Tiempo de dragones
Morales y Porras, pluma y
pincel de literatura fantástica
Juan Carlos Morales Mejía
prepara, junto con el pintor Jorge Porras, una obra bajo el signo
de la literatura fantástica. Se trata de Fabulario del
dragón, un texto que ha tenido un largo proceso de más
de siete años y que está traducido al inglés
y francés por William Sutter. Estos microcuentos evocan
las sagas antiguas y las épocas oscuras, no exentas de
magia.
Como se sabe, la literatura
fantástica ha estado presente en el Orbe en obras como
Las mil y una noches, evocadas por Jorge Luis Borges, uno de
los cultores del género en América Latina. Son
juegos con el tiempo y con los espejos, con los dragones y los
caballeros andantes... una literatura que busca la universalidad.
El autor, experto en mitologías ha publicado
Los dioses mágicos del
Amazonas, Mitologías de Imbabura, Leyendas de Ibarra,
La caja ronca, El duende de San Vicente, Graffiti: en clave Azul,
entre otros títulos.
Por su parte, el artista Jorge
Porras, quien también pinta estos temas, tiene series
dedicadas a personajes mágicos como Ludovico. El pintor
habla de la importancia del oficio en la obra ante la moda que
apela a la sorpresa y al "chispazo". Por eso cada una
de sus obras donde experimenta con la brea- llevan el signo
de esa estética que buscaban aquellos pintores góticos,
tan caros a este pintor que evoca sus labores con esos colores
que trascienden los tiempos.
Las propuestas de Morales y
Porras trascienden al mundo castellano y van a la conquista de
escenarios mundiales, que con expectativa esperan su lanzamiento.
Un
Dragón en el campanario
Damián, el dragón,
miró despacio los tejados. Abajo, las cúpulas blancas
colgaban de la tarde. Sus garras de águila enorme se posaron
despreocupadamente. Había paz encima del campanario. No
recordaba el tiempo de los conjurados ni de los príncipes
de manos tenues y espejos invocados. El arnés de justa
y la pica eran una niebla para sus alas prodigiosas. Damián
era la serpiente y el pájaro, un dragón que cuidó
la perla de su pecho, que lo hacía invencible.
La huida había terminado:
no tenía rencor pero tampoco olvido. Exhaló un
suspiro: media urbe se volvió cenizas.
Letargo
Xavier de Alcántara
se acostó temprano. Al cerrar los ojos percibió
un túnel, pero no le dio importancia. Al dormirse comenzó
a vivir Boris Risturak y se levantó de su cama. El primero
era un agrimensor, el segundo un constructor de barcos en miniatura.
Ninguno sabía de la existencia del otro. Desde que eran
niños siempre había sucedido así. Los vagos
sueños permanentemente se referían a sucesos aleatorios.
Mas una noche -los alquimistas la llaman fatal- Boris Risturak
no pudo conciliar el sueño y Xavier de Alcántara
amaneció muerto, pero con los ojos abiertos.
El
dilema del arquero
El arquero atrapó a
una mujer de su carcaj. Acomodó sus cabellos. La sujetó
de los pies desnudos y la colocó en la cuerda. Tensó
el arco y disparó al cielo. El impulso fue tan descomunal
que la zagala murió de hambre antes de caer a tierra.
El arquero, entonces, tomó otra flecha y disparó
con dirección al mar
A vuelo de pájaro
Juan Carlos Morales Mejía
(Ibarra, 1967, Ecuador).
Autor del proyecto Mitologías
de Ecuador. Ha publicado: Graffiti: en clave azul; Mitologías
de Imbabura; Leyendas de Ibarra; Los dioses mágicos del
Amazonas; El duende de San Vicente; Arquero de Luna y está
inédito Fabulario del dragón.
Poeta y músico. Ha musicalizado
a Borges, Huidobro, Vallejo, Carrera Andrade, Dávila Andrade,
Loinaz, Cardenal, Sabines, Rojas, Granda, Preciado, entre otros.
pegasusecuador@yahoo.com
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