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La
vida a trazos de Leonardo Tejada
Daniel Márquez
El domingo pasado cayó
el telón de la vida de Leonardo Tejada. El mundo artísticodel
Ecuador está de luto por la muerte de uno de los más
valiosos pintores ecuatorianos del siglo XX. En sus noventa y
ocho año de vida, Tejada participó de los mejores
y más significativos momentos de nuestro arte.
Nació en 1908, en Latacunga. La ciudad, al igual que el
resto del Ecuador, era marcadamente provinciana, tradicional
y casi feudal. El padre del pintor, Virgilio Tejada, era ebanista
y formaba parte de una
de las mayores tradiciones de Latacunga: la fabricación
de guitarras. Así, el pequeño Leonardo creció
en constante contacto con la artesanía, la
creatividad y la belleza.
RUMBO A LA GLORIA
Poco a poco, se fue acercando
al arte de su padre. Enfiló hacia Quito en la década
de los treintas para perfeccionarse en la fabricación
de artesanías. Para ese momento, Tejada sufría
ya de una inocultable
afición por la pintura. Cedió ante el impulso creativo
y entró a la Escuela de Bellas Artes.
La escuela venía de sufrir una serie de reformas. En su
momento, Eloy Alfaro trató de europeizarla al máximo
pero las innovaciones murieron con el caudillo.
Leonidas Plaza anuló todas las reformas y la Escuela de
Bellas Artes volvió a ser el piadoso lugar de antes. Así,
Tejada se asustó al llegar allí. La escuela se
dedicaba a la sufridora y exagerada temática religiosa
de siempre. Pese a sus diferencias de opinión, Tejada
permaneció allí y perfeccionó su técnica.
EXPERIMENTANDO
Llegado el momento, el pintor
'se subió a la camioneta' de un movimiento diferente.Para
ese entonces, Eduardo Kingman y Diógenes Paredes habían
introducido el indigenismo en la pintura ecuatoriana. Amigo personal
de ambos, Tejada se les unió en la aventura que escandalizó
durante años a la sociedad ecuatoriana. Con su profunda
sensibilidad y su
profundo conocimiento del folklore, Leonardo Tejada hizo un valioso
aporte al movimiento. Para los años cuarenta y cincuenta
ya se había convertido en uno de los más importantes
exponentes del entonces llamado
"realismo social". Fue uno de los actores importantes
en el gran esfuerzo que culminó con la fundación
de la Casa de la Cultura Ecuatoriana de parte de Benjamín
Carrión.
UN ARTISTA CONSAGRADO
Para la década de los
cincuenta Tejada ya era lo que hoy llamaríamos un 'artista
consagrado'. Su trabajo era reconocido y se lo consideraba uno
de los nombres indispensables del arte ecuatoriano.
Empezó a recibir cierto reconocimiento internacional.
La UNESCO, por
ejemplo, lo llevó en 1950 a Costa Rica a exponer su obra.
Fue uno de las docenas de viajes, por América y Europa,
que Tejada hizo en aras de promover el arte ecuatoriano.
En los sesentas, Leonardo Tejada hizo una de sus grandes contribuciones
a la cultura nacional. Fundó el Instituto Nacional del
Folklore, junto con Oswaldo Viteri y Jaime Andrade. Desde su
origen familiar hasta
su trayectoria artística, Tejada fue siempre muy cercano
al folklore.
Siempre tuvo una gran preocupación y un gran compromiso
para con éste. Los personajes y la cultura autóctona
siempre fueron una
de sus principales fuentes de temática e inspiración.
Así, tituló "Bienes populares" a su muestra
que expuso en la Bienal de Sao Paulo, una de las más prestigiosas
del mundo.
Tejada viajó Bahia, Brasil, para hacer un estudio sobre
el barroco. Desde ese momento comenzó a gestarse un cambio
en su arte y una nueva percepción de la realidad ecuatoriana.
Finalmente, en 1973, rompió con
el realismo social y regresó al expresionismo al que se
había dedicado en sus primeros años.
EL LIBERTARIO
A mediados de siglo se había
declarado socialista. Eran otros tiempos y ser artista era sinónimo
de ser de izquierda. Luego rompería filas y afirmaría
de "error" su anterior afiliación política.
Sin embargo, en una lección de decencia, conservó
sus amistades y se abstuvo de caer en el fanatismo político
de los conversos.
Durante su última etapa, Tejada volcó su mirada
y su pluma sobre Quito. Su estilo y su enfoque le valieron un
amplio reconocimiento.
Marco Antonio Rodríguez afirmó, en uno de los mejores
semblantes y análisis que se han hecho sobre Tejada, que
"sus Quitos constituyen reproducciones de su espíritu,
más que de ningún otro elemento, esto es, de su
encanto barroco: espacios de ensueño, ahítos de
incandescencia
perpetua, no importa si el paisaje es nocturno".
A lo largo de su vida, Tejada gozó de la infaltable e
importantísima compañía de su esposa Elvira
Chávez Jaramillo. Pasó sus últimos años
en su casa en el barrio de la Floresta, en el occidente de Quito.
La
muerte lo alcanzó a los 97 años, un caso inusitado
y admirable de longevidad. Al final de cuentas, tratándose
de Leonardo Tejada, cualquier obituario será siempre insuficiente.
Leonardo Tejada según
Marco Antonio Rodríguez
· "A la cultura
europea, enclenque, desvalida, Tejada
opone su propia energía musculosa. Y esta huella se
acentúa más en sus acuarelas y grabados. El arte
de
Tejada embiste, palpita, forcejea, variedad de
proclama airosa frente a siglos de iniquidad y
expoliación".
· "'El arte
es tan dinámico como la cultura misma' Éste
es uno de los estatutos teóricos de Leonardo Tejada. Y
fiel a él, ha trabajado su obra. Sus Quitos serán
evidencia viva de lo que fue una de las ciudades más
bellas de América"
· "Sus Quitos
constituyen reproducciones de su espíritu,
más que de ningún otro elemento, esto es, de su
encanto barroco: espacios de ensueño, ahítos de
incandescencia perpetua, no importa si el paisaje es
nocturno".
· "Él
logró plasmar la realidad existencial de la vida
americana no tanto como sinónimo de objeto, sino como
valor sustantivo para una figuración o abstracción
plástica de infinitas posibilidades".
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