Secciones

Nacional
Local
Cultural
Economía
Mundo
Farándula
Artículos de Opinión
Portadas Impresas

Vida Social
Obituarios
Caricatura del Día
Todos los Titulares
Avisos Judiciales

 Revistas

Judicial
Artes
Humor Político
Chasqui
Ecuador DEBATE
Ciencia y Tecnología
Autos y Velocidad
Autonomías
La Descentralización
en Ecuador
Cuadernos sobre Descentralización
Quito Capital de
la Cultura
Especial de Aniversario
Todo Manabí
en el mismo sitio

 Pasatiempos

Cocina
Horóscopo
Horóscopo Sexual
Cines y Carteleras
Cine por TvCable
Guía de Televisión
Lotería Nacional
Embrujos y Hechizos

 Cultura

Cultura del Ecuador
Historia del Ecuador
Palabra e Imagen
Pintores del Ecuador
Galería virtual de Arte
Lectura, literatura y educación
Clásicos de la Poesía

 Servicios

Diarios del Mundo
Museos del Mundo
Webs del Ecuador
Universidades
Bibliotecas
Becas Estudiantiles
Idioma Gratis
Entidades
Financieras
Licitaciones
Recupere su
Vehículo
Turismo
Un país para todos
Ayuda a Migrantes
Ayuda con un click
Consultas Médicas
Consultas
Oftalmólogicas
Buscadores
Consulta Padrón Electoral - TSE

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Entrevista con Julio Larraz

Julio Larraz llegó a Quito a inaugurar su muestra. Se quedó un par de días y luego levantó el vuelo.
Aprovechamos su corta estadía para entrevistarlo.
Sentado en el Centro Cultural Metropolitano, Larraz lucía sereno mientras en el piso de abajo montaban su muestra. Dotado de una sencillez inmensa, el pintor respondió con total calma y espontaneidad a nuestras preguntas. A veces aprovechó para reír o contar una broma.
Ha pasado un buen tiempo desde que salió de Cuba, en 1961. Hoy en día, Larraz alterna su residencia entre EEUU e Italia. Su obra es mundialmente conocida y su prestigio crece año a año. Su muestra, 'Treinta años de trabajo', ha pasado por varios países y seguirá viajando hasta el 2007. Su muestra, su vida, su arte y, cómo no, Cuba ; aquí está lo que nos contestó.

¿Qué tan satisfecho o insatisfecho le ha dejado la selección que hicieron de sus pinturas para 'Treinta años de trabajo'?

Para mi es importante que desde el curador hasta el que cuelga la pintura tenga manos libres el trabajo mío termina en el taller. Todo lo demás es ajeno a mí. Creo que debe ser ajeno al pintor. Además es una gran sorpresa cuando uno entra y ve como la gente lo ve, lo entiende, lo edita. Es fascinante. Si uno mismo lo hace no hay gracia.

¿Cree que los cuadros da una imagen completa de su carrera?

Yo creo que sí. Pero soy el último en poder hacer una aclaración o un estudio sobre mi propia pintura. Se ha ido desarrollando tan lentamente que para mi los cambios son totalmente imperceptibles.

¿Qué tanto pesa su origen y su procedencia cubana al momento de pintar?

Hay quien dice que es nostalgia. Yo no creo. Es el cuño de haber vivido en el Caribe durante mis primeros dieciséis años. Dicen los jesuitas que si les dan un niño por cuatro años pueden moldearlo. ¡Yo viví cuatro veces eso! No es que uno no pueda olvidarse de eso, pero es perenne, una compañía que va contigo para siempre. El trópico tiene un encanto especial. Igual que el encanto que tienen para otra gente las zonas templadas. Ay gente que dice que yo no podría vivir sin las cuatro estaciones. Yo con una tengo suficiente no soy codicioso.

Háblenos sobre su salida de Cuba y los años posteriores.

Salí en 1961. Mi padre era periodista y tuvimos algunas desavenencias con el gobierno. Nos fuimos porque llegó un punto en que ya no era compatible la situación. Fuimos Miami y a Nueva York. Yo viví en NY por unos 25 años. Allí crecieron mis primeros hijos. Finalmente compré una casa en Miami para pasar un tiempo. En ese momento me di cuenta que era muy fácil todo en cuanto a la ubicación. New York tiene un campo gravitacional casi imposible de romper, pero yo lo rompí. Creo que fue porque Miami me trajo vivencias de niño. Los olores, la tierra aunque en el fondo no hay comparación. Miami era un pantano, no es la tierra fértil cubana. Por otro lado, allí había mucha gente a la que yo conocía y se me hacia más fácil. Podía ir a cualquier lugar, a México, a Sudamérica a Bogotá todo queda más cerca.

¿Cuándo llegó a Italia?

En Italia he vivido cuatro años. Me gusta mucho. Allí hago un poquito de escultura. No soy escultor.
Cualquiera podría decir que eso es una intrusión
profesional. A todo los pintores nos gusta hacer un
poco de escultura, gráfica pero lo que se me hace más fácil es la pintura. Es una segunda naturaleza en mí.

Cuando empezó a pintar. ¿Se imaginó que llegaría a ser tan famoso?

No. Uno cuando empieza a pintar no piensa en fama ni en fortuna. Solo piensa en esa cosa maravillosa de embarrar un lienzo blanco y darle y darle. La fama, no digo fama sino notoriedad, viene después fama solo existe con los grandes grandes. Uno tendría que estar muy remoto de todo para no agradecerle a la vida el hecho de que a uno le reconozcan la obra. Pero, fundamentalmente, cuando uno comienza a pintares una cosa tan extraordinaria uno va queriendo abarcarlo
todo. Uno no sabe que no se puede quedar con todo.

¿Tiene algún cuadro favorito de entre los suyos?

No. Las pinturas son como un diario que uno va
formando. Como cuando uno escribe todos los días lo que te ha pasado con lo que has soñado.

¿Cuánto es lo máximo que ha pasado sin pintar?

No quiero ni recordarme de eso porque la memoria que me dejó es muy desagradable. Me encantaría aprende a esquiar con sesenta años pero nunca he tenido el valor porque pienso que si me rompo el hueso, un brazo, algo, me tengo que pasar un mes sin pintar. A lo mejor necesito ortopeda y psiquiatra. Lo mismo me pasa con montar a caballo Todos mis hijos esquían y yo no puedo hacerlo.

Algunos artistas compatriotas suyos dicen que ser cubano es difícil. Uno debe estar a favor o en contra. ¿Qué opina?

No creo. El que hace la obra, ya sea el que escribe o pinta, se mete en lo suyo. Yo nunca he estado pendiente de discusión o de polémica. Me paso la vida pintando dictadores pero ninguno es el propio, todos son ajenos. Todos los que pinto son gente que nos estropea la vida. Además, yo creo que a los pintores cubanos les ha ido muy bien siempre. En Cuba tuvieron lo que no tuve yo: apoyo, estudios, escuela, formación; cosas que yo tuve que inventar. Había una escuela, la de San Alejandro, a la que se le dio una ayuda extraordinaria y se les hizo exhibiciones en todo lado del mundo. Se les dio un apoyo fantástico.
Yo no tuve eso. Tuve que aprender solo, buscar exhibiciones solo. Eso, ellos se lo deben al régimen actual.

 
 
 
 Temas
Arquitectura
Caleidoscopio
Ciencia
Cine
Danza
Escaparates
Filosofía
Historia
Música
Museos
Talentos
Teatro
Plástica
Plumas
Variaciones
 
 
 
 

La Hora 2002
- Quito - Ecuador