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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Fernando Manríque y el espacio mental

Por VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA
victormanuelguzman@yahoo.com

El arte abstracto se considera como una "escuela única", creada por un artista determinado, en una época determinada, esta afirmación se debe a la polémica que se levantó en torno a sí. Sin embargo para muchos artistas fue un paso decisivo y revelado hacia una pintura pura, expurgada de todo lo extraño al arte. Este criterio contribuyó también a que las nuevas formas artísticas, con desconocimiento de otras características se enfrentasen a las antiguas formas, como único arte no imitativo.
El arte abstracto propicia especialmente una consideración de su ideario porque, como casi ninguna otra tendencia artística, ha obligado tanto a sus seguidores como a sus detractores a manifestarse en cuestiones básicas del arte, incluido su significado para la sociedad.
Convendría precisar aquí las leyes simples de que parte tal lenguaje. Primero el color, color desconectado de la apariencia visual es siempre color localizado. El color varía en tono, matiz e intensidad, entendiéndose por tono, claro u oscuro; por matiz, cálido o frío; por intensidad, débil o fuerte. Cada color tiene su valor preciso con relación a cualquier otro. Forma y línea se revelan por los diferentes valores de color. El valor de un color está dado por la sensación física directa: colores y formas parecen están delante o detrás, avanzando o retrocediendo, según su valor relativo y no por ninguna técnica de ilusionismo tal como la perspectiva, los planos oblicuos o el modelado, y su posición relativa es transmitida por sensación física directa. El uso del color localizado y la sensación directa de relaciones en el espacio ha sido la base del arte abstracto, rara vez utilizando los planos que se deslicen hacia adentro o hacia afuera del cuadro y el modelado es igualmente raro. Los abstractos ortodoxos hasta hoy, usan invariablemente formas planas paralelas a la superficie del cuadro. En esto sus obras se parecen a un mundo visto en un plano o una alfombra y han permanecido tan fieles a la nueva iconoclastía.
El artista chileno Fernando Manrique, nacido en Valparaíso en 1956 nos ofrece un amplio recorrido por esta época del arte. Su obra son composiciones de manchas y fragmentos del color, los mismos que son protagonistas absolutos de la superficie. El artista antepone la espontaneidad del dibujo y el trazo y consigue el abstraccionismo, dependiendo de su necesidad interior. Necesidad que depende de algo existente en el artista que exige ser expresado.
Su personalidad, su espíritu y las exigencias del arte mismo tienen para él importancia. No hay reglas académicas de validez general en su obra, dado que cada obra tiene sus propias leyes. Expone la naturaleza objetiva del lenguaje empleado. Cada elemento de sus cuadros tiene su propio efecto psíquico.
Manrique ya no abstrae sino que construye desde adentro, experimentando con los más simples medios pictóricos: figuras geométricas y colores primarios. Pero estos signos abstractos están dotados de vigorosa vida propia. Su abstracción con tendencia geométrica apuntala a una actitud de liberación frente al objeto natural, de modo de poder distorsionarlo para satisfacer las exigencias de la emoción, de la lógica de la composición o de un capricho arbitrario.
Platón expresaba: "Puesto que no comprendes el vuelo de mi pensamiento, es preciso tratar de explicártelo. Por la belleza de las figuras entiendo lo que muchos imaginan, por ejemplo cuerpos hermosos, bellas pinturas, sino que entiendo por aquella lo que es recto y circular, y las obras de este género, planas y sólidas, trabajadas al torno, así como las hechas con regla y con escuadra: ¿Concibes mi pensamiento? Porque sostengo que estas figuras no son, como las otras, bellas por comparación, sino que son siempre bellas en sí por su naturaleza; y que procuran ciertos placeres que les son propios y no tienen nada en común con los placeres producidos por los estímulos carnales. Otro tanto digo de los colores bellos, que tienen una belleza del mismo género, y de los placeres que les son afectos". Así es la pintura de Fernando Manrique, pintura pura, liberada de tiranía de las apariencias y completamente independiente de los objetos. Persevera en su trabajo con una devoción casi religiosa y una profunda preocupación por los principios estéticos. Como si los signos que emplea se hubiesen convertido ya en imágenes demasiado objetivas.
Manrique Murua, quien se prepara a exponer en octubre en Madrid-España, avanza y niega toda cualidad personal en el manejo del pigmento. Todo lo que le importa es establecer un equilibrio dinámico en las proporciones de cada área, el peso del color, el grueso del trazo que conducen a un equilibrio crítico de elementos opuestos y encontrados. En esta búsqueda de proporciones en un equilibrio crítico lo liga estrecha e inevitablemente al arte abstracto.
Este artista chileno-ecuatoriano ha materializado el ensueño estético que constituye la obra de arte, que abarca lo que es y lo que puede ser, lo inteligible y lo sensible, que tiene en la creación artística su más lograda realización, pues en ella intervienen lo real y lo ideal conjugándose. Este artista tiene la virtud de borrar el abismo que separa la realidad del ensueño, puesto que la realidad está en la obra de arte cuando el ideal está en el alma del artista, quien hace del mundo externo un mundo interno que expresa su creación.
Su obra de arte no es simplemente un objeto de contemplación. Encierra un mensaje, nos habla al espíritu, porque tiene una carga de significaciones. Lleva en sí el propósito de entablar un diálogo emocional con todo el que quiera acercarse a ella. En efecto, gracias al sentimiento trascendental que posee la obra, el contemplador percibe su lenguaje y al percibirlo se proyecta en ella como una respuesta a los pensamientos y será su aptitud receptiva, su capacidad para comprender el mensaje que el artista Manrique deja en su creación.
Una muestra del artista Manrique se encuentra expuesta hasta agosto del 2004, en el Café Maitai, ubicada en Whymper 3091 y Coruña.

 
 
 
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