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Miguel Ángel Zambrano:
Memoria de vida (1)
Efraín Villacís
La Casa de la Cultura Ecuatoriana
inicia su nueva serie de publicaciones con 'Memoria de vida'
dedicada a poetas que, si bien continúan latentes en la
mente y espíritu de algunos lectores, han sido olvidados
por otros o desconocidos por la gran mayoría de nuevos
lectores. Quizás los poetas llamados a conformar esta
serie no sean del mismo quilate, lo digo en función de
la potencia poética de su obra y de su trascendencia en
el tiempo, no comparativamente, que eso sería una torpe
ingenuidad. No obstante las posibilidades de asociación
son múltiples, como el número de lectores que podrán
ingresar a esos mundos individuales que son piezas imprescindibles
del universo literario del país y de Sudamérica.
LOS PROTAGONISTAS
Entre los poetas que conforman
esta serie están Francisco Tobar García, aquel
quiteño prolífico, en la vida y en las letras,
que abordó diversos géneros, aparte de la actuación,
el periodismo escrito y conducción de televisión.
Escribió teatro, novela y poesía, género
del que sólo he leído 'Naufragio y otros poemas',
y apenas recuerdo 'El miedo'.
Hugo Mayo (Miguel Augusto Egas Miranda), manabita, fundador
de la revista 'Motocicleta y colaborador con doña Aurora
Estrada y Ayala en Proteo'. Autor de cinco poemarios desde Puño
en alto en 1922. De este vanguardista me queda su Zaguán
de aluminio que vino de atrás, perdido, para reencontrarnos
en 1982.
Político militante del partido socialista, teórico
de la doctrina marxista en el Ecuador, el lojano Manuel Agustín
Aguirre nos llegará con sus Poemas automáticos
y naipes críticos. Miembro del grupo 'Elan', el cuencano
Hugo Salazar Tamariz, rebelde y buscador de nuevos destinos para
el hombre ha dejado sus Poemas desnudos o La otra historia del
mismo lobo. Y, finalmente, otro cuencano, Eugenio Moreno Heredia,
de quien este lector, perdonen, no ha tenido noticias.
LAS MEMORIAS DE ZAMBRANO
En cuidada edición de gran formato aparece el primer invitado,
don Miguel Ángel Zambrano (Riobamba, 1897 - Quito, 1969).
Libro azul, como el ojo del poeta, según el gran crítico
y periodista Raúl Andrade, el cual está conformado,
según los editores, por toda la obra este poeta, quien
a caballo del grito rebelde no quiso caer en la desidia de aquellos
que con sus garras, o su complicidad, pretendieron dejar en la
miseria a los hombres, porque le dolía el pan, el pan
incompleto en la garganta.
Muchas correrías, varios oficios y algunas décadas
habrían de preceder al gran encuentro de su poesía
con los lectores de todo el país. Sólo pocos amigos
lo leían, como su coterráneo Miguel Ángel
León a quien dedicó su Biografía inconclusa
o el periodista latacungueño Atanasio Viteri quien con
insistencia tenaz convenció a Zambrano de publicar su
Dialogo de los seres profundos. Mucho habrá escrito don
Miguel a lo largo de su vida pero fue hasta 1956 cuando apareció
éste, su primer poemario. Libro muy semejante, en el formato,
al que ahora tengo entre mis manos, pero sin los dibujos, de
Oswaldo Guayasamín, que no ilustran ni adornan el libro
sino que lo acompañan en un solo lamento a dos voces.
Más tarde aparecerá su Mensaje recio y patriarcal
como una admonición a los hombres para que defiendan su
libertad y su entorno en contra del opresor que no es solamente
aquel estereotipo de gobierno y cuartel sino ese tirano que desde
adentro a cada uno nos carcome lento pero irremisible.
LA PLUMA Y LA ESPADA
La inquietud vital de Miguel Ángel Zambrano se revela
a lo largo de toda su obra. Desde muy joven participó
del quehacer cultural al fundar en su ciudad natal la revista
Acuarela junto a otros como M. A. León y Gerardo Falconí
por nombrar sólo dos. En Quito participa de la bohemia
y los libros, concluye su carrera universitaria en Leyes y ejercerá
de inmediato la docencia en la Universidad Central del Ecuador.
El socialismo formará parte de su vida social y de su
espíritu íntimo, cuya lucha será no sólo
a través de la palabra sino del ejercicio profesional
a favor de los desamparados. Oficios y sueños, obras y
quimeras a lo largo de los años. Diputado a los 23 años
además de otros cargos públicos, políticos
y culturales, catedrático, fundador del cooperativismo
en el Ecuador, y escritor periodístico en 'El Diario de
Quito' y 'El sol', aparte de Diretor Fundador de 'La Tierra'.
"AL FINAL DE LA PRIMERA NADA"
'Diálogo de los seres
profundos' aparece en 1956, quizás el más completo
poemario, a mi modo de leer, de este poeta. Es el hondo llamado
al hermano para mirar sobre sí mismo, desde la búsqueda
de ese ser superior que está dentro de todos los hombres.
La pregunta sobre el destino a partir de lo que creemos ser,
en la angustia de un presente lleno de interrogaciones y de vacío.
Era al final de la primera nada, nos dice el bardo, aquella que
nace cuando se es capaz de asir el cosmos: "Atravesado de
ecos, / de agujas musicales y místicas luciérnagas
/ por los espacios en desliz y fuga, / la Cruz del Sur cogí
con una mano / y la Estrella Polar con la siniestra, / y todas
las alturas bajo mis pies se hundieron".
He ido junto al poeta con aquel nudo en la garganta que aprieta
en la juventud anhelante de un sueño cumplido. Evitando
el tedio cotidiano y la lobreguez del entorno gracias a los gritos
libres cuya voz dura, la montaña traga, imponente pero
impotente, gigante pero tan pequeña como el hálito
de un suspiro. Solo la estrella, como meta imposible, lejana
sugerencia, "En la mano infinita, cómo brilla / titilando
de amor y de esperanza". Palabras y emociones fatuas si
en el alma de la especie solo se cuece amargura y llanto, como
una burla, la mentira de Dios.
'DI PROFUNDIS'
A veces la existencia aturde
y estorba como una mosca. Va, vuelve, se aleja y recula en constantes
giros espirales, zumbando, batiéndose verde y negra como
el heraldo que anuncia la llegada de Ella, presencia de hastío
y podredumbre, de hambre y agonía, la edad vencida. Releer
a Zambrano me ha obligado a mirar sobre mis pasos y, en la noche,
con mis ojos cerrados, sentir el hielo del transcurrir calando
en mis huesos. Parece en realidad todo triste, pero es el clamor
por algo de alegría cierta, inusitada, espontánea,
sin el esfuerzo acompasado y recio de quienes caminan hacia su
fin con el deseo delante y la tempestad detrás. Ya bastade
miedo y tedio, creo yo, ahora, a pesar de que las nubes oscuras
sigan lloviendo sobre mi cabeza fugitiva, y los muertos clamen
por justicia, la vida tiene que ser la oportunidad de un vuelo
de colores después de la siesta de la crisálida,
la mariposa ligera de un amanecer alegre que cumple su destino
atravesada por los rayos del mismo sol que abrigó al poeta.
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