J. Enrique
Ojeda, perseguidor de unicornios
Los 'Poemas desconocidos'
de Jorge Carrera Andrade
'Tarea de romanos' llamaban
los antiguos a los trabajos que implicaban dificultad y sacrificio.
'Alma espartana' se dice de quien desafiando todo obstáculo
se lanza a cruzadas, que los 'prácticos' y 'sensatos'
llaman 'imposibles'. Pero hay quienes aún creen en la
grandeza del espíritu humano y en las utopías.
Esos seres son difíciles
de encontrar pero los hay. Tanto los hay que plasman en soporte
de tiempo, espacio y materia sus obras. Este es el caso de J.
Enrique Ojeda, el hombre que logró recopilar los 'Poemas
Desconocidos' de Jorge Carrera Andrade.
El relator de la contraportada
del libro nos dice como "Poemas desconocidos ofrece al lector
casi un centenar de textos poéticos que Jorge Carrera
Andrade no incluyó en 'obra poética completa'.
muchos de los poemas que se publican en esta obra por primera
vez son desconocidos porque aparecieron en revistas y periódicos
de venerable antigüedad y de difícil acceso. Su publicación
en forma de libro constituye un verdadero acontecimiento para
la literatura hispanoamericana: aquí están sus
poemas de formación escritos bajo la influencia del Modernismo,
también sus poemas eróticos y amorosos, aquellos
de inspiración religiosa y marxista, así como algunos
textos de carácter autobiográfico, invalorables
al momento de formular una interpretación estética
de su aporte a la poesía en lengua española".
El comentarista tiene razón,
el trabajo de Ojeda permite abrir nuevas puertas al arte de los
bardos.
Nuestra pluma no es lo suficientemente
vigorosa e iluminada para decir lo que significa este trabajo
de Ojeda; por eso, dejaremos que sean escritores de talento quienes
hablen de tan magna labor.
Y es Iván Carvajal,
prologuista de la obra, quien describe con propiedad: "Con
el volumen preparado por Enrique Ojeda se cumple el viejo anhelo
de los estudiosos y los admiradores del poeta quiteño:
se cuenta con la totalidad de los textos de sus poemas. Desde
todo punto de vista, la labor de ojeada en torno a Carrera Andrade
ha sido pionera y digna de gratitud. Nos ha ayudado a comprender
al poeta y a que su poesía se vuelva entrañable".
Ojeda nos cuenta en su introducción
como Carrera Andrade publicó en 1958 'Edades poéticas
(1922 1956)', obra que recogía su producción
de esas tres primeras décadas. "Desde entonces dice
Ojeda- por dieciocho años, se exceptúan los breves
poemarios editados a partir de 1956, el corpus global de su poesía
había permanecido inédito. Así, no sorprende
que la aparición de su "Obra poética completa
(Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1976) fuera saludada
con alborozo dentro y fuera del país; al fin se disponía
de un texto que recogía la totalidad de su producción
lírica, cuidadosamente preparada por el autor. Sin embargo
reflexiona el investigador-, conocedores de su poesía
que revisaron la edición, concluyeron que 'Obra Poética
Completa' era fundamentalmente incompleta. Carrera Andrade los
confirmó así en una conversación que tuve
con él a poco de salida la edición", nos cuenta
J. Enrique Ojeda.
Son muchas las cosas que se
han dicho sobre Jorge Carrera Andrade, son muchas las cosas que
aún se dirán sobre él; pero, son tantas
las que quedarán sin decirse; y esa idea obsesiona hasta
la tristeza: 'lo que quedará por decirse y no se dirá'.
Porque esa es la sensación que queda ante esos seres de
los cuales uno desea hacer una disección de su ser espiritual,
en busca del genio; revivir sus glorias, descubrir sus vuelos
internos; rebuscar sus 'pecados' y cantarlos como virtudes.
Y así lo reconoce Ojeda:
" si me he tomado el ingente trabajo de años de recolectar
esos poemas, tan dispersos en el tiempo y en la geografía,
ha sido por estar persuadido de que una lectura atenta de ellos
contribuiría a un mayor conocimiento de la personalidad
de su autor, haría posible una vista panorámica
de la totalidad de su obra posterior. Me conforta enfatiza
el recopilador- el hecho de que, en el caso de otros grandes
poetas contemporáneos, se ha llevado a cabo similar empresa
con universal aceptación y aplauso. Esa es mi esperanza.".
RETOQUES
El genio no tiene el poder
de detener el ímpetu de que ha sido dotado por las esferas
celestiales, y, más de una vez, arroja a la cara de sus
contemporáneos el relámpago del futuro, y cuando
eso sucede, el mundo tiembla en su entorno. Jorge Carrera Andrade
no podía ser la excepción.
Su hija muy querida, la del
escándalo, fue 'Mademoiselle Satán'. Los manuscritos
del libro en que iba inmersa ('Los frutos prohibidos') se perdieron
en Alemania. El poema fue publicado sin consentimiento de Carrera
en la revista 'Fígaro'. La recatada Quito del entonces
se rasgó las vestiduras. El poeta se disculpó.
No nos hemos podido resistir
a la tentación de reproducir a 'Mademoiselle Satán',
para que la nueva sociedad ecuatoriana se solace con ella, para
rescatar esa disculpa injusta del poeta, para que la sociedad
le devuelva esa disculpa.
'MADEMOISELLE SATÁN'
Mademoiselle Satán rara
orquídea del vicio.
¿Por qué me hiciste , di, de tu cuerpo regalo
La señal de tus dientes llevo como silicio
en mi carne posesa del Enemigo Malo.
¿Por qué probó
mi lengua el sabor de tu sexo
y el vino que en la noche destiló tus pezones?
¿por qué el vello que nace de tu vientre convexo
se erizó para mí con nuevas tentaciones?
¿por qué se hundió
en mis labios tu lengua venenosa
y se hallaron tus ojos con un lúbrico signo?
Y cuando haces vibrar tu desnudez lechosa
Pienso en que debes ser la hembra del maligno.
Si se adueñó
este ídolo de mi alma hasta la muerte
Y no tengo la culpa ¡oh San Antonio casto!
Yo que era niño aún y como el roble fuerte
Dejé quemar mi vida sobre tu altar nefasto.
Yo la he visto desnuda ¡Señor!,
¡si, yo la he visto!
tembló y quedose el alma eternamente muda.
Prefiero a ese recuerdo los tres clavos de Cristo,
la cruz, antes que verla en mis noches desnuda.
Señorita Satán,
tú que todo lo puedes,
Tus hombros, tu cadera que reclaman incienso,
tus suaves pies, tus brazos, son otras tantas redes,
tendidas hacia el pobre corazón indefenso.
Me diste el dulce gusto de
tu boca, el turbante
martirio de tus muslos ceñiste a mi cintura,
y cuando fuimos presa del espasmo extenuante,
tu enorme beso fue como una quemadura.
Eres la hembra Única,
lo mismo en el reposo
que en el sexual combate, ¡Santa Orquídea del vicio!
Hasta cuando torturas con tu cuerpo oloroso,
no hay placer en el mundo que iguale aquel suplicio.
Satán, mujer que tienes
un rubí en cada pecho,
tus verdes ojos lúbricos son siempre una asechanza,
tu desnudez que viene las noches a mi lecho,
para mi ciego olvido, es tu mejor venganza.
Jorge Carrera Andrade
Quito, Mayo de 1925
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