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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Los valores estéticos del arte

Carlos Villacís Endara
MIEMBRO DE LA ASOCIACIÓN
INTERNACIONAL DE CRÍTICOS DE ARTE

En el siglo XX, cada movimiento artístico responde a un intento de reconstruir la realidad desde un ángulo concreto y forzosamente parcial. Existe toda clase de factores que se producen en zonas más cercanas al arte mismo: la fotografía, que viene a socavar la base representativa de la pintura; y el cine, que es para muchos el arte auténticamente popular por sus variaciones del gusto.

La pintura ya había sido impugnada con el 'impresionismo', ya que la primacía del factor lumínico atentaba contra la imagen de la realidad. Durante el primer tercio delsiglo XX se suceden una serie de movimientos: cubismo, futurismo, abstracción, dadaísmo, surrealismo, contradictorios en parte, pero que todos ellos venían a continuar y completar la acción de desintegrar la imagen unívoca de la realidad.

Este intento de reconstruir la 'realidad' en función del desarrollo de la pintura, lo han venido tratando, sino todos, la mayoría de los artistas, Con estas nuevas experiencias han tratado de alcanzar una libertad absoluta, con la inclusión del tempo y un despliegue formal en un espacio con o sin límites; donde el color, propio de la pintura, se asocia al volumen y a los valores cromáticos que antes la definían, surgen nuevamente como una valoración de colores naturales o como un color artificial añadido. Esta suerte que ha corrido el color, ha sido asociada a la del dibujo, que ha sido trasgredido como límite y ha cobrado libertades mayores.

En el caso del Ecuador, la tradición del 'costumbrismo' a finales del siglo XIX, y la irrupción del 'paisajismo' desde inicios del siglo XX, se abrieron oportunidades para que los jóvenes artistas de los talleres quiteños y los recién egresados de la flamante Escuela de Bellas Artes se dejen atrapar de la grandiosidad de los Andes, de la riqueza vegetal del Oriente o de al ilimitada ondulación del mar. Y fue el 'realismo' con su cromática belleza, y del 'expresionismo' con la magia de la transparencia, que impresionaron los pinceles de nuestros pintores.

Y, medio siglo atrás, un joven riobambeño autodidacta, LUIS MORALES, con su voluntad y deseos de tecnificar sus conocimientos artísticos, asiste a los talleres de los entonces también jóvenes maestros Francisco Coello y Nilo Yépez; o acompaña en las frías madrugadas a César Taco y se deja atrapar por el misticismo de las montañas y de los serpenteantes o estrechos barrios quiteños.

El dibujo y su largo proceso de líneas expresivas para bocetear o captar formas de objetos y figuras humanas o animales, la delicadeza transparencia de la acuarela, la suave blandura del pastel, la variada riqueza de los pigmentos de la témpera y el acrílico, las especiales texturas del óleo, le han permitido a este artista recrear sus diferentes búsquedas estéticas pro cincuenta años, incursionando en todos los campos a que su pasión lo empujaron.

Los valores cromáticos y dibujísticos del arte significan o expresan las ideas y las emociones del artista, cuando las organiza y unifica, tomando las formas generalmente basadas o sugeridas pro objetos naturales y las dispone en diseños ordenados dentro de un espacio limitado, para tratar de explicar las misteriosas manifestaciones de la naturaleza, de simplificar y organizar lo que ve a su alrededor a fin de aprehenderlo y entenderlo. LUIS MORALES, sobre una base puramente emocional, extrae del mundo visual hechos de forma y color, y los organiza en diseños ordenados.

Si un paisaje -de la naturaleza o urbano-, un desnudo femenino, un grupo de personas con sus atuendos o retratos individuales, una serie diferentes de objetos, lo conmueven, reacciona ante ellos con sus propios sentimientos y los convierte en modelos para sus obras; donde no tratará de rescatarlos, sino de sentirlos mediante una disposición de formas ordenadas y de fácil comprensión, previa una selección que implica la toma de algunos hechos, ya que es imposible utilizarlos todos: recuerdos, formas, colores, iluminaciones, perspectivas El artista elige de entre todos estos elementos confusos los que él necesita para crear un pequeño y personal nuevo universo, ordenado, que responda a sus propias leyes y se halle animado por una unidad y simplicidad que no se encuentran en la naturaleza, para finalmente transmitirla al espectador.

Por tanto, para el disfrute de la obra artística es necesario, no únicamente el gusto sino una educación de la intuición, para alcanzar la comprensión del fenómeno artístico contemporáneo.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador