Entrevista con Julio Larraz
Julio Larraz llegó a
Quito a inaugurar su muestra. Se quedó un par de días
y luego levantó el vuelo.
Aprovechamos su corta estadía para entrevistarlo.
Sentado en el Centro Cultural Metropolitano, Larraz lucía
sereno mientras en el piso de abajo montaban su muestra. Dotado
de una sencillez inmensa, el pintor respondió con total
calma y espontaneidad a nuestras preguntas. A veces aprovechó
para reír o contar una broma.
Ha pasado un buen tiempo desde que salió de Cuba, en 1961.
Hoy en día, Larraz alterna su residencia entre EEUU e
Italia. Su obra es mundialmente conocida y su prestigio crece
año a año. Su muestra, 'Treinta años de
trabajo', ha pasado por varios países y seguirá
viajando hasta el 2007. Su muestra, su vida, su arte y, cómo
no, Cuba ; aquí está lo que nos contestó.
¿Qué tan satisfecho
o insatisfecho le ha dejado la selección que hicieron
de sus pinturas para 'Treinta años de trabajo'?
Para mi es importante que desde
el curador hasta el que cuelga la pintura tenga manos libres
el trabajo mío termina en el taller. Todo lo demás
es ajeno a mí. Creo que debe ser ajeno al pintor. Además
es una gran sorpresa cuando uno entra y ve como la gente lo ve,
lo entiende, lo edita. Es fascinante. Si uno mismo lo hace no
hay gracia.
¿Cree que los cuadros
da una imagen completa de su carrera?
Yo creo que sí. Pero
soy el último en poder hacer una aclaración o un
estudio sobre mi propia pintura. Se ha ido desarrollando tan
lentamente que para mi los cambios son totalmente imperceptibles.
¿Qué tanto
pesa su origen y su procedencia cubana al momento de pintar?
Hay quien dice que es nostalgia.
Yo no creo. Es el cuño de haber vivido en el Caribe durante
mis primeros dieciséis años. Dicen los jesuitas
que si les dan un niño por cuatro años pueden moldearlo.
¡Yo viví cuatro veces eso! No es que uno no pueda
olvidarse de eso, pero es perenne, una compañía
que va contigo para siempre. El trópico tiene un encanto
especial. Igual que el encanto que tienen para otra gente las
zonas templadas. Ay gente que dice que yo no podría vivir
sin las cuatro estaciones. Yo con una tengo suficiente no soy
codicioso.
Háblenos sobre su
salida de Cuba y los años posteriores.
Salí en 1961. Mi padre
era periodista y tuvimos algunas desavenencias con el gobierno.
Nos fuimos porque llegó un punto en que ya no era compatible
la situación. Fuimos Miami y a Nueva York. Yo viví
en NY por unos 25 años. Allí crecieron mis primeros
hijos. Finalmente compré una casa en Miami para pasar
un tiempo. En ese momento me di cuenta que era muy fácil
todo en cuanto a la ubicación. New York tiene un campo
gravitacional casi imposible de romper, pero yo lo rompí.
Creo que fue porque Miami me trajo vivencias de niño.
Los olores, la tierra aunque en el fondo no hay comparación.
Miami era un pantano, no es la tierra fértil cubana. Por
otro lado, allí había mucha gente a la que yo conocía
y se me hacia más fácil. Podía ir a cualquier
lugar, a México, a Sudamérica a Bogotá todo
queda más cerca.
¿Cuándo llegó
a Italia?
En Italia he vivido cuatro
años. Me gusta mucho. Allí hago un poquito de escultura.
No soy escultor.
Cualquiera podría decir que eso es una intrusión
profesional. A todo los pintores nos gusta hacer un
poco de escultura, gráfica pero lo que se me hace más
fácil es la pintura. Es una segunda naturaleza en mí.
Cuando empezó a pintar.
¿Se imaginó que llegaría a ser tan famoso?
No. Uno cuando empieza a pintar
no piensa en fama ni en fortuna. Solo piensa en esa cosa maravillosa
de embarrar un lienzo blanco y darle y darle. La fama, no digo
fama sino notoriedad, viene después fama solo existe con
los grandes grandes. Uno tendría que estar muy remoto
de todo para no agradecerle a la vida el hecho de que a uno le
reconozcan la obra. Pero, fundamentalmente, cuando uno comienza
a pintares una cosa tan extraordinaria uno va queriendo abarcarlo
todo. Uno no sabe que no se puede quedar con todo.
¿Tiene algún
cuadro favorito de entre los suyos?
No. Las pinturas son como un
diario que uno va
formando. Como cuando uno escribe todos los días lo que
te ha pasado con lo que has soñado.
¿Cuánto es
lo máximo que ha pasado sin pintar?
No quiero ni recordarme de
eso porque la memoria que me dejó es muy desagradable.
Me encantaría aprende a esquiar con sesenta años
pero nunca he tenido el valor porque pienso que si me rompo el
hueso, un brazo, algo, me tengo que pasar un mes sin pintar.
A lo mejor necesito ortopeda y psiquiatra. Lo mismo me pasa con
montar a caballo Todos mis hijos esquían y yo no puedo
hacerlo.
Algunos artistas compatriotas
suyos dicen que ser cubano es difícil. Uno debe estar
a favor o en contra. ¿Qué opina?
No creo. El que hace la obra,
ya sea el que escribe o pinta, se mete en lo suyo. Yo nunca he
estado pendiente de discusión o de polémica. Me
paso la vida pintando dictadores pero ninguno es el propio, todos
son ajenos. Todos los que pinto son gente que nos estropea la
vida. Además, yo creo que a los pintores cubanos les ha
ido muy bien siempre. En Cuba tuvieron lo que no tuve yo: apoyo,
estudios, escuela, formación; cosas que yo tuve que inventar.
Había una escuela, la de San Alejandro, a la que se le
dio una ayuda extraordinaria y se les hizo exhibiciones en todo
lado del mundo. Se les dio un apoyo fantástico.
Yo no tuve eso. Tuve que aprender solo, buscar exhibiciones solo.
Eso, ellos se lo deben al régimen actual.
|