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Fabián Guerrero Obando
Todo es prescindible, excepto
lo íntimo, y eso es la poesía
Luz Adriana Robledo Valencia
"Escribir es desbarrancarse,
y en medio de ese desbarranque es ir todavía blasfemando
y maldiciendo", dice a Sombrero Ajeno (espacio cultural
de La Jornada) el ecuatoriano Fabián Guerrero Obando (1959).
Quien es considerado en su tierra andina "una gran voz y
una de las más consistentes en Latinoamérica",
revela con humildad apasionada que "sin la poesía
habría sido un asesino o me habría matado".
Con sus 45 años a cuestas, este reconocido escritor nos
concede con su innata sencillez y hablar suave, quizá
la única entrevista que diera en México, país
al que visitó por primera vez en febrero pasado, invitado
por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, la
Federación de Estudiantes Universitarios, la Representación
Internacional de la Casa del Poeta Peruano en México,
y el Suplemento Cultural Coordenadas de la Utopía, para
impartir la conferencia sobre Poesía Ecuatoriana Contemporánea,
y para participar en lectura colectiva de poemas para el joven
y entusiasta público universitario.ESCRIBIR NO TE CURA
DE NADANo soy escritor, dice terminante. "Creo que no lo
soy. Cada verso que termino va de la mano de la conclusión
de que no soy escritor, y por supuesto, cada libro. No soy de
los escritores que dicen sentarse y fluir. Tengo disciplina pero
eso no garantiza que escriba.... Nunca bajo de 6 horas diarias
de lectura, ni en las peores crisis de mi vida, ni en las públicas
y ni en las privadas, aullando, desangrándome, nunca bajo
de 6 horas, claro, a veces más Intento escribir, pero
eso no garantiza que escriba todos los días, hay ocasiones
en que me habita un poema meses".Comenta que no tiene lo
que propiamente se nombra un libro de cabecera, quizá
"por un tiempo, por una crisis, por una enfermedad particular;
pero terminada esa crisis y esa enfermedad paso a tener otra
crisis y otra enfermedad y me sustento en otros libros. Y así
vamos dando de volteretas por el mundo".Rememora que cuando
tenía 8 años, o menos, "estaba en la mesa,
con mis padres, mis hermanos, y estábamos bien, pero algo
me dictaba que yo estaba mal, y extrañamente tuve la necesidad
de llorar y no podía hacerlo allí, no se justificaba,
no había causa. Entonces, me levanté a la mesa,
fui al baño, abrí la llave del lavamanos, -no quería
que nadie me oyera y creo que allí comencé a escribir.
Esa noche decidí describir ese hecho".
- Y a partir de allí, ¿ya no pudiste dejar de hacerlo?-
Pero claro, eso era inconsciente, en la escuela generalmente
se hacen actos, dramas por el día de la madre, por cosas,
y una vez en un sociodrama me preguntaron ¿y tú,
qué vas a ser de grande? Y les dije, irresponsablemente,
escritor. No tenía la menor idea de lo que eso significaba,
pero lo dije.
- ¿Y ya tienes la idea
de lo que significa?
Ante este cuestionamiento, Fabián Guerrero, respira hondo,
y nos percatamos que mira dentro de sí mismo. Le cala
la pregunta, pero responde: "Sí, pero no en el sentido
literal. Yo sé que escribir no te cura de nada, es una
herida y que ni siquiera tienes el pretexto si cierra, sino que
más bien posibilita que esa herida esté siempre
abierta En un gotear. No sé... Cada verso es una especie
de heridita nueva, llaga nueva, y a través de esa llaga
nueva está un ojo a través del cual miras".Señala
que a los 15 años, ganó un concurso nacional de
redacción, convocado por uno de los diarios más
influyentes de su país, en el que participaron dos mil
personas, con el tema "Ser joven". Tres años
después, en 1978 escribiría Olor a Tierra, su primer
libro. "Era un panfleto ¿sabes?, era militante de
la izquierda en esa época y ese libro precisamente es
una cosa terrible, nunca más pude de paso volver a escribir
poesía social. Me silencié mucho tiempo".Hasta
1995 publicó Me separo, me persigo; en 1998, Facticio
ficticio; en 2001, Nexos casuales, y en 2003, El Viaje. Asimismo,
parte de su poesía ha sido traducida al inglés
y al alemán. Su obra consta en antologías nacionales
y extranjeras. Es doctor en Jurisprudencia por la Universidad
Central del Ecuador y catedrático universitario. Es representante
Internacional de la Casa del Poeta Peruano con sede en Quito,
y actual presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Escritores.
LA VENERACIÓN POR LOS LIBROS"Sin duda, no hay hecho,
acto, persona, acontecimiento, nada, absolutamente nada que supere
a la maravilla de haberme encontrado frente a los libros",
confía Fabián Guerrero. "Nada, absolutamente
nada, ni personas, ni madres, ni padres, ni hermanos, ni hijos.
Nadie, nada, ante ese hecho. Y lo escribí y lo aprendí
normalmente, como un niño común y corriente en
países como los nuestros, a los 6 años de edad,
en escuela fiscal, de pobres. Y la maravilla de haber accedido
de allí a la palabra, y luego a la letra, a las letras,
a las palabras, a las frases, a los párrafos. Es una maravilla
que no he olvidado en mi vida. Y aún recuerdo, uno de
los olores que más me reconfortan, a pesar de que esto
apesta tanto, es el olor de los libros que me fascina. Disfruto
tanto con ello, que hay ocasiones que específica, particularmente,
un libro tiene un olor determinado y duermo con él. Exploro
así -con el cuerpo- todas las posibilidades de lectura".El
poeta quiteño revela que le fascinan los seres de ficción,
"esos que van camino al desbarrancadero, al acabose, pero
algo, alguien les detiene y no se derrumban, y no se desbarrancan
y así se mantienen, es bello ese equilibrio, ese nivel
de tensión".
- A tí ¿qué
te ha detenido?
- Sin duda los libros, más
los que leo que los que escribo. Sin duda, la música.
No sé por ejemplo qué haría si no tuviese
a Bach. ¿Sabes lo que dijo Cioran de Bach? Que Dios habría
sido un lamentable ciudadano de tercera categoría si no
hubiera nacido Johann Sebastián Bach. ¿Qué
haría yo sin el cine, sin las artes visuales? Eso me sostiene,
con lo demás puedo literalmente hacer un saco, atarlo,
botarlo a la quebrada y no pasa nada, no pasa nada.
* Fragmento tomado del comentario
de Donoso Pareja incluido en la tercera de forros de la obra
'El Viaje', de Fabián Guerrero Obando. Fondo Editorial
de la Cultura Ecuatoriana, 2003, con ilustraciones de Oswaldo
Viteri.
Sección: Cultura | Publicación: 26.03.2005
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