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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Máscaras: sinónimos de rostros del alma

Leyla Piedad Escobar

Una colección bastante envidiable de máscaras está exhibiendo el Banco Central en su Museo Nacional, demostrando la riqueza cultural y artística que estos objetos representan en nuestro país, además ayudando al conocimiento del patrimonio religioso-festivo de los distintos pueblos que conforman este Ecuador multiétnico y pluricultural.

Las máscaras, como se señala en el respectivo catálogo, son rostros falsos, de facciones reales o imaginarias. Su fin es el deseo de inmovilizar y amplificar un gesto. Para el hombre ancestral, la afición a las máscaras estuvo motivada, en gran parte, por el deseo de protegerse contra los espíritus maligno.

En América, los cronistas describen a las máscaras como instrumentos mágicos usados en los ceremoniales de las sociedades originarias y están presentes en las manifestaciones rituales, sagradas y festivas que los pueblos indígenas realizan hasta nuestros días.

Las máscaras antropo-zoomorfas con rasgos de hombres y animales representan dioses o seres humanos que tienen la facultad de transformarse en animales sagrados.

En la cosmovisión andina, la máscara está estrechamente vinculada con su mitología, explica su origen y existencia y su espiritualidad, es decir las manifestaciones que necesita el espíritu para potenciarse y tener ingerencia en el alma de la gente. También representa la idea de "Pacha", en el sentido de ser la "unidad" que encierra la esencia del ser a través de un orden o forma expresado en el rostro.

En otro plano la máscara también es "el rostro del alma", de algún ser interior o algún espíritu de la naturaleza -por ejemplo el de la montaña- o de algún animal sagrado, de un apu (ente protector).

En el caso ecuatoriano, todo hace suponer que las máscaras fueron elaboradas y utilizadas por grupos humanos que habitaron este territorio desde 15 mil años atrás.

La Cultura Valdivia, del Período Formativo de hace 6 mil años, trabajó las primeras vasijas representando rostros humanos porque trataron de captar la imagen de la cara del muerto en sus objetos sagrados. Lo hicieron en cerámica, piedra y mullu, preferentemente.

Las culturas Tolita, Jama Coaque y Bahía, entre otras (desde el 500 a.C. , desarrollaron una gran variedad de máscaras. Las calaveras en cerámica y metales como el oro, la plata, el platino y el cobre eran la materialización de la muerte, o la representación de los ancestros.
En la muestra, cuya curadora es Estalina Quinatoa Cotacachi, también están presentes los disfraces mítico-religiosos de animales sagrados vinculados a los rituales y a la medicina.

No son simples objetos
Las máscaras no se pueden interpretar como objetos separados de la vida humana. Un mito no adquiere sentido sino una vez devuelto al grupo. Igualmente a cada tipo de máscara se vinculan mitos que tiene por objeto explicar el origen legendario y o sobrenatural de los pueblos expresado en los rituales.

En el mundo de las máscaras se conjugan datos míticos, funciones sociales y religiosas y expresiones plásticas; estos tres órdenes de fenómenos, por heterogéneos que parezcan están funcionalmente vinculados". Su pervivencia nos permite acercarnos al conocimiento de sus historias, mitos, esperanzas y fantasmas; su lenguaje, su lectura deben ser entendidos como un proceso del diario vivir y como manifestación de una comunidad que es la que coexiste cotidianamente, con el mundo que empieza a partir de esas máscaras.

Es que es la cara lo que más nos asocia a lo que somos, o a lo que quisiéramos ser. Es ella la que representa nuestra identidad personal y social. Una excelente muestra que debe ser visitada.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador