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'Primavera' y 'Diana', bellas
por siempre
Los eternos murales de Roma
(II)
Andrea Moreno Aguilar
Ni la poesía ni la filosofía
eternizaron a Roma -como si lo hicieron con Grecia-, pero su
obsesión por trascender en el tiempo se reflejó
en la arquitectura y la plástica, disciplinas que cantaron
a la relación poética entre los seres humanos con
sus deidades.
UN HIMNO A LA EXISTENCIA
La mitología romana
narra bellamente como para evitar la destrucción de la
raza humana, Zeus interviene y permite que Perséfone suba
a los campos a pasar con su madre dos estaciones al año.
De esta forma, cada vez que Deméter pasa tiempo con su
hija, las cosechas son fértiles, las frutas y flores nacen
y los hombres vuelven a vivir en regocijo y abundancia (Baker,
Rosengerb, pp. 71-81).
Este mito reafirma el concepto de vida, muerte y renacimiento;
simboliza los ciclos de la agricultura año tras año.
Deméter era conocida como la 'Madre de la Riqueza', así
como Hades o Plouton, que en griego también significa
riqueza (Baker, Rosengerb, p. 72). Ambos dioses eran necesarios
para la abundancia de los frutos, quienes permiten su nacimiento
de la tierra y su madurez para la época de cosecha.
Así, Perséfone se convierte en el lazo entre los
dos mundos, el de la vida en la tierra y el de la muerte y regeneración,
siempre presente en un continuo ciclo de fertilidad. Lo que sucede
entre los dioses se ratifica en el mundo de los hombres.
SIMBOLISMO
Precisamente, este simbolismo
está presente en la vida de los romanos, hombres y mujeres.
El pueblo romano nunca relegó su preferencia a la vida
en el campo, herencia de latinos y sabinos, siempre fue un pueblo
campesino, muy apegado a la tierra.
Los padres enseñaban a sus hijos cómo renacía
la tierra cada año: "cuando el cielo mandaba agua
y el sol en justas dosis sobre la gleba; solamente cuando los
dioses lo querían; que los dioses sólo lo querían
cuando los hombres habían cumplido sus deberes para con
ellos..." (Montanelli, p.36).
Asimismo, no sólo sus grandes gustos por la comida exótica
y frutos frescos comprados diariamente provenientes de distintas
regiones del Imperio, enfatizan esta relación con los
productos de la tierra; también se evidencia en las magníficas
naturalezas muertas pintadas en los interiores de casas en la
Campania y otras regiones.
Además, existen obras literarias que hacen referencia
a la vida en el campo. Así, las Églogas o Bucólicas
de Virgilio, donde están presentes pasajes idílicos,
referencias mitológicas, competiciones poéticas
entre pastores, etc. Inclusive, el famoso abogado Marco Porcio
Catón, "campesino plebeyo de los alrededores de Rieti"
(Montanelli, p159.), era un devoto de la vida agrícola,
tanto así que escribió un manual para el trabajo
en quintas y granjas (Dalby, Grangier, p. 15).
PERSÉFONE Y DIANA
La pintura de Flora, como la
diosa Perséfone, puede simbolizar el acontecimiento mitológico
del renacimiento de la tierra y su valor para los pueblos del
Imperio, así como puede representar a una noble romana,
quien al igual que muchos de sus semejantes, estima la vida en
el campo. Sin embargo, esta pintura también toca el tema
de las virtudes de las mujeres romanas, quienes no sólo
debían reflejar coraje y castidad, sino también
piedad y ternura, contraparte de la belicosidad romana (Cross).
Diana púdica al igual que Primavera grácil, según
sus mitos, se remiten a la vida del campo; sin embargo, también
se les puede asociar la idea de castidad. Como se anotó,
Perséfone era pariente y compañera de juegos infantiles
de las castas Diana y Minerva. Las tres diosas abiertamente se
burlaban del amor y de aquellos que intentaban acercárseles.
Diana ha sido representada en la pintura mural como una joven
de piel blanca, grandes ojos, fina nariz y pelo castaño,
sobre un fondo de color azul. Levemente gira su torso y mantiene
el pie derecho levantado en un delicado contraposto. Sus manos,
ataviadas con pulseras de oro, sostienen recatadamente un arco
y una flecha. Al igual que a Primavera, el artista ha trabajado
los mantos de la diosa sugiriendo finas telas, así como
un sutil movimiento de un manto cerca de su hombro.
A diferencia de Primavera, Diana se ha detenido para arreglar
sus instrumentos y está a punto de continuar su marcha.
De la misma forma, no existe sugerencia de espacialidad por superposición
de elementos, tan sólo se sugiere el volumen de la figura
por medio de los pliegues y variaciones tonales en los ropajes.
Difícilmente se puede colocar a la joven en un lugar real,
como lo es el caso de Flora en un campo. Por tal razón,
su representación es principalmente la de una diosa altiva,
aunque mantiene cierta calidez humana por la leve inclinación
de su rostro y concentración en su quehacer.
ARCO Y FLECHA
La flecha y arco, según
la mitología, son un regalo de Zeus, padre de Diana. El
relato refiere que Diana pidió a su padre que le obsequiase
un arco y flechas de oro elaboradas por Brontes, Cíclope
ayudante de Hefesto. A más de este regalo, Diana le pide
vivir en el campo y montañas, pues no le interesa la vida
en las ciudades.
Diana o Artemisa guarda su castidad protegiéndose con
sus armas y siempre demanda sacrificios humanos para aquellos
que violan sus sagrados templos (Baker, Rosenberg, p.62).
Probablemente, el mito de Diana refleja un carácter más
áspero que el de Primavera; sin embargo, propone la valorización
de la tierra, sus frutos y animales, al tener una diosa que lo
protege y resguarda.
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