cesa la campana", etc.
Entre estos fuertes colores, verde, rojo, amarillo, negro y blanco,
otra gama más suave de matizados colores sonríe
entre la adusta sobriedad de estos colores enteros. Así
a la delicada tonalidad de "Romeo y Julieta", celeste,
blanco y oro, se abrazan sobre el jardín, "paños
blancos enrojecen", "raso pajizo", "largas
capas oscuras", "ventanitas de oro", "rosa
de mis labios", "carne rubia", "rosa azul
de tu vientre", "verdes los ojos y violeta la voz",
"arco iris negro sobre la noche azul" y, sobre todo,
en el delicado romance Rosa Mutabile, de la dulce tragedia escondida
de doña Rosita la soltera, en donde el poeta encuentra
apropiado motivo para combinar el rojo en el blanco, formando
una rosácea armonía de deliciosos matices.
Cuando se abre en la mañana
roja como sangre está.
.....................................
Cuando en las ramas empiezan
los pájaros a cantar
y se desmaya la tarde
en las violetas del mar,
se pone blanca, con blanco
de una mejilla de sal.
En otras ocasiones se revela como un Goya de su última
época. Compondrá adustas coloraciones con el uso
del blanco y negro. Pero entre estas hoscas tonalidades y las
acuareladas transparencias tiene cuadros al óleo acabados
y de minucioso dibujo como es el Prendimiento de Antoñito
el Camborio en el camino de Sevilla, se aprecia la pasión
colorista del poeta
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso oro.
.................................
Antonio, ¿quién eres tú?
Si te llamaras Camborio,
hubieras hecho una fuente
de sangre de cinco chorros.
En este poema también el poeta no solamente colorea al
gitano y su indumentaria, sino al también dibujante delineando
un perfil:
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
que aceituna y jazmín
.................................
Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
También da mucha preponderancia al blanco. Con este color
pinta tiernas apariciones de lindas muchachas: "Olalla blanca
en el árbol", "en el aire blanco", "blanca
serpiente", "de luces blancas", "cielo de
blancos mulos", "avisad a los jazmines con su blancura
pequeña", "seis gitanas vestidas de blanco bailan",
"en la casa blanca", "cantan una canción
en la vihuela blanca", "llevan blancas mantillas",
"sobre el humo blanco", "vestidas de blanco",
"tienen blancos los cabellos y brillantes las pupilas",
etc.
El color blanco le sirve al poeta como optimista visión
muchas veces, y canta con este color a la mujer y a los niños.
Por el contrario, el negro, cuando se alza en su poesía,
es como un muro infranqueable de tristeza y dolor. Así
lo vemos en el Romance de la Guardia Civil, en que el poeta,
al sentirse gitano, ve negras no sólo las capas de los
guardias, sino todo lo que se refiere a los perseguidores de
los desmanes gitanos:
Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
En este poema guerrero entre la Guardia Civil y los gitanos hay
el mismo apasionamiento de color y dinámico movimiento
que en el cuadro de Paolo Ucello, titulado La batalla que guarda
en su colección la Galería Nacional de Londres.
En otro poema Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez
Mejías, se aprecia el pintor típicamente andaluz
que se une a la tradicional pintura de Velásquez; también
éste es andaluz, pero su contenida y aristocrática
gracia sevillana lo diferencia del poeta granadino lleno de exuberante
color popular. Este poema a Sánchez Mejías lo construye
Lorca con sólo tres color: blanco, negro y el rojo.
Y su sangre ya viene cantando;
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos,
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas,
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh, blanco murote España!
¡Oh, negro toro de pena!
¡Oh, sangre dura de Ignacio!
¡Oh, ruiseñor de sus venas!
La técnica con que el poeta emplea estos colores responde
a la de Velásquez en el Cristo en la cruz o la de los
blancos hábitos de monjes sobre intensos fondos negros
de Zurbarán.
En el poema El Grito ve negro el arco iris, y en Cueva este negro
lo combina "de la cueva salen negros sollozos (lo cárdeno
sobre lo rojo.) "El gitano evoca países remotos",
"Torres altas y hombres misteriosos", "En la voz
entrecortada van sus ojos" (lo negro sobre rojo.) "Y
la cueva escalada tiembla en el oro" (lo blanco sobre el
rojo.) En el poema Saeta dice: "Los arqueros oscuros de
Sevilla se acercan", "anchos sombreros grises, largas
capas lentas". Algunas veces estos negros los agrisa "los
grises puros de la brisa". Otras veces el poeta usa el
negro mate como de carboncillo. En estos dibujos sombreados la
nota vibrante del color cambia por severas sombras; por ejemplo
"Y en la noche del huerto sus sombras se alargan y llegan
hasta el cielo moradas". Otras sombras son proyectadas por
la luz artificial, como las que las escayolas de las academias
de dibujo ponen sobre las paredes "su desnudo de carbón,
tizna los aires helados", o las sombras que en los atardeceres
misteriosamente surgen en los campos: "largas sombras afiladas
vienen del turbio horizonte". "El grito deja en el
viento una sombra de ciprés". O bien esta personalísima
sombra: "El camino ondulante salomoniza la sombra del caballo".
En este inteligente dibujo de esta última sombra, la columna
salomónica va rodando por ese camino, tirada y conducida
por su proyector, el caballo.
Hay sombras que toma de Rembrandt por su misterioso claroscuro.
Lorca se inspiró en todas las escuelas pictóricas,
imprimiendo la marca de su personalidad. De la impresionista
el poema Cazador. De la cubista es buen ejemplo este verso: "Fachadas
de cal ponían cuadrada y blanca la noche". De la
neoclásica estos versos del poema de Sánchez Mejías:
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
...................................
Como un río de leones
su maravillosa fuerza
y como un torno de mármol
su dibujada prudencia.
De los surrealistas: "Los negros lloran confundidos entre
paraguas y soles de noche", "los mulatos estiraban
gomas ansiosos de llegar al torso blanco", "negros,
negros, negros, negros". O bien esta armonía de azules:
"Es por el azul sin historia, azul de una noche de temor
de día, azul donde el desnudo del viento va quebrando
los camellos somnámbulos de las nubes vacías".
Era un pintor que empleaba la imagen en vez de los pinceles,
pero que concebía sus poemas como cuadros auténticos,
llenos de rutilantes colores, inesperadas sorpresas de composición
y dibujo.
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