| |
'di-EGO',
la inquietante propuesta de Diego Jaramillo
En la Alianza Francesa de
Quito, se presentó la muestra denominada 'di-EGO', del
artista ecuatoriano Diego Jaramillo: 23 cuadros en acrílico
sobre lienzo, 1 en acrílico sobre fotografía-papel
y 1 sobre cartón.
CARLOS ROJAS REYES
La obra de Diego Jaramillo
se encuentra en una encrucijada: lugar en el cual nos detenemos
para decidir hacia dónde ir, momento en el que no estamos
seguros, instantes en los que hemos perdido las certidumbres
y el conocimiento preciso de la dirección que debemos
tomar.
En este cruce de caminos la obra regresa sobre sí misma
de forma reflexiva, se interroga sobre su propio decurrir y encuentra
que los mundos que parecían estables, que los modos de
representación dados, tambalean, se quiebran, pierden
su consistencia. El artista sabe que se ha iniciado una transición.
Lo que no se sabe es cuánto durará, ni la forma
en la que se resolverá. Se entra en un interregno, en
un territorio intermedio, en tierra de todos y de nadie, en una
profunda zona de indiferenciación.
Los matices se pierden, las opciones visuales largamente trabajadas
se disuelven, los elementos constantes se vuelven irreconocibles,
los referentes reales abandonan el plano de las evidencias. Aunque
la técnica, el manejo de los colores, los marcos compositivos
todavía marcan puntos de anclaje en el pasado, instancias
de significación con códigos suficientemente definidos.
En este contexto el retrato colocado a la entrada de la exposición
expresa plenamente tanto las dudas como las tendencias de esta
transición.
El retrato de Diego Jaramillo es, ante todo, un gesto, ciertamente
un gesto estético. Y esto de diversas maneras, en un abanico
que se abre en direcciones múltiples, en un "jardín
de caminos que se bifurcan" constantemente y que dejan abiertas
las puertas de los futuros posibles hacia los cuales se encamina
indecisa esta transición.
Rostro sobre el cartón que hace un gesto de duda y que
luego se lanza de lleno a ocupar el espacio efímero en
el que ha sido construido. Es como si el artista de pronto tomara
conciencia plena del paso del tiempo, de su inaprensibilidad,
de la imposibilidad de controlar su curso, de no saber hacia
dónde va y hacia dónde nos lleva. En la transición
este carácter efímero del retrato que preside la
obra, cuestiona de lleno al resto de cuadros, porque los interroga
en su carácter, porque les pregunta por un significado
que parece haberse perdido finalmente. Allí hay una dualidad
que no está saldada.
Mas, el gesto estético que hace el retrato tiene el sentido
de la gesta; esto es, de la historia que se cuenta, de esta vida
particular que toma los elementos de la realidad para transformarlos
en visualidades, para expresar una realidad que se presenta ella
misma como evanescente. De allí que los elementos figurativos
parecen ser devorados por una abstracción invasora que
penetra todos los referentes directos del mundo.
Y la historia que narran, tanto el retrato como el resto de la
obra, no aluden tanto a una serie particular de acontecimientos,
sino que la narratividad de la obra es sobre todo reflexiva.
Es el momento de transición en donde la obra se pregunta
a ella misma por su direccionalidad, se cuestiona hacia dónde
la transición lleva, cuál es el principio y cuál
es el final.
Finalmente se encuentra incluido en el gesto aquello que mencionamos
cuando decimos: algo se gesta, algo está comenzando a
surgir, algo nuevo va a nacer. Emergencia de lo novedoso que
se desprenderá con dificultad de los aspectos anteriores,
de las visualidades a las que continúa remitiendo, a la
estética anterior que puebla un mundo que ya es diferente.
La pintura de Diego Jaramillo en la transición gesticula,
nos hace señas, nos llama a la comprensión de su
carácter efímero, os dice, también a nosotros,
que la única forma de representarnos es sobre el cartón,
con trazos rápidos, apenas tratando de captar lo esencial,
dejando traslucir el alma a través de la forma.
Entresacados
- La muestra es una autorrepresentación,
que abrió espacio de discusión entre los espectadores.
- Jaramillo conoce los secretos:
el conocimiento de esos secretos le pérmiten un discurso
transcendental.
- Diego aplica a sus lienzos
mensajes que van más allá de la tela, de las técnicas,
de los colores y las sombras.
|
|