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La
magia alucinante de Eda Muñoz
Pocos artistas practican como
Eda Muñoz una entrega total a la creación plástica.
Esta es una dedicación que compromete la propia suerte
de la pintora, quien de ese modo apuesta todo por su vocación,
por la plasmación estética de ese mundo alucinante
en que transcurren sus días y su noches. Es que Eda Muñoz
asume su oficio como destino, como un quehacer trascendente que
exige todo de ella. Alguna vez expresó en tono confesional
que "el arte es mística de trabajo, búsqueda
de belleza, actitud de cambio, es amor en esencia".
El trabajo que Eda desplegó
en el Cuzco es realmente descomunal. La atmósfera mágica
de la ciudad, constituida pro un pasado histórico y una
arquitectura lítica, impregnó fuertemente su estro
pictórico, Aquí buscó lo que denomina simbiosis
de la cinética, que es una amalgama de materia y energía
que ella creyó percibir bajo el influjo de los poderosos
muros incaicos. Pero también Eda asimiló el presente
doloroso del Cuzco, lo que la motivó a volcar más
todas esas experiencias en un arte totalizante, sintético
y sumamente patético. Producto de esa estancia son las
diversas exposiciones que realizó en Quito, Cuzco, Lima
y Miami, las que contaron con respaldo generalizado de la crítica.
Exigente consigo misma, dueña
de una gran energía creativa. Eda escribe su arte como
una auscultación vivencial del Universo, a través
de esas antenas poderosas que da la verdadera inspiración.
Tales imágenes tremebundas, la masa volcánica en
movimiento, la visión circular de los objetos, le vienen
pro los caudales de la sangre, como si descifrara en ellos el
lenguaje con que están codificadas las pesadillas. En
su más reciente producción Eda capta a César
Vallejo. Lo hace en la forma más vallejiana posible: con
aquellos hondos desgarramientos que trasuntan los 'Poemas Humanos'.
En el color y el movmiento. Vallejo cobra una vida singular,
como se su actitud agonista encontrara en la perspectiva de al
artista otro derrotero terrenal, tan transido de pasión
y humanidad como vivió en París.
He aquí una plástica
dictada por la supraconciencia surgid desde l interioridad patética
de la pintora, y destinada, no solo a una simple asimilación
pasiva, sino a subvertir el orden secreto de los sueños.
Hay una vena poética que roza incesante sus composiciones.
Esa poesía brota espontánea del misterio que envuelve
las formas, las emanaciones de cuerpos, las tonalidades frías
de un mundo desolado y convulso. Y todo ello es también
producto de una rigurosa y paciente investigación llevada
a cabo por la artista, para afianzar con madurez su estética.
De ahí que Eda Muñoz se inscribe hoy en lo más
moderno y representativo de la plástica latinoamericana.
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