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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Julio Cortázar: ¿Adiós a todo eso?

Aunque la obra final de este escritor argentino no esté a la altura de sus mejores creaciones, vale la pena leerla para decir adiós a todo eso que nos tiene como hipnotizados con la torpe seguridad de que cada uno hace su parte para salvar el mundo.

Efraín Villacís

Cuántos no hemos dicho alguna vez 'adiós a todo eso' como cambio de vida, vuelta de página, derrota insalvable o, tácitamente, cuando giramos el destino e ingresamos a otra etapa que es continuación de una misma brega, diferente batalla, profunda caída, solaz y cima conseguidos. Despedida de quien sabe que muere irremisiblemente y lo asume como viaje o alivio definitivo a la existencia. Huida como la de Lot, sin volver la vista atrás, para continuar la descendencia en sus hijas, a falta de su mujer que se convirtió en estatua de sal por curiosa.
El escritor inglés Robert Graves ­suerte de 'cuáquero hereje'- fue herido en la batalla del Somme en 1916. Viajero intelectual que llegó a dictar clases de literatura inglesa en la universidad de El Cairo. Siempre se consideró esencialmente poeta y más de una vez intentó cantarse a sí mismo ­algunos de sus poemas subsisten por la justeza de su construcción clásica- aunque la trascendencia de su obra se encuentre definitivamente en la prosa desde 1929 cuando publicó su autobiografía Adiós a todo eso: ruptura contra la validez de la guerra y descripción de la desilusión del hombre que ha perdido la memoria de su origen, sus coherentes principios de civilización. Con ese Adiós..., Graves rompe con su vida anterior y transgrede su presente con la búsqueda del hombre 'verdadero' a partir del estudio de sus mitos, y sus utopías perdidas.
Julio Cortázar dijo 'adiós a todo eso' en varias ocasiones. Siendo profesor rural en Argentina publicó un poemario (Presencia), bajo el seudónimo de Julio Denis, al que le seguirá el poema dramático Teseo y el Minotauro. La poesía no fue su fuerte y aunque al final vuelva, a y por ella, lo que nos queda de sus versos son más bien ejercicios interesantes, valiosos datos histórico-biográfico-literarios de un autor que se trocó en un mito gracias al arte de sus cuentos, de su narrativa en general. Será en 1951 cuando reunirá su primer volumen de relatos, Bestiario, que leído ahora, aún nos asombra con la mayoría de sus textos, nos conmueve y, a cada relectura, tienen algo más que decir.
Cortázar le dice adiós a la Argentina y a Latinoamérica, la situación política es insoportable, nada tiene que ofrecer a su literatura. París será su sede, viajará por Asia y Europa. Su cuentística se ha convertido en modelo de lectura, ejemplo del género que inundará Hispanoamérica. Aparecen Final de juego (1956), Las armas secretas (1959) uno de cuyos textos inspiraría a Antonioni, Blow up, lo fantástico en sus relatos, la sutil e irónica visión de su creación literaria se consolidan. Vuelve la vista atrás y empieza a interesarse por los movimientos sociales de su continente, apoya la revolución cubana, entre otras revueltas, y se trocará en promotor y divulgador de sus propuestas y logros.
Luego de Historia de cronopios y de famas aparece la más universal de sus obras, Rayuela, convirtiéndose en clave de interpretación y vuelta de tuerca de la nueva novelística hispanoamericana, aún es saludada por los más grandes escritores contemporáneos. Al releer Rayuela uno termina ­no de leerla- con ganas de tristeza y 'malas' compañías, en el lugar menos apropiado. La personalidad literaria del argentino, su rebeldía, su capacidad paródica, su humanismo seguirán latentes en sus siguientes obras. La actitud política de Julio Cortázar toma un cariz más comprometido por la lucha a favor de los derechos humanos, apoya y forma parte de varios movimientos pro liberación de América Latina de sus tiranos locales y del gran tirano imperial que los manejaba. Y hará suya ­ la practicará- la frase que habría oído del Che Guevara: "el primer deber de un revolucionario era hacer la revolución", no lo único pero si lo primero, y hacia allá fue con literatura, plata y persona. 'Adiós a todo eso' otra vez, el fin del arte por el arte es el inicio del compromiso o continuación del mismo, pero palpable y activo, nada romántico, aunque el fin de la lucha sea otra utopía más.

FANTOMAS CONTRA LOS VAMPIROS

'Fantomas contra los vampiros multinacionales' (Una utopía realizable narrada por Julio Cortázar) se imprimió en México por la editorial Excelsior en junio de 1975. Esta rareza bibliográfica es un cómic creado ­luego del informe, y sentencia dictada por el Tribunal Russell II, reunido en Bruselas en enero de 1975, acerca de la situación imperante en diversos países de América Latina- por el escritor argentino. Esta deliciosa parodia es una denuncia, una protesta en contra de las multinacionales que viven gracias a la miseria de los países del llamado tercer mundo y por supuesto en contra del gran imperio norteamericano. También es una tomadura de pelo a los héroes que creen que pueden salvar el mundo gracias a su magnífico poder individual ­amor, pensamiento, solidaridad- y que sin embargo no pueden ser líderes de una población que requiere ser conducida, educada y disciplinada para beneficio de todos.
En el mundo están desapareciendo los libros de todas las épocas, incluyendo la Biblia, las bibliotecas de las ciudades se incendian, los estantes, hasta la noche atiborrados de libros, amanecen vacíos, los escritores son amenazados de muerte si continúan escribiendo, está muriendo la cultura. Octavio Paz cree que Fantomas por su amor al arte conseguirá encontrar al culpable y que todo vuelva a su cauce. A Susan Sontag le han roto las piernas por protestar en contra de la desaparición de libros, Cortázar no entiende bien lo que sucede y se hablan algunos de los más importantes escritores del mundo para ayudar a resolver el problema.
Fantomas artista del disfraz, con su harén de bellas asistentes, tratará de salvar a la cultura hasta que el mismo Paz, Cortázar y los otros caen en la cuenta de que el problema no son los libros sino el hombre. Millones de seres humanos son asesinados literalmente de todas las formas que se puedan imaginar por parte de las grandes multinacionales que aún persisten.
Ante la extinción de la especie, ante al abuso indigno e inhumano de quienes detentan el poder, Julio Cortázar diría 'adiós a todo eso': a los libros si no sirven a la revolución, a los justicieros solitarios que por admirables que sean y se jueguen la vida a cada paso que dan, no pasan de ser ingenuos porque los que quieren eliminar la humanidad de los habitantes del planeta son legión y se requiere de una legión para vencerlos. En todo caso Cortázar es uno de los más importantes escritores del mundo y es leído por una legión, si ha servido de algo o no, es cuestión de leer su Fantomas ­no en la primera edición, que es privilegio de muy pocos- que he visto circular en las librerías sin las ilustraciones originales pero con el mismo contenido.
Aunque la obra final de Cortázar no esté a la altura de sus mejores creaciones, vale la pena leerlo para decir adiós a todo eso que nos tiene como hipnotizados con la torpe seguridad de que cada uno hace su parte para salvar el mundo, cuando en realidad lo devastamos con esa otra forma de gula que llamamos individualidad. Salvo el crepúsculo es el poemario final de Julio y es su último adiós para que volvamos a empezar su Bestiario.

 
 
 
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