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Eduardo
Kingman Riofrío bohemio, loco y excepcional
Karla Jaramillo Puertas
Una gigantografía que
cubría casi la totalidad del frente del Museo del Banco
Central de Loja daba a conocer la exposición que se estaba
realizando durante los dos últimos meses. La pintura escogida
reflejaba dos manos de diferente tamaño en un gesto de
protección. Con letras blancas y cursivas figuraba el
apellido: Kingman.
En el interior, los cuadros del sobresaliente pintor lojano fueron
colocados simétricamente en la sala y corredor del museo
que conserva el estilo colonial de las casas de antaño,
es decir con un patio en el centro. "Las obras pertenecen
a diferentes épocas de la vida del artista, donde se aprecia
diversas técnicas utilizadas en lienzos que corresponden
al Fondo Artístico del Banco Central del Ecuador, a la
Posada de Artes Kingman y a colecciones privadas de Quito, Guayaquil,
Cuenca y Loja cuyos propietarios han facilitado sus pinturas"
tal como reza el pegable entregado a las personas que iban a
apreciar y valorar el arte de uno de los tantos hijos destacados
de la provincia sureña del Ecuador.
DESHOJANDO EL PASADO
En los cuadros es una constante
el dolor y sufrimiento. La parte más sobresaliente del
ser humano es el rostro triste, sin embargo en la mayoría
de casos, son las manos enormes y venosas las que marcan la huella
del artista. Los ojos de cada retrato son cavidades negras y
profundas. Aunque realizan actividades de movimiento como es
el caso del flautista o guitarrista sus semblantes son de angustia
permanente. Toda su obra carece de sonrisa.
Tal vez sea por los momentos de zozobra por los que pasó
desde pequeño, cuando su padre, un médico estadounidense
que llegó a Portovelo a una de las fábricas extranjeras
a explotar el oro del sector, los abandonó. Doña
Rosa Riofrío Riofrío, su madre, afrontó
sola la situación.
LA REBELDÍA
Decide huir de la sociedad conservadora, de ese entonces, para
radicarse en Quito. Ahí, con enorme fortaleza, empeño
y dedicación pudo salir adelante. Al parecer, una de las
situaciones que marcaron las retinas del joven pintor es cuando
vio a su progenitora rendida sosteniéndose en sus manos
para no fenecer.
Vivían en la intersección entre la avenida 10 de
Agosto y Colón, a diez kilómetros de la escuela
fiscal Normal Juan Montalvo. Cuando el dinero no les alcanzaba
para ir en transporte, junto con su hermano, tenían que
caminar por largas horas para llegar al destino indicado.
Más tarde, ingresa al Instituto Nacional Mejía,
pero su pasión por el arte lo inquieta y decide abandonar
los estudios sin que sus familiares lo supieran para inscribirse
en la Escuela de Bellas Artes. Ahí se dio a conocer por
la rebeldía innata.
UN OFICIO QUE NO NACIÓ PARA KINGMAN
En la extensa biografía
del pintor se comenta que durante su estadía en Guayaquil,
la madre pretendió convertirlo en contador público
a lo que se negó rotundamente y por iniciativa propia
buscó empleo en el periódico El Universo, ganando
como dibujante la ínfima cantidad de noventa sucres.
Su vida la pasaba en una bohemia tremenda -como él mismo
lo reconoce en una entrevista realizada por la revista Vistazo
de 1 972- "era la bohemia de toda mi generación,
Raúl Andrade, Pablo Palacio, Alonso Cuesta, el monstruo
Paredes y otros, no sé cuantos más, que tomábamos
la vida con ligereza, por así decirlo, noctámbulos
impenitentes, bebedores de alcohol, soñadores a tiempo
completo".
SE PRESENTABA COMO PEDRO BROCHA
En forma de anécdota
se comenta que "en las acostumbradas presentaciones de personas
que no son conocidas, Kingman, con un dejo burlón nunca
dio su verdadero nombre, decía: Pedro Brocha a sus órdenesUna
noche de excesos, después de la charla, las ironías
y los gritos, prenderá un fósforo en la larga y
descompuesta cabellera de un pintor amigo suyo, diciéndole,
a la vez, voy a quemar tu genio. Otra noche de libaciones y sutilezas
en un pueblo cercano a Quito y en la hora en que crepita el alma
sin disimulos, varios de los representantes dieron rienda suelta
a sus rencores. Kingman, con enojo, demostraba a uno de los beligerantes
su fortaleza y despedazaba, sobre su cabeza, varias tejas que
circunstancialmente se encontraban a su lado".
BERTHA JIJÓN, UN ÁNGEL
Parte de su trajinar anterior
quedó atrás hasta que contrajo matrimonio, a los
35 años, con Bertha Jijón Ante. Desde ahí
nunca más una fiesta, pero en cambio tenía que
ir a buscarlo a altas horas de la noche en las cantinas. Los
amigos de Kingman la comparaban con García Moreno. Pero
gracias a ello "me salvó", además porque
"ha sido una mujer que ha respetado mi obra", al igual
que él lo hacía cuando su pincel empezaba a trazar
las primeras líneas sobre el lienzo "yo tengo mucho
respeto a la pintura y nunca me acerco al lienzo cuando he tomado,
aunque sea solo una copa. Para trabajar necesito estar absolutamente
sobrio, dueño de mis cinco sentidos, con la mente despejada".
LA INFINITA GAMA DE SU ESPECTRO
Se calcula que la producción
artística sobrepasa los tres mil cuadros "En su primera
época pintó exclusivamente indios bajo atmósferas
de soles tajantes. Indios pesados, enormes, con espaldas encorvadas
y cabezas rústicas, pero limpios, colorados y pulcros.
Era el instintivo impulso que siente el hombre de mejorar las
realidades amargas y abyectas. Grandes cuadros ha pintado Kingman
con esta verdad americana.
Después han venido los cuadros bravíos, encarnizados,
febriles, en que pintó al indio y al obrero, al hombre
de la ciudad y del campo, como bestias de carga y de labor, entenebrecidos,
sucios, explotados hasta la miseria y la desesperación".
Venezuela, Colombia y Estados Unidos son países
que conocieron el rotundo éxito de este ecuatoriano que
ha hecho sobresalir a este terruño llamado Ecuador. Además
hizo una infinidad de exposiciones internacionales en París,
Washington, San Francisco, México, entre otros. Fue profesor
de la Escuela de Bellas Artes de Quito, y durante 20 años
director del Museo de Arte Colonial de Quito.
EL DESCANSO DEL GUERRERO
Los últimos años
de su existencia se despojó del estrés, ruido y
del aire absorbente de la capital, para pasar a vivir en uno
de los valles de Quito en la 'Posada de la soledad', así
como llamó Soledad a su hija. Como quien busca la vida
sosegada y tranquila que dejó tiempos atrás en
su querida tierra natal: Loja. Provincia en la cual su arte se
erige imponente en el hall del municipio de la ciudad.
Kingman falleció en 1998. Su pintura es inmortalizada
en la página web que lleva su nombre así como en
la Casa Museo de Kingman inaugurada el 27 de mayo del 2 002,
en donde se exhibe parte de su trabajo y se brinda apoyo a los
nuevos talentos.
"El de la pincelada fuerte
y segura, el de los tonos fuertes y atormentados como los motivos
de sus cuadros que captan toda la humanidad latente en una sola
tela".
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