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'La
frágil virtud del ser'
Una disquisición pictórica
sobre la levedad de las potencias del Hombre ante la grandeza
del Universo, hace Rubén Campana en su serie 'La frágil
virtud del ser', que se halla expuesta en la Galería 'La
Ventana' (calle Francisco de Orellana No. 827 y Juan Montalvo.
Cumbayá Quito).
El artista danza con su pincel al ritmo de las etéreas
formas femeninas, que desafían y se imponen con su fragilidad
a lo profano, y se convierten en mensajeras y traductoras de
lo sublime del ser humano en el contexto cósmico, en el
paisaje del Alma del Mundo.
Para Rubén Campana "el
arte es construcción de formas dóciles y expresivas.
La belleza de la naturaleza es el arquetipo de la que existe
en el alma, sede de toda belleza".
El artista sostiene que su pintura y dibujo "es el espíritu
mismo de concebir la vida, circulando libremente en sus formas
sensibles, tratando de conquistarlas, de asimilarlas".
En sus diversas fases de perfeccionamiento y evolución
Campana muestra una obsesión por recrear el mundo exterior
con líneas, giros, formas, volúmenes, texturas,
combinación de colores, ritmos, armonías que solo
existen en el escenario interior. Él lo describe así:
"El arte aspira a hacer lo exterior semejante a lo interior,
a remitir la realidad exterior a la espiritualidad, de manera
que se vuelva su manifestación. Toda obra de arte es siempre
la expresión de un ideal".
"El arte exige eso señala Campana-: la aprobación
o la repulsión; una aproximación o un choque entre
el creador y el espectador; con lo que, implícitamente,
queda definido su carácter eminentemente social, pues
la sociedad empieza por eso, por una pareja".
LO SUBLIME, LO PROFANO
"Cada nación, cada raza, cada región tiene
una concepción distinta de la forma. Primeramente, todos
inician una lucha tenaz por poseerla, luego por hacer de ella
una verdad teológica; algunos los mas felices, comprenden
que no es más que un instrumento, precioso por cierto,
pero jamás una totalidad. Tal es el poder del arte que
se allega hasta lo más íntimo por el rudo conducto
de los sentidos, entre los cuales dos gozan de preeminencia directriz,
la vista y el oído, sin perjuicio de que los restantes
colaboren en todo goce estético. Nuestros sueños
juegan con nosotros tanto como nosotros jugamos con ellos. Nuestros
ensueños presentan nuestras aspiraciones profundas como
un destino. En el arte ya no se trata de un juego de imágenes.
Se trata de una selección de imágenes y de sentimientos
expresivos, bellos capaces de ordenarse en símbolos armoniosos".
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