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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Demoledor, iconoclasta y panfletario.

José María Vargas Vila, un referente que sigue vivo

Diego Campos Almeida
LA HORA

Al cumplirse (mañana) 72 años de la muerte del colombiano José María Vargas Vila o el 'Divino Iracundo', como se conoció a uno de los escritores más leídos y brillantes de su época, se hace necesario rememorarlo para caer en cuenta que sus aforismos y anatemas siguen vigentes en Ecuador y en toda América Latina.
De ideas liberales, Vargas Vila nace en Bogotá en 1860 dentro de una familia de ideas radicales. Muere el 23 de mayo de 1933. Desde muy joven sitió atracción por las luchas libertarias y el periodismo comprometido, cuestiones que lo llevaron a vivir en el exilio en varios países.
En 1885 muere el general radical colombiano Daniel Hernández de quien Vargas Vila era secretario y huye a los Llanos de Casanare. Allí escribió su obra 'Pinceladas sobre la última revolución de Colombia; siluetas bélicas'. Libro con el que nace su fama de demoledor, iconoclasta y panfletario.

POLÍTICO Y FILÓSOFO

"La Política, es tal vez la única pasión digna de la vejez; si no hubiera otra más vil aún: la del Poder", escribe en su obra "Antes del último sueño". En "Ibis", libro que le costó la excomulgación por parte del Vaticano, agrega: ¿La Política? Yo no la amo: la desprecio; ciencia corrompida y corruptora, prostíbulo infamante, mercado de almas, feria vil de las conciencias, arena del engaño, donde el cinismo es todo y el mérito es nada, madre de los audaces y de los nulos, maldita ciencia del manejo de los hombres". (cualquier parecido con nuestro Congreso Nacional es pura coincidencia).
En 'El Huerto Agnóstico', va más allá y escribe: "Cuando oigo hablar de Política Inmoral, me pregunto, por qué hombres de mucho talento y buen decir usan ese pleonasmo, que no tiene ni siquiera la Virtud de la Elegancia".
Es que Vargas Vila fue en esencia un filósofo rodeado de enigmas y misterios que sus opositores políticos se encargaban de propagar. Excéntrico, solitario y genial, de su pluma salieron grandes respuestas a sus opositores y detractores como aquella que imprime en 'Antes del último sueño': "¿Qué es lo que llaman mis extravagancias? ¿mi odio a lo vulgar y mi esplendidez en los refinamientos? dejadme así: no nos encontraremos nunca, porque la primera de mis excentricidades, es el odio ciego a todas las promiscuidades".

SU AMISTAD CON ALFARO

Luchador incansable, llevó a la libertad como su más grande arma de batalla. Para él, la justicia era a lo más alto y más puro que se podía aspirar. En "De sus Lises y de sus Rosas", escribe: "La Justicia es la cima solitaria, sobre la cual no se siente sino el estremecimiento de un vuelo: el de las alas de la Verdad".
Esta lucha por la verdad y la justicia lo llevó a entablar una entrañable amistad con 'El Viejo Luchador', Eloy Alfaro. De él dice las cosas más hermosas en la obra que escribió tras enterarse de su asesinato: 'La muerte del Cóndor'.
Allí Vargas Vila deja ver la admiración profunda que sentía por Alfaro. "Silencioso, doloroso, pensativo, como hundido en largos sueños, muy altos, muy grandes, muy remotos, tal apareció ante mis ojos el Heroe-Proscrito, último sobreviviente de un Olimpo muerto, del cual, sólo él vagaba por el mundo diseñando en el horizonte melancólico del Destierro, su silueta heroica, hecha para ser esculpida en el frontón de un siglo, por la mano del Tiempo Reparador, lejos de los ultrajes del Olvido".
Agrega: "Yo, no he visto un soñador más pertinaz, que aquel anciano proscrito, que parecía no darse cuenta de que andaba por sobre las cenizas de los muertos...".
En 'Ante los Bárbaros', libro que escribió en Nueva York y que inicia con la frase: "El Yanky he ahí el enemigo", dice del caudillo liberal: "Solo un gran soldado amó esa idea (la unidad latinoamericana), solo él, habría sido digno de realizarla, y, ese grande hombre, es hoy un muerto: Eloy Alfaro... Sólo él tenía entre sus manos, el fragmento de la espada rota de Bolívar".

ODIADO Y ADMIRADO

Vargas Vila trascendió en el tiempo. Muchos escritores lo admiran otros lo odian y sus libros son buscados por coleccionistas y radicales, inclusive José Luis Borges destaca como la más espléndida injuria que hasta entonces había conocido aquel memorable cañonazo de Vargas Vila contra el poeta peruano José Santos Chocano, célebre por su abyección ante todos los déspotas de cuyas mesas recogía las migajas: "Los dioses no consintieron que Santos Chocano deshonrara el patíbulo muriendo en él. Ahí está vivo después de haber fatigado la infamia".
Rubén Darío no tiene desperdicio: "Era José María Vargas Vila un joven colombiano, de gran talento, al cual obligaron a salir de su país las cosas de la política. Pertenecía al Partido Liberal. Liberal colombiano, vale decir rojo al blanco. Sabido es cómo en aquel bello país hierven los hombres al fuego de los partidos. Si son conservadores se acorazan de tradición, viven del pasado, no transigen. Si son liberales, van hasta aquella platónica constitución de Rionegro (sic) que hizo escribir a Víctor Hugo una de sus sonoras cartas internacionales: un saludo a los ciudadanos del país de la Utopía Suben al poder los liberales, los conservadores de valía parten; ascienden los conservadores, los liberales de la valía huyen. ¿La revolución es inminente siempre? Así parece".
"A este hombre, Vargas Vila, flor medrosa de la lejana Colombia, no le faltó más que una cosa para sentarse a la diestra de nuestro padre Hugo: haber nacido en Francia", dijo de él Anatole France
Gabriel García Márquez, en su libro 'Noticia de un secuestro', dice en alusión a uno de los personajes "El fue quizás el único colombiano de su generación que oyó hablar de José María Vargas Vila, el escritor colombiano más popular en el mundo a principios del siglo, y se apasionó con sus libros hasta las lágrimas".

 
 
 
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