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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Crónica del último gran reportaje escrito en Colombia

Edison Duvan Avalos Florez
duvanflo@yahoo.com

James Valderrama y Oscar Osorio quedaron especialmente sorprendidos cuando el 4 de diciembre de 1984 detonó en Cali una noticia de calibre internacional: 14 personas que se encontraban en la entidad crediticia Diners Club habían sido atacadas a bala y navaja, en un proceso lento y sistemático que dejó nueve muertos y cinco sobrevivientes. "Nosotros, recuerda Oscar Osorio, formamos parte del desconcierto de la ciudad, pero no por la masacre como tal, sino porque los homicidas eran muchachos bien recomendados por los vecinos de nuestro barrio".

UN TRATO DE AMIGOS

James y Oscar eran amigos desde antes de ingresar a estudiar Licenciatura en Literatura en la Universidad del Valle (Cali). Ahí, junto a otros cuatro compañeros conformaron el grupo Botella y Luna para criticar los cuentos y poemas que escribían. "Después de 11 años de trabajo nos dimos cuenta que era necesario institucionalizar el espacio", cuenta James Valderrama, actual director de la Fundación Literaria Botella y Luna, la cual lleva operando más de dos años.
Entre sus principales logros se destaca la creación de una editorial que hasta ahora ha publicado seis libros. El último es un arduo reportaje que se titula "La Mirada de los Condenados". James Valderrama y Oscar Osario lo escribieron para explicar porqué dos buenos muchachos de sus barrios (Chiminangos y San Luis) fueron capaces de cometer uno de los crímenes más atroces de Colombia, país de crímenes atroces.

SIEMPRE HAY UNA PRIMERA VEZ

Ni James ni Oscar habían realizado antes un trabajo periodístico de tal magnitud. "Yo, dice Oscar Osorio, escasamente había escrito algunas crónicas pequeñas y unos cuantos artículos,. además de su tesis de grado que recibió calificación emérita. Por su parte, James Valderrama, aunque ya estaba adelantando su Especialización en Prácticas Audiovisuales con Enfasis en Periodismo, tampoco contaba con una sólida experiencia en la elaboración de textos ajenos a la ficción. Sin embargo, ambos decidieron aventurarse en un proyecto que, aparentemente, abarcaba más de lo que ellos podían apretar.
El objetivo que se trazaron al empezar la investigación era preciso y descomunal. "Se trataba de que nadie, ni los abogados, ni el juez, ni los asesinos, ni los sobrevivientes, conocieran lo que había sucedido en Diners tan bien como nosotros".
Para ello, realizaron más de 30 entrevistas, estudiaron toda la información que había estallado en los medios, sistematizaron los 7.000 folios del expediente judicial, revisaron a fondo los informes psiquiátricos, incluso permitieron que las horrendas imágenes del crimen se apoderaran de sus sueños. Lo más impresionante, sin embargo, no es que hayan logrado recoger hasta la última gota de información; lo que en verdad resulta aterrador es que lo hayan hecho sin un apoyo institucional.

CON ALMA VIDA Y CORAZÓN

"Todo corría por cuenta de nosotros, dice Oscar Osorio, desde las pilas, cassettes, transcripciones, hasta los gastos de los viajes que constantemente realizábamos a las cárceles de Medellín y Pereira, en donde permanecían recluidos los asesinos". "Además - agrega James Valderrama - nos sometíamos a las pesquisas incómodas y degradantes que le aplican a todos los visitantes". Fueron casi cuatro años de sacrificios económicos y duras jornadas que hoy le permiten asegurar a Oscar Osorio lo siguiente: "En Colombia, exceptuando la obra Noticia de un Secuestro, no se ha escrito un texto periodístico tan riguroso en la investigación como La Mirada de los Condenados".

Al finalizar la investigación tenían hasta el alma impregnada de la masacre, pero lo cierto es que apenas habían conquistado la primera etapa del camino. Aún faltaba lo más difícil: convertir toda la información en una historia.

CREANDO UN NUEVO ESTILO

Meses atrás habían decidido enfrentar una problemática ineludible: ¿Cómo componer un texto a dos manos si la escritura es un acto estrictamente individual? Después de discutirlo hasta el cansancio con sus compañeros de Botella y Luna hallaron la respuesta. Debían crear un modelo narrativo al cual ambos se pudieran adaptar fácilmente. Fue así como al finalizar la investigación y después de muchísimos ejercicios literarios, James Valderrama y Oscar Osorio se convirtieron en un sólo escritor, es decir, redactaban bajo el mismo estilo, sostenían el mismo ritmo y practicaban las mismas formas de puntuación. Los primeros borradores que escribieron eran tan pésimos que, según James Valderrama, "su lectura no la soportábamos ni nosotros mismos".
Al cabo de varios meses lo único que habían conseguido era llenar sus papeleras con intentos frustrados. Comenzó entonces a aparecer la desesperación. "Ya teníamos todo hecho, ya habíamos entrevistado a todo el mundo, consultado todas las fuentes, teníamos un tono narrativo en común, pero no sabíamos cómo contar la historia, cómo dosificar la información, cómo estructurar el relato", cuenta James Valderrama.

DÍAS AMARGOS, COSECHA DULCE

Los ánimos empezaron a derrumbarse, pero los 20 años de amistad hicieron posible que el proyecto se sostuviera. Un día, en una habitación forrada de mapas conceptuales y planos del lugar de la tragedia, comenzaron a vislumbrar "que lo mejor era contar la historia por medio de secuencias cortas".
Poco a poco, con el cálculo de un ajedrecista y la precisión de un relojero, fueron diseñando el esquema del libro. 18 meses después, había 2.000 ejemplares expuestos en las librerías más importantes del país y en dos de New York.
El resultado de los cinco años de trabajo fue un libro ágil y riguroso, cuyas aguas arrastran al lector desde la primera página hasta la última sin dejarlo tomar aliento. No obstante, el lugar en que desembocan esas aguas es triste. Se trata de la constatación de que cualquiera (hasta dos buenos muchachos del barrio) en esta nueva narco-sociedad colombiana puede convertirse, sin motivaciones especiales, en el autor de una atrocidad.

El libro pueden ser solicitado al E-mail: oscorrea@univalle.edu.com

 
 
 
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