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Alberto
Olivera, profeta de la sensualidad y la rebeldía
En un Universo pletórico
de color, forma y línea, desafía las normas del
espacio y el tiempo, el pincel de Alberto Olivera Roque -pintor
y diseñador cubano-, que mandobla a modo de batuta dirigiendo
una sinfonía de sensualidades, emociones y pasiones regidas
por los dioses del panteón Yoruba, constituidos en vigilantes
y libertarios de los hechos de una época en la que la
violencia intenta opacar a la razón y lo siniestro a la
belleza.
LOS CÓDIGOS
Al hablar de su estilo, el
artista recuerda que la creación artística en Cuba
se basa en la libertad, y con esa libertad de escuelas o estilos
pinta. "Todas las formas en el arte son libres en país
-dice-. Yo creo a partir del figurativismo, creo mis propios
códigos, utilizo elementos del modernismo como la textura,
el color amplio, etc.".
Alberto Olivera nos habla de los códigos, y nos habla
del color: "Son universales, en principio; así, el
rojo es furia, drama, tragedia; el amarillo es expansión,
luz, divinidad; el azul, quietud, reposo; el violeta, sexualidad,
majestuosidad...".
Alberto explica que la línea es más universal que
el color. "Yo llevo la línea en mis cuadro de tal
manera que no se me quede nada sin decir".
El artista recoge esos códigos y los lleva a su escenario
bidimensional -al lienzo-, y sobre él contextualiza su
creación, empapándolo de nuevos de significados.
LOS COLPRES DEL CARIBE
"Con una pieza visual
se llevan mensajes -dice Olivera-, que provocan múltiples
lecturas, pues los colores y las formas conllevan a un código
que es decodificado por el receptor, que es un espectador no
necesariamente artista -puede ser un hombre de pueblo, una persona
de cultura distinta, un gerente-, que recibe esta carga codificada
y, sencillamente, a través e su experiencia, de su conocimiento,
de su cultura y de su origen, decodifica".
"Cada artista crea de acuerdo a su cosmovisión. El
hombre tiene una fe. En el caso específico mío
yo doy la cosmogonía cubana, el panteón de Yoruba:
a través de azul voy a Yemayá, con el amarillo
voy a Ochún, con el rojo a Changó, y recojo a Eleguá.
Yo, como cubano, doy ese mundo esotérico, de ocultismo,
de sincretismo. Que también se da a través de los
colores".
"Quiero que quien se acerque a mis cuadros conozca, saboree,
ratifique, subraye, la belleza que le rodea a través de
los parámetros de la cotidianidad. Hay belleza en una
chuspa, en una cafetera italiana, en una fruta, en el seno de
una mujer, en el largo de cabello, como en la mano que tiende
un mendrugo a su semejante. Eso es lo que trato de subrayar toda
esa belleza y la sabiduría del Universo que por la vida
dinámica que llevamos nos pasa desapercibido. Así
estás ampliando el conocimiento, despertando sensibilidades
dormidas y a llegar al meollo íntimo de las cosas".
LA PATRIA LATINOAMERICANA
Hay una cultura muy fuerte
en Nuestra América, asegura Alberto Olivera Roque. "Lo
maravilloso y fuerte está justo aquí en Latinoamérica"
dijo Alejo Carpentier, y el pintor lo parafrasea.
"El hecho de pertenecer a un determinado punto geográfico
ya nos está distinguiendo como raza, como cultura, más
allá de la melanina. Es nuestro cerebro poblado de dioses,
de verdores, de azules; es esa transparencia de los cerros ecuatorianos
similares a los de cuba, es la Cordillera de los Andes abrazándose
a la Sierra Maestra cubana; es este verdor brillante que nos
une", dice emocionado el pintor.
"La cultura es apolítica, en el sentido de que se
vive en un contexto económico. La sociedad lo va condicionando.
Yo no dejo de dar a conoce la libertad que se vive en Cuba: la
cubanía, la salud, el entrono arquitectónico en
que se mueve el cubano. Yo pertenezco a un mundo, a una cultura,
y la cultura es el alma de los pueblos, y lo es de la revolución;
la cultura es escudo y es espada, quien no pertenece a una cultura
a dónde pertenece".
EL ARTISTA DIJO:
· Tengo cincuenta
años pero siento haber nacido hoy.
· Quisiera que
mi pintura fuera por todo el mundo.
· Ojalá
pudiera instalarme en las mentes de cada uno de los seres que
pueblan esta Latinoamérica llena de colorido y luz.
· Rescato de las
profundas aguas a Alfonsina, que en brazos de Yemayá vuelve
a la vida.
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