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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

'Primavera' y 'Diana', bellas por siempre

Los eternos murales de Roma (II)

Andrea Moreno Aguilar

Ni la poesía ni la filosofía eternizaron a Roma -como si lo hicieron con Grecia-, pero su obsesión por trascender en el tiempo se reflejó en la arquitectura y la plástica, disciplinas que cantaron a la relación poética entre los seres humanos con sus deidades.

UN HIMNO A LA EXISTENCIA

La mitología romana narra bellamente como para evitar la destrucción de la raza humana, Zeus interviene y permite que Perséfone suba a los campos a pasar con su madre dos estaciones al año. De esta forma, cada vez que Deméter pasa tiempo con su hija, las cosechas son fértiles, las frutas y flores nacen y los hombres vuelven a vivir en regocijo y abundancia (Baker, Rosengerb, pp. 71-81).
Este mito reafirma el concepto de vida, muerte y renacimiento; simboliza los ciclos de la agricultura año tras año. Deméter era conocida como la 'Madre de la Riqueza', así como Hades o Plouton, que en griego también significa riqueza (Baker, Rosengerb, p. 72). Ambos dioses eran necesarios para la abundancia de los frutos, quienes permiten su nacimiento de la tierra y su madurez para la época de cosecha.
Así, Perséfone se convierte en el lazo entre los dos mundos, el de la vida en la tierra y el de la muerte y regeneración, siempre presente en un continuo ciclo de fertilidad. Lo que sucede entre los dioses se ratifica en el mundo de los hombres.

SIMBOLISMO

Precisamente, este simbolismo está presente en la vida de los romanos, hombres y mujeres. El pueblo romano nunca relegó su preferencia a la vida en el campo, herencia de latinos y sabinos, siempre fue un pueblo campesino, muy apegado a la tierra.
Los padres enseñaban a sus hijos cómo renacía la tierra cada año: "cuando el cielo mandaba agua y el sol en justas dosis sobre la gleba; solamente cuando los dioses lo querían; que los dioses sólo lo querían cuando los hombres habían cumplido sus deberes para con ellos..." (Montanelli, p.36).
Asimismo, no sólo sus grandes gustos por la comida exótica y frutos frescos comprados diariamente provenientes de distintas regiones del Imperio, enfatizan esta relación con los productos de la tierra; también se evidencia en las magníficas naturalezas muertas pintadas en los interiores de casas en la Campania y otras regiones.
Además, existen obras literarias que hacen referencia a la vida en el campo. Así, las Églogas o Bucólicas de Virgilio, donde están presentes pasajes idílicos, referencias mitológicas, competiciones poéticas entre pastores, etc. Inclusive, el famoso abogado Marco Porcio Catón, "campesino plebeyo de los alrededores de Rieti" (Montanelli, p159.), era un devoto de la vida agrícola, tanto así que escribió un manual para el trabajo en quintas y granjas (Dalby, Grangier, p. 15).

PERSÉFONE Y DIANA

La pintura de Flora, como la diosa Perséfone, puede simbolizar el acontecimiento mitológico del renacimiento de la tierra y su valor para los pueblos del Imperio, así como puede representar a una noble romana, quien al igual que muchos de sus semejantes, estima la vida en el campo. Sin embargo, esta pintura también toca el tema de las virtudes de las mujeres romanas, quienes no sólo debían reflejar coraje y castidad, sino también piedad y ternura, contraparte de la belicosidad romana (Cross).
Diana púdica al igual que Primavera grácil, según sus mitos, se remiten a la vida del campo; sin embargo, también se les puede asociar la idea de castidad. Como se anotó, Perséfone era pariente y compañera de juegos infantiles de las castas Diana y Minerva. Las tres diosas abiertamente se burlaban del amor y de aquellos que intentaban acercárseles.
Diana ha sido representada en la pintura mural como una joven de piel blanca, grandes ojos, fina nariz y pelo castaño, sobre un fondo de color azul. Levemente gira su torso y mantiene el pie derecho levantado en un delicado contraposto. Sus manos, ataviadas con pulseras de oro, sostienen recatadamente un arco y una flecha. Al igual que a Primavera, el artista ha trabajado los mantos de la diosa sugiriendo finas telas, así como un sutil movimiento de un manto cerca de su hombro.
A diferencia de Primavera, Diana se ha detenido para arreglar sus instrumentos y está a punto de continuar su marcha. De la misma forma, no existe sugerencia de espacialidad por superposición de elementos, tan sólo se sugiere el volumen de la figura por medio de los pliegues y variaciones tonales en los ropajes.
Difícilmente se puede colocar a la joven en un lugar real, como lo es el caso de Flora en un campo. Por tal razón, su representación es principalmente la de una diosa altiva, aunque mantiene cierta calidez humana por la leve inclinación de su rostro y concentración en su quehacer.

ARCO Y FLECHA

La flecha y arco, según la mitología, son un regalo de Zeus, padre de Diana. El relato refiere que Diana pidió a su padre que le obsequiase un arco y flechas de oro elaboradas por Brontes, Cíclope ayudante de Hefesto. A más de este regalo, Diana le pide vivir en el campo y montañas, pues no le interesa la vida en las ciudades.
Diana o Artemisa guarda su castidad protegiéndose con sus armas y siempre demanda sacrificios humanos para aquellos que violan sus sagrados templos (Baker, Rosenberg, p.62).
Probablemente, el mito de Diana refleja un carácter más áspero que el de Primavera; sin embargo, propone la valorización de la tierra, sus frutos y animales, al tener una diosa que lo protege y resguarda.

 
 
 
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