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Los
valores estéticos del arte
Carlos Villacís Endara
MIEMBRO DE LA ASOCIACIÓN
INTERNACIONAL DE CRÍTICOS DE ARTE
En el siglo XX, cada movimiento
artístico responde a un intento de reconstruir la realidad
desde un ángulo concreto y forzosamente parcial. Existe
toda clase de factores que se producen en zonas más cercanas
al arte mismo: la fotografía, que viene a socavar la base
representativa de la pintura; y el cine, que es para muchos el
arte auténticamente popular por sus variaciones del gusto.
La pintura ya había
sido impugnada con el 'impresionismo', ya que la primacía
del factor lumínico atentaba contra la imagen de la realidad.
Durante el primer tercio delsiglo XX se suceden una serie de
movimientos: cubismo, futurismo, abstracción, dadaísmo,
surrealismo, contradictorios en parte, pero que todos ellos venían
a continuar y completar la acción de desintegrar la imagen
unívoca de la realidad.
Este intento de reconstruir
la 'realidad' en función del desarrollo de la pintura,
lo han venido tratando, sino todos, la mayoría de los
artistas, Con estas nuevas experiencias han tratado de alcanzar
una libertad absoluta, con la inclusión del tempo y un
despliegue formal en un espacio con o sin límites; donde
el color, propio de la pintura, se asocia al volumen y a los
valores cromáticos que antes la definían, surgen
nuevamente como una valoración de colores naturales o
como un color artificial añadido. Esta suerte que ha corrido
el color, ha sido asociada a la del dibujo, que ha sido trasgredido
como límite y ha cobrado libertades mayores.
En el caso del Ecuador, la
tradición del 'costumbrismo' a finales del siglo XIX,
y la irrupción del 'paisajismo' desde inicios del siglo
XX, se abrieron oportunidades para que los jóvenes artistas
de los talleres quiteños y los recién egresados
de la flamante Escuela de Bellas Artes se dejen atrapar de la
grandiosidad de los Andes, de la riqueza vegetal del Oriente
o de al ilimitada ondulación del mar. Y fue el 'realismo'
con su cromática belleza, y del 'expresionismo' con la
magia de la transparencia, que impresionaron los pinceles de
nuestros pintores.
Y, medio siglo atrás,
un joven riobambeño autodidacta, LUIS MORALES, con su
voluntad y deseos de tecnificar sus conocimientos artísticos,
asiste a los talleres de los entonces también jóvenes
maestros Francisco Coello y Nilo Yépez; o acompaña
en las frías madrugadas a César Taco y se deja
atrapar por el misticismo de las montañas y de los serpenteantes
o estrechos barrios quiteños.
El dibujo y su largo proceso
de líneas expresivas para bocetear o captar formas de
objetos y figuras humanas o animales, la delicadeza transparencia
de la acuarela, la suave blandura del pastel, la variada riqueza
de los pigmentos de la témpera y el acrílico, las
especiales texturas del óleo, le han permitido a este
artista recrear sus diferentes búsquedas estéticas
pro cincuenta años, incursionando en todos los campos
a que su pasión lo empujaron.
Los valores cromáticos
y dibujísticos del arte significan o expresan las ideas
y las emociones del artista, cuando las organiza y unifica, tomando
las formas generalmente basadas o sugeridas pro objetos naturales
y las dispone en diseños ordenados dentro de un espacio
limitado, para tratar de explicar las misteriosas manifestaciones
de la naturaleza, de simplificar y organizar lo que ve a su alrededor
a fin de aprehenderlo y entenderlo. LUIS MORALES, sobre una base
puramente emocional, extrae del mundo visual hechos de forma
y color, y los organiza en diseños ordenados.
Si un paisaje -de la naturaleza
o urbano-, un desnudo femenino, un grupo de personas con sus
atuendos o retratos individuales, una serie diferentes de objetos,
lo conmueven, reacciona ante ellos con sus propios sentimientos
y los convierte en modelos para sus obras; donde no tratará
de rescatarlos, sino de sentirlos mediante una disposición
de formas ordenadas y de fácil comprensión, previa
una selección que implica la toma de algunos hechos, ya
que es imposible utilizarlos todos: recuerdos, formas, colores,
iluminaciones, perspectivas El artista elige de entre todos estos
elementos confusos los que él necesita para crear un pequeño
y personal nuevo universo, ordenado, que responda a sus propias
leyes y se halle animado por una unidad y simplicidad que no
se encuentran en la naturaleza, para finalmente transmitirla
al espectador.
Por tanto, para el disfrute
de la obra artística es necesario, no únicamente
el gusto sino una educación de la intuición, para
alcanzar la comprensión del fenómeno artístico
contemporáneo.
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