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El último lector- Un
libro de mensaje 'Forajido'
DR. OSWALDO PAZ Y MIÑO
J
cpaz2@andinanet.net
La semana pasada, nos despedimos anunciando que dejábamos
Grecia, para iniciar el retorno a casa por territorio ibérico.
Por las rutas del Quijote quien se encuentra cumpliendo cuatrocientos
años y al que, España y el mundo rinden homenaje,
en cada plaza, en cada estancia, en cada cuadra. Quedaron atrás
físicamente, Olimpia, Ciudad Sagrada y Atenas. La
Acrópolis y su icono fundamental, El Partenón,
erigido en honor de Atenea Partenos (la diosa siempre virgen).
Obra, fundamental del arte dórico construida por Pericles
entre los años 447 y 432 a C, quien escogió a Fidias
como maestro de obras al que se le se unió Ictino, el
arquitecto. Historia pura y dura de la humanidad,
recogida en cada monumento. La cultura a flor de tierra, que
se instala a flor de piel. In situ, sentimos el privilegio de
pisar territorio de dioses que son legado de toda la humanidad.
Dejamos tierra Helénica, encomendándonos a la Diosa
Atenea Partenos. Embarcamos nuestra esperanza, en las alas de
Niké y hemos vuelto por sobre el mismo Mar Mediterráneo,
a la Capital de Hispania. Madrid, que nos recibe acogedora.
Como en anteriores ocasiones. No podemos ocultarlo. Nuestro amor
por ella, no es platónico. Queremos desde nuestro
arribo recorrerla, sentirla, acariciarla. Vivirla, desde
su interior calido. Desde sus guiños coquetos. Desde su
sonrisa inmensa: Puerta del Sol y su capilla escondida de la
Virgen del Carmen, La Gran Vía, La identidad
de la Calle de la Montera, La Castellana inmensa, Recoletos,
Velásquez, Colon, La Calle de Alcalá y su Puerta,
Carlos III, presente, y La Diosa Cibeles infatigable. San
Jerónimo. La Plaza Mayor, señorial. La Plaza de
España, donde el tiempo se detuvo para el reposo
del Quijote y Sancho. El Palacio Real. La Virgen de la Almudena
que ahora flota visible. El Teatro Real. Madrid vibrante. Una
metrópoli en castellano, y en otras, muchas otras
lenguas, razas, colores, sabores y aromas. Y mujeres, todas,
las que ha parido el mundo. Todas. Madrid invadida de féminas
cada una, más bella que otra. Madrid, andenes y trenes
de cercanías. Atocha, la flor que teníamos pendiente.
La mano en el corazón, por las victimas del once M y sus
gentes. Madrid. Tierra de libros. Capital mundial de las librerías.
Tantos libros que se nos va la mente. La taquicardia del bibliófilo
se hace presente. Libros, en la Casa del Libro. Libros en el
Corte Ingles. Libros por doquier. Necesitamos días enteros
solo para mirar libros. Y el teatro, que espere. Y el cine que
espere. Y las tapas y la "caña". Han de esperar.
Habíamos prometido libros y no podíamos fallar.
Nos ha faltado de todo: tiempo, dinero y espacio en las alforjas
para traer lo que habríamos querido traer. Por lo que
había que elegir y elegimos. La "Vitrina de los libros"
escogió para esta Revista, desde española estantería,
varios, uno de ellos, el que compartimos este domingo, de Ricardo
Piglia, autor argentino, nacido en Buenos Aires, en 1940, su
más reciente ensayo: "El último lector".
No por casualidad apartamos, "El último lector".
Obra de ciento noventa paginas, de Editorial Anagrama.
La preferimos porque al final son los libros los que nos atrapan.
Y este, el de ahora, nunca fue descartado en el ejercicio de
preferencias que hicimos. Titulo seductor. Libro, que trata de
libros, de lectores, de lecturas y de saber leer. Un tomo que
se adentra, que se atreve y propone el tratamiento de las
formulas, de los enigmas y de los problemas existenciales
que surgen de las relaciones entre autores y lectores,
continentes y contenidos, de los libros. Libro envolvente, inductivo,
e influyente. Nos enviará a repasar a nuestros favoritos.
Establecerá en nosotros dudas y cuestionamientos. Descubrirá
el porque de nuestras debilidades por tal o cual autor o título,
y nos marcará a tinta, las huellas que autores y títulos
hayan dejado en nuestras mentes y espíritus.
Un ensayo formidable, en el que, el propio Ricardo Piglia
es el conejillo de indias. En la búsqueda de quien es
"El último lector". Lo hará, a
través de sus lecturas particulares, el creador,
nos revela mensajes que estaban encriptados de otros
lectores insignes: El Quijote; Borges, Joyce, Kafka, y el Che
Guevara.
"Hay una escena en la vida de Ernesto Guevara sobre
la que también Cortazar ha llamado la atención:
el pequeño grupo que desembarco del Granma ha sido sorprendido
y Guevara herido, pensando que muere, recuerda un relato que
ha leído. Escribe Guevara, en los Pasajes de la guerra
revolucionaria. "Inmediatamente me puse a pensar en la mejor
manera de morir en ese minuto en el que parecía todo perdido.
Recordé un viejo cuento de Jack London donde el protagonista
apoyado en el tronco de un árbol se dispone a acabar con
dignidad su vida, al saberse condenado a muerte, por congelación,
en las zonas heladas de Alaska. Es la única imagen que
recuerdo."
Piensa en el cuento de London, " To build a FIRE.(Hacer
un fuego) del libro Farther North, los cuentos del Yukon. En
ese cuento aparece el mundo de la aventura, el mundo de la exigencia
extrema, los detalles mínimos que producen la tragedia,
la soledad de la muerte. Y parece que Guevara hubiera recordado
una de las frases finales de London. "Cuando hubo recobrado
el aliento, el control, se sentó y recreó,
en su mente la concepción de afrontar la muerte con dignidad"
Guevara encuentra en el personaje de London el modelo de cómo
se debe morir. Se trata de un momento de gran condensación.
No estamos lejos de don Quijote, que busca en las ficciones que
ha leído el modelo de la vida que quiere vivir. De hecho
Guevara cita a Cervantes en la carta de despida a sus padres:
"Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante,
vuelvo al camino con mi adarga al brazo." No se trataría
aquí sólo del quijotismo en el sentido clásico,
el idealista que enfrenta lo real, sino del quijotismo como un
modo de ligar la lectura y la vida. La vida se completa con un
sentido que se toma de lo que se ha leído en una ficción."
Pág. 104.
De lecturas esta llena la vida. Y de saber leer en sus
páginas pocos sabemos cómo. Por ello, nos equivocamos
en las lecturas del amor y perdemos a los que nos aman. O, erramos
en leer mensajes de otros y somos intolerantes, duros, y ególatras.
Tal el caso de aquel que ahora, después de haber jurado
acabar con la corrupción o morir en el intento,
fuyó, tomo las de "Villadiego" y ha estanciado
en Brasil. Y es que su error primario estuvo en no saber leer.
No leyó entre líneas primero. No leyó los
titulares del pueblo, después. No leyó, porque
no sabía, y pretendió, ser el último lector
y se perdió en las páginas vergonzantes de la historia.
No entendió el sujeto, que el último lector siempre
es el pueblo. Otros leyentes, si captaron la literatura popular.
Otros, que no siendo políticos, recibieron apoyo incondicional
desde la base. Otros, que lideraron la revuelta desde los
espacios no contaminados, confirman, que leer con las masas y
honestamente es sano, Radio La Luna por ejemplo. Su jornada
ha quedado escrita en la historia. La sangre
hirviente de un "PUEBLO FORAJIDO", que es lo mismo
que altivo, digno, idealista, honesto y también cansado
de tanta mentira, hastiado de tanta demagogia y burla, puso a
un dictocrata fuera de combate. Forajido es nuestro pueblo, rebelde
con causa, e indómito. Dispuesto a cambiar
las reglas de juego más temprano que tarde. Que lo tengan
en cuenta quienes ahora gobiernan. Que no se olviden las lecciones.
Que a los pobres no se les agoten las esperanzas. El pueblo lee
bien sus propias dolencias y por ello siempre será el
último lector.
Dicho queda. Entre lectura y lectura pasamos la vida. Por ello,
con libros a cuestas, la carga es menos pesada. Sea usted un
"forajido lector". El país necesita hombres
con esas características. Los pueblos que leen son aquellos
que al final dirigen sus propios destinos. Nada más nutritivo
para un "forajido", que los libros.
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