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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Terreno para el misterio de su trama

VICTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA
victormanuelguzman@yahoo.com

No hay ninguna creación pura. Todo está hecho de restos anteriores. Esta afirmación señala acaso porque ésta es, siempre según el artista, que su arte se dirige más a la vista que a la palabra, que no se presta a que se hable de ella fácilmente. Ciertamente la obra de este singular artista Cristian Viteri, nacido en Quito en 1979, es secreta y callada y si no resulta fácil saber por qué, se impone con rotundidad, tal vez sea porque el propio artista ha dedicado sus últimos 25 años a estudiar esto mismo en los cuadros de los maestros.

No deja de maravillarme el fenómeno por el cual el saber adquirido en las aulas universitarias y su sagacidad se escancia en nuestro ser en el breve intervalo de un vistazo. Su locura, al hacer sus obras son un motivo exclusivo de su trabajo de artista es, en definitiva, el intento de restituir aquella primera mirada.

Sus estudios del arte y sus innovaciones interpretativas representan el sendero recorrido de su obra que va adquiriendo madurez e importancia en el mundo artístico. Gracias a ellos desarrolla su facultad para la síntesis de los elementos fundamentales de la plástica y su espléndido dibujo expresionista (abstracto o figurativo, indistintamente) acaba sometiéndose al rigor de la geometría. Los resultados están a la vista, ganador del primer premio en la categoría dibujo en el II Salón Nacional de Dibujo, Gráfica y Acuarela del Distrito Metropolitano de Quito en el 2001.

Ganador de una beca de la Unión Latina en el Ecuador en el 2002.

Premio de la Fundación Alberto Coloma Silva de la prestigiosa Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador en el 2003.

Premio Jóvenes Creadores organizado por la Unión Latina y las embajadas de Brasil, España e Italia y fue seleccionado para su fase internacional.

Aunque se podría definir el estilo de Cristian Viteri, es difícil encuadrarse en cualquier corriente al uso, incluso ciñéndonos a los estrictos límites del arte de nuestro país. En cierta manera habiéndose movido en el filo de la navaja de un virtuosismo radical e intransigente, lo estremecedor en el arte de Cristian Viteri Chávez no ha sido tanto la terrorífica belleza de sus obsesivas imágenes oníricas, como su trama o tejido lineales, que se enhebran con una sutileza microscópica en el dibujo, de puro extremada, casi cortante. Junto a este diseño de incisión apurada hasta lo lacerante, Viteri expresa y revela una disposición maniaca que recuerda esa inquietante tradición germánica de un Alfred Kubin o la del holandés Hércules Seghers, cuyo poder de fascinación tampoco procede de la extravagancia, más o menos fantástica, de sus imágenes, sino de su enloquecedora hilatura, donde adivinamos en cada minúsculo trazo un abismo.

Constante y rotunda esta peculiar caligrafía de Viteri, su obra emociona al comprobar, no digo ya la absoluta coherencia, sino el calado de su actitud o gesto artístico que hacen caso al filo escalofriante de su dibujo más temprano con el que ahora mismo practica, sin que en ningún momento se haya desmochado la punta diamantina de su incisión. Por lo demás, un pulso sostenido hasta el extremo refleja la calidad en la que se ha involucrado.

Su corta trayectoria transcurre en el lugar donde su voluntad confluye en un terreno para lo extremadamente delicado, sensible y sutil para el matiz y la emoción que el artista va cultivando y ampliando, constituyéndose en un exponente del arte pictórico más serio e interesante de estos últimos tiempos, por su manera muy peculiar de sentir, interpretar y expresar el espíritu de esta época, lo que constituye el estilo, que no sólo es diferente en este artista, sino que sufre también el impacto de la sociedad en que se mueve el artista. Su estilo encierra el secreto evolutivo de su sensibilidad.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador