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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Diógenes Paredes, pintor de la Angustia

Los temas que trae la revista que edita el Tribunal Constitucional 'Temas Constitucionales', vienen bellmente enmarcados con un artículo de Nicolás Kingman, sobre el pintor Diógenes Paredes, que nos permitimos reproducir para ustedes.

Nicolás Kingman

Mi propósito no es otro que el de dar cuenta y señas de Diógenes Paredes, a quien van dedicadas estas líneas, que son parte de su vida y de su creatividad. Aunque mi memoria es desfalleciente y lo que en ella aun persiste son como bosquejos diseñados por un diletante sin mucha imaginación, comenzaré diciendo que él rebasó los límites del arte pictórico al presentarse en los ambientes citadinos como un nombre agresivo y pendenciero, pese a su extremada bondad y leal entrega y comportamiento con los de su oficio, como mi hermano Eduardo, Luis Moscoso, Bolívar Mena Franco, Leonardo Tejada, Piedad Paredes, Jaime Andrade, Aníbal Villacís, Gilberto Almeida, Oswaldo Moreno, Oswaldo Viteri, Alfredo Palacio, Galo Galecio y con escritores como Raúl Andrade, Jorge Icaza, Alejandro Carrión, Pedro Jorge Vera, Jorge Enrique Adoum, Atanasio Viteri, Humberto Vacas Gómez, El Fakir Dávila Andrade, Humberto Salvador, Jorge Fernández, Alfredo Chávez y José Alfredo Llerena, para solo mencionar unos pocos protagonistas del arte y la literatura.

Por su forma de imponerse y por su arrogancia, Diógenes fue conocido como 'El Monstruo'. En gran parte, esa actitud impulsiva se debía a su militancia en el Partido Comunista y a su franca y brillante expresión pictórica, mediante la cual denunciaba la explotación y la miseria en que se debatían los indios y las clases populares.

Esto es lo que me limitaré a comentar al tratar de dar vida, expresión y algo de colorido, a lo que él significó en la pintura ecuatoriana, porque se han ido perdiendo, uno tras otro, los audaces y extraordinarios cuadros que realizó durante su fugaz tránsito por esta tierra nuestra iridiscente.

El alguna deslayada crónica de obscuros y ocres tintes, alguna vez conté que 'El Monstruo', al salir de alguna farra, solía proclamarse como "Diógenes Paredes y Flores, Azucena de Quito".

Lo hacía en alta voz y en plena calle, sin que nadie se atreviese a censurar semejante herejía. Diógenes tampoco atacaba a nadie, permitiendo que se cambiasen de acera los que a regañadientes rechazaban semejante blasfemia.

Más, cuando había que temerle era cuando solía exclamar: "yo soy la doctora Carrillo y me emborracho con mi plata", aludiendo a una distinguida pedagoga que lo despidió del empleo de profesor de dibujo en un prestigioso plantel de enseñanza secundaria.

Este 'Azuceno de Quito', como he dicho, era un ser bondadoso, gentil y leal amigo, cuando estaba en sus cabales. Pero en una ocasión en que discutían acaloradamente de arte con mi hermano Eduardo, que también era brusco y agresivo, llegaron al extremo de un pugilato. Mi hermano le dio un botellazo en la cabeza y 'El Monstruo' tuvo que ser trasladado de urgencia a una clínica. Pasado algún tiempo se reconciliaron y Diógenes le dijo que había estado a punto de irse al otro mundo, ya que la herida había tenido que ser suturada con no menos de nueve puntos, a lo cual Eduardo le respondió dándole un abrazo y felicitándolo por haber obtenido la más alta calificación en su vida de artista.

Diógenes tuvo una existencia accidentada y conflictiva, llena de difíciles problemas económicos y personales. El arte fue uno de sus tormentos.

Vivió soñando en la trasformación del universo y gran parte de su tiempo lo dedicó a tan ilusa como descomunal tarea. Los críticos del arte de la época lo consagraron, dándole el valor que merecía.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador