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Crónica del último
gran reportaje escrito en Colombia
Edison Duvan Avalos Florez
duvanflo@yahoo.com
James Valderrama y Oscar Osorio
quedaron especialmente sorprendidos cuando el 4 de diciembre
de 1984 detonó en Cali una noticia de calibre internacional:
14 personas que se encontraban en la entidad crediticia Diners
Club habían sido atacadas a bala y navaja, en un proceso
lento y sistemático que dejó nueve muertos y cinco
sobrevivientes. "Nosotros, recuerda Oscar Osorio, formamos
parte del desconcierto de la ciudad, pero no por la masacre como
tal, sino porque los homicidas eran muchachos bien recomendados
por los vecinos de nuestro barrio".
UN TRATO DE AMIGOS
James y Oscar eran amigos desde
antes de ingresar a estudiar Licenciatura en Literatura en la
Universidad del Valle (Cali). Ahí, junto a otros cuatro
compañeros conformaron el grupo Botella y Luna para criticar
los cuentos y poemas que escribían. "Después
de 11 años de trabajo nos dimos cuenta que era necesario
institucionalizar el espacio", cuenta James Valderrama,
actual director de la Fundación Literaria Botella y Luna,
la cual lleva operando más de dos años.
Entre sus principales logros se destaca la creación de
una editorial que hasta ahora ha publicado seis libros. El último
es un arduo reportaje que se titula "La Mirada de los Condenados".
James Valderrama y Oscar Osario lo escribieron para explicar
porqué dos buenos muchachos de sus barrios (Chiminangos
y San Luis) fueron capaces de cometer uno de los crímenes
más atroces de Colombia, país de crímenes
atroces.
SIEMPRE HAY UNA PRIMERA
VEZ
Ni James ni Oscar habían
realizado antes un trabajo periodístico de tal magnitud.
"Yo, dice Oscar Osorio, escasamente había escrito
algunas crónicas pequeñas y unos cuantos artículos,.
además de su tesis de grado que recibió calificación
emérita. Por su parte, James Valderrama, aunque ya estaba
adelantando su Especialización en Prácticas Audiovisuales
con Enfasis en Periodismo, tampoco contaba con una sólida
experiencia en la elaboración de textos ajenos a la ficción.
Sin embargo, ambos decidieron aventurarse en un proyecto que,
aparentemente, abarcaba más de lo que ellos podían
apretar.
El objetivo que se trazaron al empezar la investigación
era preciso y descomunal. "Se trataba de que nadie, ni los
abogados, ni el juez, ni los asesinos, ni los sobrevivientes,
conocieran lo que había sucedido en Diners tan bien como
nosotros".
Para ello, realizaron más de 30 entrevistas, estudiaron
toda la información que había estallado en los
medios, sistematizaron los 7.000 folios del expediente judicial,
revisaron a fondo los informes psiquiátricos, incluso
permitieron que las horrendas imágenes del crimen se apoderaran
de sus sueños. Lo más impresionante, sin embargo,
no es que hayan logrado recoger hasta la última gota de
información; lo que en verdad resulta aterrador es que
lo hayan hecho sin un apoyo institucional.
CON ALMA VIDA Y CORAZÓN
"Todo corría por
cuenta de nosotros, dice Oscar Osorio, desde las pilas, cassettes,
transcripciones, hasta los gastos de los viajes que constantemente
realizábamos a las cárceles de Medellín
y Pereira, en donde permanecían recluidos los asesinos".
"Además - agrega James Valderrama - nos sometíamos
a las pesquisas incómodas y degradantes que le aplican
a todos los visitantes". Fueron casi cuatro años
de sacrificios económicos y duras jornadas que hoy le
permiten asegurar a Oscar Osorio lo siguiente: "En Colombia,
exceptuando la obra Noticia de un Secuestro, no se ha escrito
un texto periodístico tan riguroso en la investigación
como La Mirada de los Condenados".
Al finalizar la investigación
tenían hasta el alma impregnada de la masacre, pero lo
cierto es que apenas habían conquistado la primera etapa
del camino. Aún faltaba lo más difícil:
convertir toda la información en una historia.
CREANDO UN NUEVO ESTILO
Meses atrás habían
decidido enfrentar una problemática ineludible: ¿Cómo
componer un texto a dos manos si la escritura es un acto estrictamente
individual? Después de discutirlo hasta el cansancio con
sus compañeros de Botella y Luna hallaron la respuesta.
Debían crear un modelo narrativo al cual ambos se pudieran
adaptar fácilmente. Fue así como al finalizar la
investigación y después de muchísimos ejercicios
literarios, James Valderrama y Oscar Osorio se convirtieron en
un sólo escritor, es decir, redactaban bajo el mismo estilo,
sostenían el mismo ritmo y practicaban las mismas formas
de puntuación. Los primeros borradores que escribieron
eran tan pésimos que, según James Valderrama, "su
lectura no la soportábamos ni nosotros mismos".
Al cabo de varios meses lo único que habían conseguido
era llenar sus papeleras con intentos frustrados. Comenzó
entonces a aparecer la desesperación. "Ya teníamos
todo hecho, ya habíamos entrevistado a todo el mundo,
consultado todas las fuentes, teníamos un tono narrativo
en común, pero no sabíamos cómo contar la
historia, cómo dosificar la información, cómo
estructurar el relato", cuenta James Valderrama.
DÍAS AMARGOS, COSECHA
DULCE
Los ánimos empezaron
a derrumbarse, pero los 20 años de amistad hicieron posible
que el proyecto se sostuviera. Un día, en una habitación
forrada de mapas conceptuales y planos del lugar de la tragedia,
comenzaron a vislumbrar "que lo mejor era contar la historia
por medio de secuencias cortas".
Poco a poco, con el cálculo de un ajedrecista y la precisión
de un relojero, fueron diseñando el esquema del libro.
18 meses después, había 2.000 ejemplares expuestos
en las librerías más importantes del país
y en dos de New York.
El resultado de los cinco años de trabajo fue un libro
ágil y riguroso, cuyas aguas arrastran al lector desde
la primera página hasta la última sin dejarlo tomar
aliento. No obstante, el lugar en que desembocan esas aguas es
triste. Se trata de la constatación de que cualquiera
(hasta dos buenos muchachos del barrio) en esta nueva narco-sociedad
colombiana puede convertirse, sin motivaciones especiales, en
el autor de una atrocidad.
El libro pueden ser solicitado
al E-mail: oscorrea@univalle.edu.com
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