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Jaramillo y Brayanes chispeantes
caricaturistas
Karla Jaramillo Puertas
jaramillopuertaskarla@yahoo.es
FREDDY JARAMILLO
El personaje central de Fredy
Jaramillo Vásquez es su padre "Don Luchito"
el cual tiene un santo llamado "San Cocho" a quien
eleva sus plegarias al ver actos de corrupción, abuso
o irregularidades principalmente en los políticos de turno
temas por los cuales siente una especial inclinación,
aunque no deja de graficar situaciones en ámbitos donde
intervienen actividades y áreas como el deporte, medicina
o sociales. Piensa que "las decisiones que se toman dentro
de la política nos involucra a todos queramos o no".
Para Fredy, la caricatura es un artículo que no utiliza
palabras, sino gráficos con mensajes que son un llamado
a pensar, razonar y meditar los acontecimientos que suscitan
en nuestro entorno. Sin embargo "en el momento de cancelación
no es tomada como tal, a pesar que los dos son el resultado de
un largo proceso de investigación, análisis y de
trabajo intelectual".
En cuanto a si la caricatura transciende o es coyuntural afirma
que el objetivo principal es que trascienda como lo han hecho
las caricaturas de Quino con Mafalda, él sostiene que
estas viñetas al analizarlas poseen un "75 por ciento
de mensaje serio debido a que el contenido fue dirigido para
Argentina de los años 60 y 70" por eso considera
que muchas personas luego de leerlas no las entienden y "es
porque no están empapados de la realidad de ese entonces".
LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Jaramillo Vásquez considera
que en este oficio al igual que en el artículo siempre
existe y existirán los resentidos, "los que no les
gusta que se les diga las cosas como son, así uno tenga
razón. Consecuentemente desean silenciarlos. ¿Pero
si uno se deja intimidar de que libertad de prensa estamos hablando?".
Reflexiona diciendo que la libertad de prensa no es estática
sino que se la hace en el día a día para mantenerla
en vigencia "pero en el momento que la gente, los periodistas
o caricaturistas se callen esa libertad se contrae y termina
acabándose".
Sin perder su buen humor dice que las más preocupadas
por las consecuencias que puedan acarrear sus trazos son su madre
y esposa. Él sintió temor al inicio, pero en el
transcurso de 14 años que viene ejerciendo este oficio
sabe que su habilidad le permite decir las cosas como las ve.
Recuerda que en sus inicios le fue muy duro realizar una caricatura
diaria. "Hacer un dibujo me demoraba mínimo dos días",
pero con el pasar de los años le fue cogiendo gusto a
lo que hace que ahora no le causa ninguna dificultad por eso
sostiene que la motivación para seguir en este arte es
la pasión "únicamente las personas apasionadas
son las que logran vencer los obstáculos de lo contrario
a la primera barrera que se les presenta se derrotan y ahí
queda todo". El premio más grande que pueda obtener
es el reconocimiento no de instituciones, sino de las personas
que admiran su trabajo y lo valoren.
WILLIAM BRAYANES
Al preguntarle a William Brayanes
de donde viene la vena artística -con humor fino- comenta
que es único y exclusivo. Recuerda que desde la escuela
tenía inclinación por el dibujo, lo hacía
en la pizarra, pupitres, cuadernos, pero siempre tachaban sus
"muñequito" y lo que es peor le castigaban,
"me enviaban a traer representante o me expulsaban de clases,
sin entender que esa era un proyección para lo que es
ahora mi gran todo".
A pesar de eso, su pasión no fue coartada. Por lo contrario
le incentivaron para que lo siga haciendo, esta vez, ya no a
la luz del día, sino que esperaban la noche, "y debajo
de las cobijas, cuando ya nadie me veía, cogía
mi libretita y empezaba a dibujar. Al día siguiente, lo
compartía con mis amigos de barrio y nos moríamos
de gusto".
Sus trazos eran alusiones al profesor, dueño de casa,
el heladero o al malo de la película, siempre atacando
al poder constituido y eso le daba una satisfacción netamente
espiritual. Ahora le piden que los retrate.
En sus primeros gráficos siempre aparecían "cuernitos"
una especie híbrida Ángel con cuernos de diablo.
"Era un personaje bueno y malo que se reía de todo
hasta de las desgracias ajenas".
Con este personaje y durante siete años publicó
una revista de tiras cómicas en donde cuernitos hallaba
gracia de todo. En el fondo era su propia sustancia, pero dejó
de publicar porque asegura que con el pasar de los años
su alma se volvió seria y formal y ya no se identifica
con este personaje.
FACETAS
William, a través de
sus dibujos plasma su punto de vista sobre lo que observa del
mundo y lo que puede captar sobre la realidad "lo cual no
necesariamente debe ser verdadero, es simplemente una postura.
Será el tiempo y las circunstancias que determine cuan
acertado estuve o no".
Desde hace 24 años Brayanes está dedicado a la
caricatura, oficio que fue puliendo al andar, ya que "no
existe una escuela donde se estudie esta asignatura". Sin
embargo, al igual que otros caricaturistas esa no es su profesión
"ya que no está considerada como tal" y por
eso lo toma como una pasión o hobby.
Otra de las facetas que se puede destacar en él "negro
Brayanes", sobrenombre otorgado por el color de su tez,
es la de escritor. Ha publicado varios libros de poesía
y humor entre los que se destaca "Fuego de chimenea, Cosas
de pipiolos, Viernes 33 de mayo, Las sonrisas son rosadas, Piel
de agua, Polvo de estrella, Humor Minero y Hagamos el humor"
compartido con Luis Chauvin. Además editorializa en una
radio local donde predomina su forma muy coloquial de decir las
cosas. Por su puesto no olvida su chispa lojana.
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