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"Púlpitos
quiteños": la magnificencia de un arte anónimo
Leyla Piedad Escobar
Cuando hace 25 años
Quito recibió la designación de Patrimonio Cultural
de la Humanidad, se lo hizo en reconocimiento al patrimonio monumental
y arquitectónico que posee y que está localizado
en sus iglesias, conventos y pequeñas recoletas, que son
obras de arte enmarcadas en un gran y espléndido entorno
paisajistico que posee la capital de la Republica.
Formando parte de ese gran patrimonio y casi imperceptibles están
los púlpitos quiteños verdaderas obras de arte,
que como lo afirma un estudioso, en América Latina tuvieron
un especial desarrollo, encontrándose los más exuberantes
ejemplares barrocos en Perú, Ecuador y Argentina.
Es Ximena Escudero Albornoz con su obra "Púlpitos
quiteños, la magnificencia de un arte anónimo"
quien nos hace volver la mirada hacia los magníficos interiores
de: templos, monasterios, conventos, recoletas, refectorios y
ermitas, porque allí están los púlpitos
verdaderas joyas de arte, que siendo piezas del mobiliario sagrado
resumen la habilidad y el buen gusto de los imagineros, ebanistas,
talladores y doradores de la Escuela Quiteña.
El libro publicado por el Fondo de Salvamento del Patrimonio
Cultural de Quito, Fonsal, está concebido en cinco capítulos
en los que la autora va desmenuzando el tema de manera que el
lector además de recordar (o de enterarse) del porqué
de los púlpitos, recorre su historia y quizá lo
más valioso encuentra una magistral descripción
de cada uno de ellos, tomando en consideración que en
Quito se encuentran aproximadamente unos 30 ejemplares confeccionados
en diversos materiales y convirtiéndose en una colección
única.
El perfeccionismo en el detalle descriptivo nace del amplio conocimiento
que tiene la autora, maestra especializada en Historia del Arte
Ecuatoriano, miembro correspondiente de la Academia Nacional
de Historia, de la Asociación Internacional de Críticos
de Arte y directora de la Fundación Fr. José María
Vargas, y actualmente analista-historiadora del Fonsal.
La metodología adoptada en la obra es "deductiva,
parte de lo general, para llegar a lo particular, enunciando
en los primeros cuatro capítulos, en forma independiente
conceptos, definiciones y técnicas comunes (Antecedentes
estéticos europeos, La escuela quiteña producto
del sincretismo y El arte de esculpir en madera) aplicables a
los casos especificos tratados en este libro, con lo que se garantiza
la comprensión de la misma. Son 243 páginas en
las que predominan las ilustraciones: fotografias y dibujos.
En el capitulo IV sobre El arte de esculpir en madera se percibe
la versación de la autora sobre la materia lo que le lleva
a hacer una descripción exhaustiva del taller quiteño
que daba cabida a pintores, escultores y orfebres y en los que
nacieron verdaderos maestros escultores y la imaginería
quiteña cambió notablemente por el lujo y preciosismo
estético del acabado, transformándose en una verdadera
joya policromada, que aparentemente invalida el virtuosismo del
trabajo de la talla que era sobria y sencilla.
Púlpitos y oradores
En una sociedad que mantuvo
hasta inicios del siglo XX un elevado índice de analfabetismo,
la doctrina se enseñó con sistemas audio-visuales,
esto es, con prédica y la imagen. Por esto, dice Gonzalo
Ortiz Crespo al prologar la obra, el nacimiento y desarrollo
del arte quiteño está íntimanente vinculado
con la enseñanza de la doctrina cristiana.
La iglesia quiteña formó a sus religiosos en la
prédica que no solo tenía una función pedagógica
sino que también era un medio para presionar a las masas.
La oratoria sagrada -que tuvo en la Orden de los Predicadores
o dominicos sus máximos representantes- era una de las
materias más importantes en la formación del clero
tanto regular como secular que dedicaba muchas horas al estudio
y la práctica de la retérica, esto es el arte del
bien decir, de dar al lenguaje hablado 'eficacia bastante para
deleitar, persuadir o conmover'.
En ese entorno la existencia de los púlpitos era vital,
fueron diseñados para que el sacerdote realizara la predica
y la exhortación religiosa correspondiente al púlpito
Algunas órdenes religiosas llamaban "púlpito"
al fraile que tenía el empleo de predicador escogido por
sus dotes oratorias.
Esta obra de 243 páginas, eminentemente gráfica,
editada por el Fonsal tiene la virtud de indagar los orígenes
de esos púlpitos, buscar su historia y la de los artistas
que los trabajaron, y desentraña sus significados, muchos
de ellos incomprensibles para la sociedad actual, pero que fueron
claramente interpretados y comprendidos por una sociedad básicamente
iletrada, pero con profunda fe.
Los púlpitos fueron utilizados de manera ininterrumpida
en iglesias y capillas hasta la década del 60, cuando
el Concilio Vaticano II suprimió su empleo, al firmarse
el 5 de diciembre de 1963 la Reforma de la Constitución
sobre la Sagrada Liturgia. Disposición ésta que
llevó a la destrucción o retiro de este mueble
que perdió su función litúrgica para la
cual fueron creados, perdieron su condición de arte sacro,
aunque no religioso.
Pulpitos quiteños
Escudero comienza el capítulo
dedicado a los púlpitos quiteños con algunas frases
de José Gabriel Navarro quien señala que "Los
púlpitos quiteños son otro de los asuntos en los
cuales nuestros escultores realizaron prodigios del tallado...
Muchísimo gustó el mueble a nuestros artistas,
como lo demuestran el extraordinario cariño y especial
empeño con que siempre lo labraron, conservando la forma
hexagonal ya en boga desde la epoca ojival. Casi no hay templo
quiteño que no exhiba un púlpito primoroso y cuando
no lo exhiben, es porque el que tuvieron lo destruyó la
ignorancia."
Este mueble estuvo constituido originalmente solo por una plataforma
elevada con antepecho, ubicada en la nave principal de su estructura
conformada por catedra (de superficie cuadrangular, rectangular,
circular o poligonal) soporte (varios pies o uno solo), escalinata,
respaldo y tornavoz con sofito (plano inferior del saliente de
una cornisa) pintado y remate con imagen exenta, la parte más
importante es la cátedra que usualmente se encuentra suspendida
sobre un pilar. El tornavoz, dosel o cúpula, colocada
sobre él, fue introducido a fines del siglo XV.
Cada uno de los elementos del pulpito se transforma en joyas
de arte pues si inicialmente estaban llenos de relieves historiados,
desde el Renacimiento adquirieron magnas proporciones en el barroco
y en el rococó, puesto que la Contrarreforma buscó
contrarrestar el poder de las herejías con la oratoria
sagrada dirigida desde el púlpito, atractiva escenografía
que se sirvió de efigies y emblemas místicos como
puntal visual para el discurso pastoral, bajo la premisa de una
'relación directa entre calidad plástica y eficacia
didáctica y devocional' aplicada con especial vigor en
el Nuevo Mundo, adquiriendo una vigencia tal - en solo 300 años-
como no llegó a darse en toda la historia europea.
Adornado con tallas, ostenta diseño ornamental que comprende
multitud de arabescos, caulícolos y motivos abstractos,
que enmarcan escenas bíblicas y representaciones iconográficas
relacionadas íntimamente con la difusión de la
doctrina cristiana que hasta entonces fueron más narrativas
que alegóricas, con abundantes sucesos apócrifos,
transformándose a partir del Concilio de Trento (1563)
en realistas y simbólicas; siendo reiterativa la presencia
del Padre Eterno, de Jesús, de María, del Espíritu
Santo... Después del segundo cisma religioso (siglo XVI)
el protestantismo también lo utilizó, pero exento
de imágenes, solamente esculpido con elementos geométricos
muy sobrios y con un acabado al natural."
El púlpito también ejerció su poder fuera
de la Iglesia, pues se lo utilizó para conducir la opinión
pública hacia una específica ideología política,
cultural y familiar en una sociedad formada por diferentes estratos
socio económicos y raciales, gráficamente clasificados
como cultos o alfabetizados, que utlizaron libros para su instrucción,
e incultos o analfabetos que continuaron con la enseñanza
a base de escuchar lecturas, oratorias y sermones en voz alta,
manteniéndose la tradicional oral.
"Púlpitos quiteños la magnificencia de un
arte anónimo" cumple con su misión de reafirmar
la conciencia de nuestras raíces y el orgullo de ser quiteños,
de ser ecuatorianos.
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