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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

J. Enrique Ojeda, perseguidor de unicornios

Los 'Poemas desconocidos' de Jorge Carrera Andrade

'Tarea de romanos' llamaban los antiguos a los trabajos que implicaban dificultad y sacrificio. 'Alma espartana' se dice de quien desafiando todo obstáculo se lanza a cruzadas, que los 'prácticos' y 'sensatos' llaman 'imposibles'. Pero hay quienes aún creen en la grandeza del espíritu humano y en las utopías.

Esos seres son difíciles de encontrar pero los hay. Tanto los hay que plasman en soporte de tiempo, espacio y materia sus obras. Este es el caso de J. Enrique Ojeda, el hombre que logró recopilar los 'Poemas Desconocidos' de Jorge Carrera Andrade.

El relator de la contraportada del libro nos dice como "Poemas desconocidos ofrece al lector casi un centenar de textos poéticos que Jorge Carrera Andrade no incluyó en 'obra poética completa'. muchos de los poemas que se publican en esta obra por primera vez son desconocidos porque aparecieron en revistas y periódicos de venerable antigüedad y de difícil acceso. Su publicación en forma de libro constituye un verdadero acontecimiento para la literatura hispanoamericana: aquí están sus poemas de formación escritos bajo la influencia del Modernismo, también sus poemas eróticos y amorosos, aquellos de inspiración religiosa y marxista, así como algunos textos de carácter autobiográfico, invalorables al momento de formular una interpretación estética de su aporte a la poesía en lengua española".

El comentarista tiene razón, el trabajo de Ojeda permite abrir nuevas puertas al arte de los bardos.

Nuestra pluma no es lo suficientemente vigorosa e iluminada para decir lo que significa este trabajo de Ojeda; por eso, dejaremos que sean escritores de talento quienes hablen de tan magna labor.

Y es Iván Carvajal, prologuista de la obra, quien describe con propiedad: "Con el volumen preparado por Enrique Ojeda se cumple el viejo anhelo de los estudiosos y los admiradores del poeta quiteño: se cuenta con la totalidad de los textos de sus poemas. Desde todo punto de vista, la labor de ojeada en torno a Carrera Andrade ha sido pionera y digna de gratitud. Nos ha ayudado a comprender al poeta y a que su poesía se vuelva entrañable".

Ojeda nos cuenta en su introducción como Carrera Andrade publicó en 1958 'Edades poéticas (1922 ­ 1956)', obra que recogía su producción de esas tres primeras décadas. "Desde entonces ­dice Ojeda- por dieciocho años, se exceptúan los breves poemarios editados a partir de 1956, el corpus global de su poesía había permanecido inédito. Así, no sorprende que la aparición de su "Obra poética completa (Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1976) fuera saludada con alborozo dentro y fuera del país; al fin se disponía de un texto que recogía la totalidad de su producción lírica, cuidadosamente preparada por el autor. Sin embargo ­reflexiona el investigador-, conocedores de su poesía que revisaron la edición, concluyeron que 'Obra Poética Completa' era fundamentalmente incompleta. Carrera Andrade los confirmó así en una conversación que tuve con él a poco de salida la edición", nos cuenta J. Enrique Ojeda.

Son muchas las cosas que se han dicho sobre Jorge Carrera Andrade, son muchas las cosas que aún se dirán sobre él; pero, son tantas las que quedarán sin decirse; y esa idea obsesiona hasta la tristeza: 'lo que quedará por decirse y no se dirá'. Porque esa es la sensación que queda ante esos seres de los cuales uno desea hacer una disección de su ser espiritual, en busca del genio; revivir sus glorias, descubrir sus vuelos internos; rebuscar sus 'pecados' y cantarlos como virtudes.

Y así lo reconoce Ojeda: " si me he tomado el ingente trabajo de años de recolectar esos poemas, tan dispersos en el tiempo y en la geografía, ha sido por estar persuadido de que una lectura atenta de ellos contribuiría a un mayor conocimiento de la personalidad de su autor, haría posible una vista panorámica de la totalidad de su obra posterior. Me conforta ­enfatiza el recopilador- el hecho de que, en el caso de otros grandes poetas contemporáneos, se ha llevado a cabo similar empresa con universal aceptación y aplauso. Esa es mi esperanza.".

RETOQUES

El genio no tiene el poder de detener el ímpetu de que ha sido dotado por las esferas celestiales, y, más de una vez, arroja a la cara de sus contemporáneos el relámpago del futuro, y cuando eso sucede, el mundo tiembla en su entorno. Jorge Carrera Andrade no podía ser la excepción.

Su hija muy querida, la del escándalo, fue 'Mademoiselle Satán'. Los manuscritos del libro en que iba inmersa ('Los frutos prohibidos') se perdieron en Alemania. El poema fue publicado sin consentimiento de Carrera en la revista 'Fígaro'. La recatada Quito del entonces se rasgó las vestiduras. El poeta se disculpó.

No nos hemos podido resistir a la tentación de reproducir a 'Mademoiselle Satán', para que la nueva sociedad ecuatoriana se solace con ella, para rescatar esa disculpa injusta del poeta, para que la sociedad le devuelva esa disculpa.

'MADEMOISELLE SATÁN'

Mademoiselle Satán rara orquídea del vicio.
¿Por qué me hiciste , di, de tu cuerpo regalo
La señal de tus dientes llevo como silicio
en mi carne posesa del Enemigo Malo.

¿Por qué probó mi lengua el sabor de tu sexo
y el vino que en la noche destiló tus pezones?
¿por qué el vello que nace de tu vientre convexo
se erizó para mí con nuevas tentaciones?

¿por qué se hundió en mis labios tu lengua venenosa
y se hallaron tus ojos con un lúbrico signo?
Y cuando haces vibrar tu desnudez lechosa
Pienso en que debes ser la hembra del maligno.

Si se adueñó este ídolo de mi alma hasta la muerte
Y no tengo la culpa ¡oh San Antonio casto!
Yo que era niño aún y como el roble fuerte
Dejé quemar mi vida sobre tu altar nefasto.

Yo la he visto desnuda ¡Señor!, ¡si, yo la he visto!
tembló y quedose el alma eternamente muda.
Prefiero a ese recuerdo los tres clavos de Cristo,
la cruz, antes que verla en mis noches desnuda.

Señorita Satán, tú que todo lo puedes,
Tus hombros, tu cadera que reclaman incienso,
tus suaves pies, tus brazos, son otras tantas redes,
tendidas hacia el pobre corazón indefenso.

Me diste el dulce gusto de tu boca, el turbante
martirio de tus muslos ceñiste a mi cintura,
y cuando fuimos presa del espasmo extenuante,
tu enorme beso fue como una quemadura.

Eres la hembra Única, lo mismo en el reposo
que en el sexual combate, ¡Santa Orquídea del vicio!
Hasta cuando torturas con tu cuerpo oloroso,
no hay placer en el mundo que iguale aquel suplicio.

Satán, mujer que tienes un rubí en cada pecho,
tus verdes ojos lúbricos son siempre una asechanza,
tu desnudez que viene las noches a mi lecho,
para mi ciego olvido, es tu mejor venganza.

Jorge Carrera Andrade
Quito, Mayo de 1925

 
 
 
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