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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Del realismo a las nuevas búsquedas conceptuales

"La naturaleza está impregnada de un ritmo que no puede ser constreñido en cuanto a su diversidad. El arte la imita a para llegar a la misma sublimidad, para elevarse a un espectáculo de numerosas concordancias de colores que se dividen, para volver a juntarse en la misma acción, formando un todo". (Robert Delaunay)

Carlos Villacís Endara
Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte ­AICA-

Uno de los errores más frecuentes que hoy se cometen, es el analizar un cuadro o escultura contemporáneos sirviéndose del lenguaje crítico propio del arte de ayer. Es difícil el intentar ofrecer una visión sistemática y lógica de los fenómenos artísticos contemporáneos, ya que aquellas verdades que se las creía duraderas, actualmente han ido superándose. Por tanto, es necesario tratar de examinar, no históricamente ni programáticamente, algunas tendencias y movimientos característicos y con especial contenido. Buscar la 'validez' de esas formas con relación al informalismo, a las nuevas investigaciones estructuralistas, a ciertos figurativismos, es lo que actualmente se ve obligado el crítico.
LUIS ALBERTO MEDINA, en la iniciación de su proceso evolutivo, intenta concebir y representar a la naturaleza como una realidad directa, como una visión objetiva y racional, al entregar una formación paisajística clara en la manifestación exterior del cuadro, proporcionando un reflejo lo más exacto posible de la naturaleza cambia el acento de su tonalidad, de acuerdo con la situación subjetiva y momentánea del artista, tal como los 'impresionistas' descubrieron el colorido de la luz en toda su capacidad de transformación.
Posteriormente, en los árboles e interiores, las palabras el lenguaje del cuadro ­formas, línea, tonalidad y color- cambian y evolucionan desde las impresiones condicionadas por la misma naturaleza, hasta el campo de lo surreal: personas, troncos, aves, frutos, cuyo compromiso de lo visible es sustituido por el compromiso de la fantasía.
El artista presenta una nueva imagen objetiva y comprometida del mundo, vislumbra una idea de espacios y composiciones que se escapan en estos casos a la percepción sensorial directa. La forma y el color comienzan a liberarse de la objetividad directa. El esquema tridimensional de la composición, no corresponde a la concepción de la realidad conocida.
A través de la configuración conseguida con medios artísticos, la superficie pintada muestra una representación, un drama de colores y formas, de líneas, de contrastes, de influencias y relaciones. En los colores y en las formas están presentes fuerzas elementales, figuras primitivas de nuestro folclore, cuya naturaleza no puede ser concebida promedio de conceptos descriptivos. En cada cuadro se ha concentrado un campo de percepción, cuya diversidad y profundidad se sustraen a la descripción directa, y que sólo se pueden representar de forma simbólica.
El concepto de realidad ha experimentado una transformación decisiva en cuanto a su significado, desde el momento en que el expresionismo presenta cambios en la concepción realista de los tradicionales personajes folclóricos, con independencia de lo humano, donde la forma sufre una perturbación en cuanto a su objetividad directa con tendencia de separación de lo identificable. El espacio pictórico se recompone de pequeños mosaicos objetivos en la arquitectura, y se estructura con tensiones, partiendo de los valores de expresión del color, cuando el contorno nítido se fundo con el velo vibrante de la cromática.
En este proceso, LUIS ABERTO MEDINA llega a generar obras con impresiones aparentemente contrapuestas, para tratar de unir en una síntesis cada uno de los medios compositivos, sin que la fuerza de expresión se vea disminuida en su conjunto, gracias a la formulación cromática que se reparte en el ordenamiento de cada cuadro al convertirlo en espacio espiritual, sin limitaciones naturales, porque la naturaleza sólo es un medio para expresar visiones interiores. Por tanto, el concepto de la forma experimenta un cambio y se libera de su estrecha unión con lo visible. Se rompe la relación con el mundo real y la pintura comienza a recorrer el camino hacia la forma libre del objeto. El mundo del cuadro pierde cada vez su evidencia, en pos de alcanzar una nueva visión estructural de la representación.

 
 
 
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