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Del
realismo a las nuevas búsquedas conceptuales
"La naturaleza está
impregnada de un ritmo que no puede ser constreñido en
cuanto a su diversidad. El arte la imita a para llegar a la
misma sublimidad, para elevarse a un espectáculo de numerosas
concordancias de colores que se dividen, para volver a juntarse
en la misma acción, formando un todo". (Robert Delaunay)
Carlos Villacís Endara
Miembro de la Asociación Internacional de Críticos
de Arte AICA-
Uno de los errores más
frecuentes que hoy se cometen, es el analizar un cuadro o escultura
contemporáneos sirviéndose del lenguaje crítico
propio del arte de ayer. Es difícil el intentar ofrecer
una visión sistemática y lógica de los fenómenos
artísticos contemporáneos, ya que aquellas verdades
que se las creía duraderas, actualmente han ido superándose.
Por tanto, es necesario tratar de examinar, no históricamente
ni programáticamente, algunas tendencias y movimientos
característicos y con especial contenido. Buscar la 'validez'
de esas formas con relación al informalismo, a las nuevas
investigaciones estructuralistas, a ciertos figurativismos, es
lo que actualmente se ve obligado el crítico.
LUIS ALBERTO MEDINA, en la iniciación de su proceso evolutivo,
intenta concebir y representar a la naturaleza como una realidad
directa, como una visión objetiva y racional, al entregar
una formación paisajística clara en la manifestación
exterior del cuadro, proporcionando un reflejo lo más
exacto posible de la naturaleza cambia el acento de su tonalidad,
de acuerdo con la situación subjetiva y momentánea
del artista, tal como los 'impresionistas' descubrieron el colorido
de la luz en toda su capacidad de transformación.
Posteriormente, en los árboles e interiores, las palabras
el lenguaje del cuadro formas, línea, tonalidad y
color- cambian y evolucionan desde las impresiones condicionadas
por la misma naturaleza, hasta el campo de lo surreal: personas,
troncos, aves, frutos, cuyo compromiso de lo visible es sustituido
por el compromiso de la fantasía.
El artista presenta una nueva imagen objetiva y comprometida
del mundo, vislumbra una idea de espacios y composiciones que
se escapan en estos casos a la percepción sensorial directa.
La forma y el color comienzan a liberarse de la objetividad directa.
El esquema tridimensional de la composición, no corresponde
a la concepción de la realidad conocida.
A través de la configuración conseguida con medios
artísticos, la superficie pintada muestra una representación,
un drama de colores y formas, de líneas, de contrastes,
de influencias y relaciones. En los colores y en las formas están
presentes fuerzas elementales, figuras primitivas de nuestro
folclore, cuya naturaleza no puede ser concebida promedio de
conceptos descriptivos. En cada cuadro se ha concentrado un campo
de percepción, cuya diversidad y profundidad se sustraen
a la descripción directa, y que sólo se pueden
representar de forma simbólica.
El concepto de realidad ha experimentado una transformación
decisiva en cuanto a su significado, desde el momento en que
el expresionismo presenta cambios en la concepción realista
de los tradicionales personajes folclóricos, con independencia
de lo humano, donde la forma sufre una perturbación en
cuanto a su objetividad directa con tendencia de separación
de lo identificable. El espacio pictórico se recompone
de pequeños mosaicos objetivos en la arquitectura, y se
estructura con tensiones, partiendo de los valores de expresión
del color, cuando el contorno nítido se fundo con el velo
vibrante de la cromática.
En este proceso, LUIS ABERTO MEDINA llega a generar obras con
impresiones aparentemente contrapuestas, para tratar de unir
en una síntesis cada uno de los medios compositivos, sin
que la fuerza de expresión se vea disminuida en su conjunto,
gracias a la formulación cromática que se reparte
en el ordenamiento de cada cuadro al convertirlo en espacio espiritual,
sin limitaciones naturales, porque la naturaleza sólo
es un medio para expresar visiones interiores. Por tanto, el
concepto de la forma experimenta un cambio y se libera de su
estrecha unión con lo visible. Se rompe la relación
con el mundo real y la pintura comienza a recorrer el camino
hacia la forma libre del objeto. El mundo del cuadro pierde cada
vez su evidencia, en pos de alcanzar una nueva visión
estructural de la representación.
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