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Terreno
para el misterio de su trama
VICTOR MANUEL GUZMÁN
VILLENA
victormanuelguzman@yahoo.com
No hay ninguna creación
pura. Todo está hecho de restos anteriores. Esta afirmación
señala acaso porque ésta es, siempre según
el artista, que su arte se dirige más a la vista que a
la palabra, que no se presta a que se hable de ella fácilmente.
Ciertamente la obra de este singular artista Cristian Viteri,
nacido en Quito en 1979, es secreta y callada y si no resulta
fácil saber por qué, se impone con rotundidad,
tal vez sea porque el propio artista ha dedicado sus últimos
25 años a estudiar esto mismo en los cuadros de los maestros.
No deja de maravillarme el
fenómeno por el cual el saber adquirido en las aulas universitarias
y su sagacidad se escancia en nuestro ser en el breve intervalo
de un vistazo. Su locura, al hacer sus obras son un motivo exclusivo
de su trabajo de artista es, en definitiva, el intento de restituir
aquella primera mirada.
Sus
estudios del arte y sus innovaciones interpretativas representan
el sendero recorrido de su obra que va adquiriendo madurez e
importancia en el mundo artístico. Gracias a ellos desarrolla
su facultad para la síntesis de los elementos fundamentales
de la plástica y su espléndido dibujo expresionista
(abstracto o figurativo, indistintamente) acaba sometiéndose
al rigor de la geometría. Los resultados están
a la vista, ganador del primer premio en la categoría
dibujo en el II Salón Nacional de Dibujo, Gráfica
y Acuarela del Distrito Metropolitano de Quito en el 2001.
Ganador de una beca de la Unión
Latina en el Ecuador en el 2002.
Premio de la Fundación
Alberto Coloma Silva de la prestigiosa Facultad de Artes de la
Universidad Central del Ecuador en el 2003.
Premio Jóvenes Creadores
organizado por la Unión Latina y las embajadas de Brasil,
España e Italia y fue seleccionado para su fase internacional.
Aunque se podría definir
el estilo de Cristian Viteri, es difícil encuadrarse en
cualquier corriente al uso, incluso ciñéndonos
a los estrictos límites del arte de nuestro país.
En cierta manera habiéndose movido en el filo de la navaja
de un virtuosismo radical e intransigente, lo estremecedor en
el arte de Cristian Viteri Chávez no ha sido tanto la
terrorífica belleza de sus obsesivas imágenes oníricas,
como su trama o tejido lineales, que se enhebran con una sutileza
microscópica en el dibujo, de puro extremada, casi cortante.
Junto a este diseño de incisión apurada hasta lo
lacerante, Viteri expresa y revela una disposición maniaca
que recuerda esa inquietante tradición germánica
de un Alfred Kubin o la del holandés Hércules Seghers,
cuyo poder de fascinación tampoco procede de la extravagancia,
más o menos fantástica, de sus imágenes,
sino de su enloquecedora hilatura, donde adivinamos en cada minúsculo
trazo un abismo.
Constante y rotunda esta peculiar
caligrafía de Viteri, su obra emociona al comprobar,
no digo ya la absoluta coherencia, sino el calado de su actitud
o gesto artístico que hacen caso al filo escalofriante
de su dibujo más temprano con el que ahora mismo practica,
sin que en ningún momento se haya desmochado la punta
diamantina de su incisión. Por lo demás, un pulso
sostenido hasta el extremo refleja la calidad en la que se ha
involucrado.
Su corta trayectoria transcurre
en el lugar donde su voluntad confluye en un terreno para lo
extremadamente delicado, sensible y sutil para el matiz y la
emoción que el artista va cultivando y ampliando, constituyéndose
en un exponente del arte pictórico más serio e
interesante de estos últimos tiempos, por su manera muy
peculiar de sentir, interpretar y expresar el espíritu
de esta época, lo que constituye el estilo, que no sólo
es diferente en este artista, sino que sufre también el
impacto de la sociedad en que se mueve el artista. Su estilo
encierra el secreto evolutivo de su sensibilidad.
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