Los
mágicos colores de Perugachy
"Este pintor desde
sus inicios ha mirado hacia una realidad marcada por características
propias y que no es otra que el universo peculiar de los Andes".
Leyla Piedad Escobar
"Lluvia de colores andinos"
tituló Jorge Perugachy a la muestra que hace pocas semanas
exhibió en la sede de la Organización de Estados
Americanos OEA, en Washington.
La exposición se realizó
en el marco de una serie de eventos previos a la recién
concluida XXXIV Asamblea de la OEA que se efectuó en Quito.
25 obras, todos acrílicos de 80 por 100 conformaron la
exhibición, que en su sesión inaugural contó
con la asistencia de los representantes de los países
americanos, ante el organismo regional y fue presentada por el
canciller ecuatoriano Patricio Suquilanda.
Para Perugachy esta lluvia
de colores andinos no es otra cosa que acceder "a la intimidad
de mis ojos espirituales, desde el fondo de mi geografía
de verdes montañas y azules sueños línea
a línea, sombra a sombra, bañado en cada respirar
por la mágica llovizna de colores. Desde el acantilado
de mi angustia, mis manos apretaron el miedo vacilante de muchacho
y ese color que corría a cántaros por mis mejillas,
me formaron primorosamente acompañado de silenciosas gamas
de dorados pajonales, de secretos azules, de verdes praderas
y violeta clandestinas"
Perugachy se define como un
pintor que tiene en la tenacidad su mejor aliada , "día
a día aprendí a levantarme con más fortaleza
y más sed de aprender de ese inmenso horizonte de luz,
de ese mar inagotable de arte".
La caligrafía de miles
y miles de formas, la simbología enraizada en el subsuelo
mágico de nuestros antepasados prehispánicos, son
el nutriente de mi lenguaje plástico, dice al tiempo de
hacer memoria de la influencia que ha recibido de las culturas
que se desarrollaron en lo que hoy es nuestra geografía
patria y de las otras que ocuparon todo el vasto territorio americano.
Añade el diálogo
matérico en texturas que nos transporta a nuestros orígenes
barroco-mestizo también es una constante y una afirmación
de su preocupación de dar vida al pálido e inerte
lienzo, revistiéndole de una piel de tierras utilizando
todo tipo de técnicas.
Para la obra de Perugachy la
mujer es una constante esencial y cada una de ellas lleva implícito
un homenaje al ser que él considera base de la humanidad.
Al comentar su muestra "Lluvia
de colores andinos" el pintor otavaleño afincado
en Quito señala que al "fusionar la signografía
milenaria, color profundo, la intención plástica,
a más de recrear visualmente los elementos, es dar un
mensaje fresco, transparente, sencillo como nuestra gente de
pueblo, sin complicaciones superintelectualoides, sin máscaras
extranjerizantes que no nos identifican, es decir un mensaje
de vida, esperanza y reflexión".
Los tiempos de Perugachy
Para el crítico Manuel
Esteban Mejía la obra de Jorge Perugachy está marcada
por características propias y que no es otra que el universo
peculiar de Los Andes. Pero no se trata de una mirada solamente
seducida por un multifacético sentido de la realidad exterior,
sino de una que responde al peso gravitacional de culturas que
plantearon y desarrollaron, siglos antes del período hispánico,
una visión distinta del universo, de la sociedad y del
ser humano.
Estas culturas integraron por
igual, mito e historia en su hacer cotidiano y en una práctica
ritual. Y su cosmovisión respondía a esta percepción
vinculante de un pasado y presente.
La serie "Las Vírgenes
del Sol", resume la visión andina del pintor.
La mujer además de representar
lo femenino y lo fecundante es lo sacral.
Los cuadros muestran a la mujer
como servidora del Sol y como madre y amante.
En "Ausencia" la
serie más reciente de Perugachy el pintor reflexiona sobre
la problemática actual, la migración. El pintor
ve este problema no desde la óptica de la persona que
viaja sino desde los familiares que permanecen. Pinta la ausencia
que genera dolor con sentido de pérdida temporal o definitiva.
Que es exilio voluntario, pero también desgarramiento
para unos y otros.
En esta serie afirma Mejía,
la composición es menos lírica y más rigurosa
de lo que antes fuera. El tratamiento espacial es más
sobrio y determinante. Lo dramático remplaza a lo maravilloso
y lúdico, dando a al imagen una gravedad melancólica
de peso reconocible.
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