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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

"Púlpitos quiteños": la magnificencia de un arte anónimo

Leyla Piedad Escobar

Cuando hace 25 años Quito recibió la designación de Patrimonio Cultural de la Humanidad, se lo hizo en reconocimiento al patrimonio monumental y arquitectónico que posee y que está localizado en sus iglesias, conventos y pequeñas recoletas, que son obras de arte enmarcadas en un gran y espléndido entorno paisajistico que posee la capital de la Republica.
Formando parte de ese gran patrimonio y casi imperceptibles están los púlpitos quiteños verdaderas obras de arte, que como lo afirma un estudioso, en América Latina tuvieron un especial desarrollo, encontrándose los más exuberantes ejemplares barrocos en Perú, Ecuador y Argentina.
Es Ximena Escudero Albornoz con su obra "Púlpitos quiteños, la magnificencia de un arte anónimo" quien nos hace volver la mirada hacia los magníficos interiores de: templos, monasterios, conventos, recoletas, refectorios y ermitas, porque allí están los púlpitos verdaderas joyas de arte, que siendo piezas del mobiliario sagrado resumen la habilidad y el buen gusto de los imagineros, ebanistas, talladores y doradores de la Escuela Quiteña.
El libro publicado por el Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural de Quito, Fonsal, está concebido en cinco capítulos en los que la autora va desmenuzando el tema de manera que el lector además de recordar (o de enterarse) del porqué de los púlpitos, recorre su historia y quizá lo más valioso encuentra una magistral descripción de cada uno de ellos, tomando en consideración que en Quito se encuentran aproximadamente unos 30 ejemplares confeccionados en diversos materiales y convirtiéndose en una colección única.
El perfeccionismo en el detalle descriptivo nace del amplio conocimiento que tiene la autora, maestra especializada en Historia del Arte Ecuatoriano, miembro correspondiente de la Academia Nacional de Historia, de la Asociación Internacional de Críticos de Arte y directora de la Fundación Fr. José María Vargas, y actualmente analista-historiadora del Fonsal.
La metodología adoptada en la obra es "deductiva, parte de lo general, para llegar a lo particular, enunciando en los primeros cuatro capítulos, en forma independiente conceptos, definiciones y técnicas comunes (Antecedentes estéticos europeos, La escuela quiteña producto del sincretismo y El arte de esculpir en madera) aplicables a los casos especificos tratados en este libro, con lo que se garantiza la comprensión de la misma. Son 243 páginas en las que predominan las ilustraciones: fotografias y dibujos. En el capitulo IV sobre El arte de esculpir en madera se percibe la versación de la autora sobre la materia lo que le lleva a hacer una descripción exhaustiva del taller quiteño que daba cabida a pintores, escultores y orfebres y en los que nacieron verdaderos maestros escultores y la imaginería quiteña cambió notablemente por el lujo y preciosismo estético del acabado, transformándose en una verdadera joya policromada, que aparentemente invalida el virtuosismo del trabajo de la talla que era sobria y sencilla.

Púlpitos y oradores

En una sociedad que mantuvo hasta inicios del siglo XX un elevado índice de analfabetismo, la doctrina se enseñó con sistemas audio-visuales, esto es, con prédica y la imagen. Por esto, dice Gonzalo Ortiz Crespo al prologar la obra, el nacimiento y desarrollo del arte quiteño está íntimanente vinculado con la enseñanza de la doctrina cristiana.
La iglesia quiteña formó a sus religiosos en la prédica que no solo tenía una función pedagógica sino que también era un medio para presionar a las masas. La oratoria sagrada -que tuvo en la Orden de los Predicadores o dominicos sus máximos representantes- era una de las materias más importantes en la formación del clero tanto regular como secular que dedicaba muchas horas al estudio y la práctica de la retérica, esto es el arte del bien decir, de dar al lenguaje hablado 'eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover'.
En ese entorno la existencia de los púlpitos era vital, fueron diseñados para que el sacerdote realizara la predica y la exhortación religiosa correspondiente al púlpito
Algunas órdenes religiosas llamaban "púlpito" al fraile que tenía el empleo de predicador escogido por sus dotes oratorias.
Esta obra de 243 páginas, eminentemente gráfica, editada por el Fonsal tiene la virtud de indagar los orígenes de esos púlpitos, buscar su historia y la de los artistas que los trabajaron, y desentraña sus significados, muchos de ellos incomprensibles para la sociedad actual, pero que fueron claramente interpretados y comprendidos por una sociedad básicamente iletrada, pero con profunda fe.
Los púlpitos fueron utilizados de manera ininterrumpida en iglesias y capillas hasta la década del 60, cuando el Concilio Vaticano II suprimió su empleo, al firmarse el 5 de diciembre de 1963 la Reforma de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia. Disposición ésta que llevó a la destrucción o retiro de este mueble que perdió su función litúrgica para la cual fueron creados, perdieron su condición de arte sacro, aunque no religioso.

Pulpitos quiteños

Escudero comienza el capítulo dedicado a los púlpitos quiteños con algunas frases de José Gabriel Navarro quien señala que "Los púlpitos quiteños son otro de los asuntos en los cuales nuestros escultores realizaron prodigios del tallado... Muchísimo gustó el mueble a nuestros artistas, como lo demuestran el extraordinario cariño y especial empeño con que siempre lo labraron, conservando la forma hexagonal ya en boga desde la epoca ojival. Casi no hay templo quiteño que no exhiba un púlpito primoroso y cuando no lo exhiben, es porque el que tuvieron lo destruyó la ignorancia."
Este mueble estuvo constituido originalmente solo por una plataforma elevada con antepecho, ubicada en la nave principal de su estructura conformada por catedra (de superficie cuadrangular, rectangular, circular o poligonal) soporte (varios pies o uno solo), escalinata, respaldo y tornavoz con sofito (plano inferior del saliente de una cornisa) pintado y remate con imagen exenta, la parte más importante es la cátedra que usualmente se encuentra suspendida sobre un pilar. El tornavoz, dosel o cúpula, colocada sobre él, fue introducido a fines del siglo XV.
Cada uno de los elementos del pulpito se transforma en joyas de arte pues si inicialmente estaban llenos de relieves historiados, desde el Renacimiento adquirieron magnas proporciones en el barroco y en el rococó, puesto que la Contrarreforma buscó contrarrestar el poder de las herejías con la oratoria sagrada dirigida desde el púlpito, atractiva escenografía que se sirvió de efigies y emblemas místicos como puntal visual para el discurso pastoral, bajo la premisa de una 'relación directa entre calidad plástica y eficacia didáctica y devocional' aplicada con especial vigor en el Nuevo Mundo, adquiriendo una vigencia tal - en solo 300 años- como no llegó a darse en toda la historia europea.
Adornado con tallas, ostenta diseño ornamental que comprende multitud de arabescos, caulícolos y motivos abstractos, que enmarcan escenas bíblicas y representaciones iconográficas relacionadas íntimamente con la difusión de la doctrina cristiana que hasta entonces fueron más narrativas que alegóricas, con abundantes sucesos apócrifos, transformándose a partir del Concilio de Trento (1563) en realistas y simbólicas; siendo reiterativa la presencia del Padre Eterno, de Jesús, de María, del Espíritu Santo... Después del segundo cisma religioso (siglo XVI) el protestantismo también lo utilizó, pero exento de imágenes, solamente esculpido con elementos geométricos muy sobrios y con un acabado al natural."
El púlpito también ejerció su poder fuera de la Iglesia, pues se lo utilizó para conducir la opinión pública hacia una específica ideología política, cultural y familiar en una sociedad formada por diferentes estratos socio económicos y raciales, gráficamente clasificados como cultos o alfabetizados, que utlizaron libros para su instrucción, e incultos o analfabetos que continuaron con la enseñanza a base de escuchar lecturas, oratorias y sermones en voz alta, manteniéndose la tradicional oral.
"Púlpitos quiteños la magnificencia de un arte anónimo" cumple con su misión de reafirmar la conciencia de nuestras raíces y el orgullo de ser quiteños, de ser ecuatorianos.

 
 
 
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